Los ventajistas de frágil y selectiva memoria, los matones de atrofiados redaños, los listos de limitados saberes, los insufribles egoístas, los inaguantables soberbios, las plañideras de llantos a sueldo y lágrimas de cocodrilo, los arrogantes pobres diablos.
Los aprovechados, los insolidarios, los maltratadores, los santurrones, los hipócritas, los chulos, los impertinentes, los falsos predicadores, embaucadores, sádicos, incívicos…
A toda esta insufrible rémora fruto de una mutación del género humano nacida de la degeneración de la especie, consecuencia de atrofiados intelectos.
A estas bacterias que nos han invadido aprovechando que estábamos bajos en defensas y somos compatibles con ciertos comportamientos.
A este azote que habita entre nosotros y se confunde entre la gente, siendo los encargados de amargarnos la vida y dinamitar la pacífica convivencia a la menor ocasión.
A esta gente que ha nacido con el único afán de molestar, de fastidiar, de fustigarnos sin ningún motivo, incapaces de vivir su vida porque su vida les aburre.
A todos ellos les pediría muy encarecidamente, que, siendo reconocidos como rémoras sociales fruto de nuestros errores, permitan a los ciudadanos corrientes vivir sin la angustia de tener que soportarles a cada instante, sufrirlos cada día y aguantarles a todas horas.
Todos los que habitualmente nos relacionamos y nos mostramos tal cual somos, con nuestros acuerdos, discrepancias, sintonías, siendo de igual o distinta ideología, raza, religión, estado o condición, deberíamos mostrarles nuestra indiferencia, a ver si dejándolos a solas con ellos mismos firman su voluntario exterminio.
El problema radica en que esta gente es inexpugnable, inextinguible, indestructible, porque esta gente campa por sus respetos gracias a su mimetismo, a su facilidad de mostrar su enorme habilidad para el camuflaje dentro de una sociedad a la que odian.
El problema se presenta cuando en un ejercicio de íntima reflexión descubrimos que el género humano tiende a producir el mal por una reacción de nuestros más primitivos comportamientos consecuencia de nuestro perverso instinto, siendo el antídoto a toda esta remora, la Educación, la Formación, la Cultura, la Ciencia, el Saber y el Raciocinio.

















