AL HABLA CON …Ovi Barceló Hernández

¿Cómo se gestiona la llegada de la Inteligencia Artificial a las aulas de toda Europa? La respuesta la tiene Ovi Barceló. Tras quince años de experiencia docente, este experto valenciano coordinó durante ocho años la implementación de Soluciones Educativas en Microsoft para la región de Europa Occidental y actualmente forma parte de la recién creada Microsoft Elevate.

Conocido como «El maestro que guía la Inteligencia Artificial en Europa»  Ovi se dedica, entre otras cosas, a traducir el potencial de la IA generativa en herramientas útiles para docentes y alumnos. Defensor acérrimo de la curiosidad como motor del aprendizaje, Ovi es una de las voces más autorizadas para hablar sobre la democratización de la IA en las aulas y la importancia de que los estudiantes desarrollen un pensamiento crítico frente a la tecnología.

En esta entrevista, analizamos con él cómo la educación está mutando de «consumir información a «crear soluciones» y por qué, a pesar de los algoritmos, el factor humano sigue siendo el eje insustituible del sistema educativo.

PREGUNTA. Los que te conocemos bien sabemos que siempre mencionas que ante todo eres maestro, pero ahora estás trabajando para Microsoft, una de las empresas multinacionales tecnológicas más importantes del mundo. Tras 15 años en las aulas como maestro de Primaria y Educación Física, ¿Cuál fue el detonante que te hizo dar el salto y pasar del aula a trabajar para Microsoft?

RESPUESTA. Mi camino comenzó como coordinador TIC (Tecnologías de la Comunicación y la Educación) en Grupo Sorolla Educación, en una etapa —allá por 2008— donde las pizarras digitales y los primeros dispositivos empezaban a transformar la enseñanza. En ese contexto de innovación y bajo una filosofía de compartir conocimiento, decidimos contactar con los gigantes del sector: Google, Apple y Microsoft.

Elegimos Microsoft porque su propuesta era la que mejor se alineaba con nuestro proyecto educativo. A partir de ahí, mi rol evolucionó de forma natural: me convertí en el puente entre el software en desarrollo y su aplicación práctica en clase. Llegó un punto en el que mi labor formando a otros docentes y creando contenido pedagógico requería toda mi dedicación.

Di el salto al mundo corporativo con una condición que mantengo hasta hoy: mi ADN es 100% educación. No entiendo la tecnología si no es para mejorar el aprendizaje; para mí, el trabajo y la educación son una misma misión.

P. ¿Podrías explicarnos cómo ha sido tu trayectoria desde los inicios en Microsoft hasta el día de hoy y cuáles son tus funciones actualmente?

R. Empecé mi camino en Microsoft precisamente por mi vocación docente, liderando la comunidad educativa en España, lo que me permitió entender el sector desde dentro. La cultura de la compañía siempre te empuja a evolucionar, y esa mentalidad de aprendizaje continuo me llevó, tras un par de años, a dar el salto a nivel Regional como responsable de Soluciones Educativas en Western Europe durante siete años. Hoy, desde mi puesto en Microsoft Elevate —una organización que nació hace apenas un año enfocada en las asociaciones sin ánimo de lucro y la educación—, tengo el privilegio de liderar en España, Suecia y Noruega la estrategia de la IA y puesto de trabajo para el ámbito preuniversitario. Mi labor diaria consiste en acompañar a colegios, consejerías y administraciones educativas para integrar nuestras soluciones tecnológicas, asegurándonos de que la Inteligencia Artificial y herramientas como Copilot se implementen de una forma no solo innovadora, sino también segura y responsable.

P. Has liderado soluciones para 10 países desde Finlandia hasta Portugal. ¿ves una Europa de dos velocidades en la adopción de la IA, o el lenguaje del código está unificando el continente?

R. Es innegable que Europa se mueve a ritmos distintos, principalmente por dos factores: el nivel de inversión y la madurez digital de la sociedad. Países como los nórdicos o los Países Bajos llevan años con una digitalización muy integrada en su sociedad, lo que permite que la escuela se adapte a una velocidad mucho mayor que en España, Portugal o Italia.

Sin embargo, la irrupción de la IA generativa ha cambiado las reglas del juego. A diferencia de tecnologías anteriores, su barrera de entrada es bajísima: es tan sencilla de usar que ha democratizado el acceso, equilibrando los niveles de uso en todo el continente.

Estamos viviendo un momento de convergencia cuantitativa: hoy casi todos usamos la IA. Cuestión aparte es la calidad de esa implementación en el aula; todavía es pronto para juzgar si ese uso se está traduciendo en una mejora pedagógica real, pero el código, por primera vez, está hablando un idioma común en toda Europa.

 

P. Podríamos definir a Copilot Chat (Sistema de Inteligencia Artificial generativa desarrollado por Microsoft) no solo como un producto, sino como un «concepto» de asistente. ¿Cómo cambia el rol del profesor cuando este deja de ser la única fuente de conocimiento?

R. Tradicionalmente obtener una respuesta era “caro”. Pensemos en las enciclopedias: solo quienes tenían recursos y espacio podían acceder fácilmente al conocimiento. Durante siglos, el profesor era la fuente principal porque la información era un bien escaso.

Hoy, sin embargo, la respuesta es lo más barato del mundo. Si internet ya redujo su coste, la IA lo ha llevado a cero. Por eso, el valor del docente ya no reside en entregar el resultado final, sino en enseñar el razonamiento necesario para llegar a él.

Lo que ahora es realmente “caro”, y valioso, es el razonamiento para  llegar a la respuesta. El profesor ha pasado de ser un transmisor de respuestas a ser el que guía el proceso de aprendizaje.

P. A menudo se confunde “digitalizar” con “innovar”. Para obtener mejores resultados de aprendizaje, ¿hacia dónde debe virar la formación docente: hacia el dominio técnico de la herramienta o hacia una nueva forma de entender la pedagogía asistida?

R. Existe un ruido constante en torno a las pantallas, pero quienes llevamos años en esto tenemos un mensaje claro: digitalizar no es innovar. Llenar un aula de dispositivos sin una estrategia detrás es simplemente una inversión económica que genera un brillo momentáneo, pero no un valor educativo real.

La tecnología, por sí sola, es solo un vehículo. Para que una herramienta persista en el tiempo y tenga impacto, debe estar medida, consensuada y evaluada. He conocido a docentes extraordinariamente innovadores que no utilizan tecnología, y a otros con lo último en dispositivos cuyas clases siguen ancladas en modelos tradicionales.

No se trata de ser “anti pantallas”. El debate no debe centrarse en la herramienta, sino en el propósito pedagógico: la innovación no nace de lo que hay sobre el pupitre, sino de lo que ocurre en la mente del alumno gracias a cómo el profesor utiliza esos recursos.

 

P. ¿Cómo crees que debería ser la educación del futuro?

R. Es una pregunta compleja que requiere una reflexión muy personal. En mi opinión la IA generativa, a pesar de su impacto, no ha cambiado el paradigma fundamental de la digitalización escolar.

Para mí, la verdadera tecnología educativa es aquella que nos permite hacer cosas que, sin ella, serían sencillamente imposibles. Por tanto, la educación del futuro no depende de un dispositivo o una tecnología específica —cuya evolución es hoy imposible de predecir— sino de nuestra capacidad para entender e integrar las herramientas que existan en cada momento.

Por lo tanto, la educación del futuro será aquella que entienda la tecnología, donde quiera que esté y actualmente imposible de predecir, y haga con esa tecnología cosas que sin ellas sería imposible realizar.

P. Muchos docentes temen que la IA los sustituya. Como alguien que conoce ambos mundos, ¿qué le dirías a los docentes para tranquilizarlo?

R. Mira, quiero ser muy claro: la IA no va a sustituir nunca a los docentes. Al final es solo una inteligencia artificial, y lo artificial no puede reemplazar la esencia humana de la enseñanza. Lo que sí va a pasar es que el docente que utilice mejor la IA va a sustituir al que no lo hace. A diferencia de cuando pasamos del mundo analógico al digital, donde la barrera técnica era altísima, hoy esa barrera casi no existe: solo hay que abrir un chat y ponerse a escribir o incluso a hablar. Por eso, mi consejo es que no le tengan miedo a la tecnología, sino a quedarse atrás en conocimiento frente a alguien que sí sepa aprovecharla. Quien mejor la domine no solo estará más seguro en su trabajo, sino que tendrá un abanico de posibilidades mucho más grande.

 

P. ¿Cómo de segura es la IA?

R. Para hablar de seguridad, primero debemos entender cómo funciona la IA generativa. Por un lado, tiene un entrenamiento previo masivo y, en muchos casos, en arquitecturas como RAG, que no “hacen que el modelo aprenda”, sino que le permiten consultar información externa para responder con más contexto. Es precisamente ahí donde reside el riesgo: si utilizamos cuentas personales en cualquiera de los asistentes de IA en el mercado para gestionar datos de alumnos o del centro, la IA se puede llegar a nutrir de esa información para seguir aprendiendo y los datos dejan de ser privados.

La clave no es la herramienta, sino la identidad digital que usamos. Si utilizas una cuenta de consumo (que usamos todos los días para nuestros asuntos personales), tus datos podrían estar expuestos. En cambio, si trabajas dentro de un ecosistema corporativo como Microsoft 365, la privacidad está garantizada: los datos no salen del entorno, el modelo no aprende de tus prompts y la información se mantiene blindada. En definitiva, la IA es tan peligrosa como cualquier otra tecnología cuando no cuidamos nuestra identidad; el secreto de la seguridad está en separar el uso personal del profesional.

P. Actualmente vivimos un pleno auge con los distintos modelos de la IA y una de las preguntas que nos hacemos muchos es…¿estos sistemas razonan de verdad o simplemente combinan patrones aprendidos durante su entrenamiento?

R. Depende de qué llamemos “razonar”. Estos sistemas no razonan como una persona: no tienen conciencia, intención, ni comprensión del mundo. Lo que hacen, en esencia, es modelar probabilidades a partir de patrones aprendidos y generar la respuesta más plausible dado un contexto.

Ahora bien, esa predicción puede producir comportamientos que parecen razonamientos: seguir pasos lógicos, encadenar inferencias o planificar, porque han aprendido procedimientos que imitan esos procesos. Pero no es “pensamiento” en el sentido humano; es cálculo estadístico sobre representaciones internas.

Si yo le pido a la IA que pinte la Catedral de Valencia al estilo de Van Gogh, el sistema no «piensa» en la Catedral de Valencia ni en Van Gogh; aplica transformaciones aprendidas para producir una imagen consistente con el prompt. El resultado puede parecer creativo o intencional, pero por debajo es un proceso matemático que optimiza coherencia con lo que ha aprendido.

P. Si hoy pudieras crear una herramienta educativa basada en IA que aún no existiese, ¿qué problema específico intentarías resolver?

R. Si tuviera que diseñar la herramienta definitiva, me centraría en solucionar un problema endémico de casi todos los sistemas educativos de los países con los que he trabajado: la falta de calidad y conexión del dato.

Hoy en día, algunos colegios son islas de información. Tienen muchísimos datos, pero están fragmentados: por un lado va la comunicación con los padres, por otro las calificaciones, y en carpetas separadas los informes psicopedagógicos o el registro de comportamiento. Son bases de datos inconexas que no se hablan entre sí.

Mi herramienta ideal sería un sistema de IA capaz de unificar todas esas fuentes de manera segura. Imaginad la potencia de que un docente pueda preguntarle al sistema: «¿Cómo va este alumno realmente?», y que la IA sea capaz de cruzar en un instante sus notas con su situación emocional, su relación familiar y su evolución psicopedagógica, entre otras. No se trata solo de acumular información, sino de darle sentido para que el profesor tenga una visión 360° del estudiante y pueda intervenir de forma mucho más humana y precisa.

 

P. ¿Cómo se compagina una profesión tan exigente con la vida personal y familiar?

R. Te soy totalmente sincero: esto nació de un pacto familiar profundo. Desde el primer día tuve claro que embarcarme en un reto de esta magnitud en Microsoft habría sido inviable sin sentarme con mi mujer y decidir, de mutuo acuerdo, que este proyecto no era solo mío, sino una apuesta y un viaje de ambos. Es una decisión conjunta que, por supuesto, implica sacrificios diarios, y te confieso que la solidez de mi carrera hoy se la debo por completo a su apoyo incondicional y a esa colaboración constante en casa. De verdad que este proyecto sería imposible sin el apoyo y la colaboración de mi mujer y yo hago todo lo posible para que el trabajo influya lo menos posible en mi vida familiar.

P. Para terminar… ¿Algo más que quieres añadir y que se haya quedado en el tintero?

R. Si hay algo que me obsesiona especialmente es la identidad digital y la seguridad que la rodea. Un tema que hoy cobra más relevancia que nunca debido a la irrupción de la IA. Para mí, el debate ya no debería centrarse en qué herramienta es más vistosa o qué aplicación tiene la función más novedosa, sino en algo mucho más básico y crítico: en qué plataforma confío realmente.

A veces me preocupa ver a ciertos influencers recomendando constantemente una lista interminable de aplicaciones para crear imágenes o gestionar evaluaciones; el peligro de seguir esa inercia es que terminamos lanzando nuestra identidad, la de nuestros alumnos y los datos sensibles del colegio como si fueran una pelota de ping-pong, saltando de plataforma en plataforma sin saber realmente qué uso hacen de nuestra información.

Mi consejo es rebajar un poco esa ansiedad por encontrar la «herramienta perfecta» y priorizar la seguridad. Es por ello por lo que elegí trabajar y confiar en Microsoft, porque más allá de la tecnología, confío plenamente en su ética y en su manera de proteger lo que más importa.

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Juan Carlos Esteve Sala

Colaborador de «El Consistorio»

Profesor de Educación Primaria en la Especialidad de Educación Física en el Colegio Inmaculada-Jesuitas de Alicante.
Socio de la Real Liga Naval Española.
Vicepresidente del Club de Leones Alicante Costa Blanca.

Tags: El Atril de Juan Carlos Esteve Sala

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