Fermin Muguruza: “Seguir en pie no significa salir ileso”

El artista irunés regresa al Velódromo de Zinemaldia con ‘Muguruza FM 40 Tour’, el documental que protagoniza y codirige junto a Ander Merino Etxebeste.

Ha celebrado sus 40 años de trayectoria al frente de bandas esenciales como Kortatu y Negu Gorriak, hasta consolidar su actual carrera en solitario, con una gira a gran escala y una película documental. Con la misma energía, pasión e inquietud artística que hace cuatro décadas, un tiempo en el que ha mantenido intacta su resistencia, coherencia y dignidad, Fermin Muguruza regresa a la mayor sala de cine del Festival de San Sebastián, el Velódromo. Lo hace con Muguruza FM 40 Tour, un trabajo audiovisual dirigido codo con codo junto a Ander Merino Etxebeste, concebido «para todo el que tenga curiosidad por la música, la memoria y las historias que nos atraviesan».

«No hace falta ser amante de mi trabajo para disfrutar de este viaje colectivo con el que festejo mi 40 cumpleaños profesional», subraya este artista multimedia, invitando a melómanos, mitómanos y amantes del cine documental a descubrir qué hay tras cuatro décadas de compromiso.

Más allá del personaje público

Reconozco que desconocía la magnitud mundial de su figura. Es llamativo el numerosísimo y devoto séquito de seguidores que arrastra en Latinoamérica. Una dimensión internacional que no siempre ha interesado mostrar en los grandes circuitos comerciales, manteniéndole al margen del relato mainstream: «No me verás en ningún programa de Évole, por ejemplo», desliza con franqueza. Más allá de la superficie pública, el gran acierto de este nuevo proyecto reside en bucear en los recovecos de la emoción, la reflexión y la vulnerabilidad.

¿Qué precio ha pagado por estos 40 años de resistencia, compromiso, dignidad y coherencia?

El de padecer el “síndrome del superviviente”; pérdidas, desgaste, heridas y la necesidad de seguir adelante manteniéndome fiel a la independencia, la entrega, la vida.

De todos los conciertos de esta gira, ¿con cuál se queda?

Todos fueron únicos, elegir uno es imposible, pero si me permite siete pecados capitales, serían el primero de Bilbao, el del Palau Sant Jordi en Barcelona, el Movistar Arena en Madrid, el de La Cigale en París, el estadio de fútbol de Anoeta en Donostia, mi séptima participación en el Fuji Rock de Japón, y la revancha mexicana en el Monumento a la Revolución tras haberse cancelado el anterior concierto en Ciudad de México por la intervención del Ejército y Guardia Nacional.

Esa conexión con Latinoamérica se remonta a 1992…

Sí, se ha construido a lo largo de más de tres décadas de conciertos, producciones musicales, colaboraciones con bandas y presentaciones de mis películas. Ese recorrido ha creado una comunidad de seguidores que entiende y acompaña mi trayectoria más allá de la música.

Mirada compartida y complicidad generacional

Al ser dos directores, ¿cómo se han repartido las tareas? ¿Se ha quedado mucho material en la sala de montaje?

Ander Merino Etxebeste es un miembro de Merina Gris, una banda que forma parte de una nueva generación de músicos que crean en euskera y que, durante esta gira, abrió los conciertos de París y Rivas-Vaciamadrid. Compartir aquellos escenarios hizo que la cámara no partiera de la distancia, sino de una complicidad nacida de la música, de la carretera y de una misma manera de entender la creación.

Vivimos dos años de gira juntos para compartir el material, y después nueve meses de montaje para discutirlo, ordenarlo y darle forma. Aunque nos encantaría un formato como el de Esa ambición desmedida, ninguna plataforma se arriesga con nuestra propuesta; en 100 minutos contamos la historia y muchísimo material se queda fuera.

Se le ve muy cómodo delante de la cámara.

Gracias, pero sufro lo mío, aunque mi hábitat natural sea el escenario. La película se hizo desde la confianza, y eso probablemente ayudó.

Su admiración por la gente joven es evidente…

De la misma manera que cuento de manera figurada cómo el hacha que necesito para hacer un concierto es una herramienta que tomo en herencia, que no existe la generación espontánea, tuve como maestro al gran tótem de la música vasca, Mikel Laboa, quien siempre estuvo interesado en nosotros y las generaciones más jóvenes. Tengo muy presente el relato de Eduardo Galeano en el que el maestro anciano que se retira entrega su mejor vasija al joven aprendiz, quien, en lugar de guardarla como adorno, la rompe contra el suelo para incorporar esos pedazos a su propia arcilla.

Cine, memoria y el pulso del presente

¿Qué le gustaría provocar con esta película?

Siempre me han acompañado esas películas de viaje que convierten el camino en una forma de pensar el mundo. Las de Agnès Varda, donde cada encuentro modifica la mirada, o las de Wim Wenders, donde el paisaje acaba retratando a quienes lo atraviesan. Me gustaría que funcionara como un viaje: que el espectador entre pensando que va a ver una película sobre una gira y salga habiendo recorrido cuarenta años de música, de memoria y de vida.

¿Qué función ha de tener la música en el cine?

No debería limitarse a acompañar las imágenes, debería dialogar con ellas, contradecirlas incluso, y abrir espacios que la imagen por sí sola no puede alcanzar. Esto lo aprendí de Jesús Garay cuando hice la banda sonora de Mirant al cel. En Muguruza FM 40 Tour, la música no es una banda sonora, es la materia de la que está hecha la historia.

Menos cálculo y más intuición

Lleva ya dos décadas transitando el mundo audiovisual, un terreno que comenzó a explorar produciendo y dirigiendo un documental musical en Jamaica. A corto plazo, insiste en que no tiene que elegir: «Son dos lenguajes que se necesitan y que se enriquecen mutuamente».

  • La industria actual: «Seguir en pie no significa salir ileso. Hoy, más que nunca, seguir haciendo lo que te gusta exige cierta capacidad de resistencia, adaptarte sin perder el rumbo y aceptar que las reglas del juego cambian constantemente».

  • La nostalgia del inicio: «Echo de menos la espontaneidad, aquella manera de hacer las cosas sin saber muy bien adónde te iban a llevar, de dar el salto al vacío y asumir el riesgo. Había menos cálculo y más intuición».

  • El regreso al Velódromo: «Esta es ya mi séptima vez en el Festival; como Keyser Söze, soy un sospechoso habitual confeso. Volver al Velódromo tiene una carga emocional especial: allí estrenamos ‘Black is Beltza II: Ainhoa’ hace cuatro años, y Negu Gorriak celebró la victoria de la palabra en 2001. El complejo deportivo conserva la memoria de lo que hemos vivido juntos y nos recuerda que todavía quedan historias por contar».

  • Sobre el legado del rock vasco: «Es una historia demasiado grande y emocionante como para depender de unos pocos nombres, por muy importantes que parezcan. Nosotros aportamos nuestra parte, pero la historia la construyeron y siguen construyendo muchas generaciones, bandas y músicos».

Juan Vale Carrasco

Director de «El Consistorio»

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