La emblemática sala eldense registró una gran entrada para disfrutar de uno de los títulos más aclamados del ballet clásico, en una velada marcada por la elegancia y el talento técnico.
ELDA | Ayer, los muros del Teatro Castelar se transformaron en un escenario de ensueño. La representación de El Cascanueces, el inmortal ballet con música de Tchaikovsky, logró cautivar a un público entregado que llenó el patio de butacas para presenciar una de las obras más queridas del repertorio universal.
Desde el primer acto, la atmósfera se impregnó de la nostalgia y la fantasía propias de esta pieza. La producción destacó por una puesta en escena elegante y cuidada, donde la escenografía y el vestuario transportaron a los asistentes desde una cálida celebración familiar de Nochebuena hasta el Reino de los Dulces.

Talento y emoción sobre las tablas
El cuerpo de baile demostró un altísimo nivel técnico, ejecutando con precisión y delicadeza las complejas coreografías. Momentos cumbre como el «Vals de las Flores» o el virtuoso paso a dos de la Hada de Azúcar y su Caballero arrancaron los aplausos espontáneos de los espectadores, quienes valoraron la expresividad y el vigor de los intérpretes.
La función no solo fue una exhibición de destreza física, sino también una experiencia emocional profunda. La capacidad de los bailarines para narrar la transición de la infancia a la madurez a través del movimiento logró conectar con personas de todas las edades, reafirmando al Castelar como el gran epicentro cultural de la comarca.
Una noche inolvidable
Al cierre del telón, la ovación fue unánime. Los asistentes abandonaron el teatro con la sensación de haber vivido una noche mágica, destacando la calidad artística de la propuesta y la impecable acústica del recinto eldense.
Con esta representación, Elda vuelve a demostrar su compromiso con la alta cultura, consolidando su programación de danza como una cita ineludible para los amantes de las artes escénicas.















