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Esta nueva base dará servicio a los nuevos trenes de gran capacidad de Stadler, que exigen una adaptación de las infraestructuras de dicha línea
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La C-5 del núcleo de Cercanías de Madrid es actualmente uno de los servicios ferroviarios más utilizados de toda España, con una demanda que alcanza los 72 millones de viajes al año
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La transformación de la línea C-5 se apoya en un Plan de Actuación dotado con 1.350 millones de euros y 28 proyectos que tienen como fin optimizar y modernizar tanto la infraestructura como los trenes en servicio
Renfe da un nuevo paso en la renovación de su red de talleres con la licitación de una base de mantenimiento en Móstoles-El Soto, que contará con un presupuesto de 42,7 millones de euros y un plazo de ejecución de 18 meses. La futura base se integrará en el Plan Integral de Talleres y Mantenimiento 2025-2030, con el que la compañía está transformando sus instalaciones para adaptarlas a las nuevas necesidades del servicio ferroviario.
La nueva base tendrá un papel fundamental en la operativa de la línea C-5 de Cercanías Madrid, una de las más utilizadas de la red. La instalación está pensada para dar servicio a los nuevos trenes Stadler, de gran capacidad, que se irán incorporando progresivamente y que exigen infraestructuras adaptadas a sus características técnicas. Esta actuación se engloba dentro de la renovación y modernización total de la línea C-5.
Esta actuación se enmarca en el Plan Integral de Talleres y Mantenimiento 2025-2030, con el que Renfe está renovando sus instalaciones industriales en toda España con una inversión superior a los 1.000 millones de euros. Este programa incluye la construcción de nuevos talleres y la modernización de los existentes, con el objetivo de adaptar el sistema de mantenimiento ante la renovación integral de la flota de trenes destinada a Servicios Públicos (OSP) dentro del Plan de Cercanías de Madrid.
En paralelo, la compañía está implantando un nuevo modelo de mantenimiento apoyado en la tecnología. Sistemas de monitorización en tiempo real, inspecciones automáticas en vía y herramientas digitales permiten anticipar incidencias, optimizar los procesos y reducir los tiempos de paso por taller.
La puesta en marcha de la nueva base de mantenimiento de Móstoles-El Soto permitirá ampliar la capacidad de estacionamiento y mantenimiento, así como mejorar los tiempos de intervención sobre los trenes. Todo ello se traducirá en una operativa más ágil y en una mayor disponibilidad del material en una línea que concentra un alto volumen de viajeros diarios.
Desde el punto de vista técnico, la base contará con tres vías interiores de mantenimiento de 200 metros de longitud y un edificio anexo para oficinas y servicios auxiliares. En el exterior, dispondrá de tres vías con andenes técnicos, además de una vía de lavado y otra equipada con torno.
La relevancia de la línea C-5
La C-5 del núcleo de Cercanía de Madrid es actualmente una de las líneas ferroviarias más utilizadas de toda España. Con una demanda que alcanza los 72 millones de viajes al año, esta línea concentra casi cuatro de cada diez accesos de Cercanías Madrid.
Asimismo, recientemente, la línea ha demostrado su capacidad de respuesta ante retos de movilidad, como el inicio de las obras de soterramiento de la autovía A-5 a principios de 2025. Renfe reforzó el servicio, para facilitar una alternativa de desplazamiento, e incrementó las circulaciones diarias de 262 a 317. Este aumento supuso sumar 55 trenes adicionales al día, lo que se tradujo en un aumento del 30% en el número de viajeros durante los tres primeros meses de su puesta en marcha.
Durante el año 2026 comenzarán a llegar a Madrid las primeras unidades de los nuevos trenes fabricados por Stadler (serie 453). Estos nuevos trenes destacan por su alta fiabilidad, una capacidad superior a los 500 viajeros, accesibilidad total y espacios mejorados para bicicletas.
La transformación de la línea C-5 se apoya en un Plan de Actuación dotado con 1.350 millones de euros. Esta hoja de ruta contempla 28 proyectos que tienen como fin optimizar y modernizar tanto la infraestructura como los trenes en servicio. La financiación se divide en dos grandes bloques: una partida de 650 millones gestionada por Adif para infraestructuras y otra de 700 millones a cargo de Renfe. Con el fin de minimizar las molestias al usuario, el proyecto cuenta con planes de transporte alternativo que funcionarán de forma paralela a la ejecución de las mejoras ferroviarias.











