Estados Unidos – Venezuela = Venezuela – Estados Unidos

Una intervención histórica y brutal que confirma lo que siempre dijimos: este conflicto no es moral, es geopolítico. La madrugada de este sábado ha marcado un punto de no retorno en la larga confrontación entre Estados Unidos y Venezuela. En una operación militar sin precedentes, fuerzas estadounidenses atacaron objetivos en Caracas, detonaron explosiones en puntos estratégicos y lograron capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, trasladándolos fuera del país. El propio Donald Trump confirmó que Washington “se hará cargo” del gobierno venezolano hasta que se produzca una “transición segura”.

No estamos ante un episodio menor, ni ante una diatriba diplomática más. Lo sucedido corrobora la naturaleza real de la política estadounidense en Venezuela: una política de poder, dominación y control estratégico, no de promoción de la democracia.

Desde hace más de dos décadas, Venezuela ha sufrido sanciones, aislamiento financiero y presión constante por parte de Washington. La narrativa oficial, repetida hasta el cansancio, afirma que Estados Unidos actúa para “restaurar la democracia” ante un supuesto autoritarismo. Pero esa explicación se derrumba cuando se observa la selectividad con que Washington trata a gobiernos con déficits democráticos similares o peores, y sin embargo los apoya o ignora. La política estadounidense en Venezuela siempre ha sido impulsada por intereses económicos y estructurales.

Venezuela posee las mayores reservas petroleras del planeta. Durante décadas fue un proveedor clave para el mercado estadounidense; cuando Hugo Chávez cambió esa relación por una política soberana de control de recursos y expulso a las empresas de EE.UU. nacionalizó sectores estratégicos y rechazo al dominio económico externo, Washington comprendió que perdía toda la influencia sobre una de las principales fuentes energéticas mundiales. Esa ruptura no fue tolerable, para los EE.UU.

La agresión que ha realizado el ejército norteamericano ha estado precedida por años de presiones, bloqueos financieros y campañas políticas y concretamente esa acción militar confirma que el acceso y control de recursos estratégicos sigue siendo el motor principal de la política exterior estadounidense.

Lejos de ser un episodio aislado, la agresión militar se enmarca en un mundo donde Venezuela había comenzado a estrechar relaciones con potencias que Washington considera rivales: Rusia, China e Irán. Ese alineamiento autónomo fue interpretado en Washington como una amenaza no solo a intereses económicos, sino también al orden dominante y cuestiona su autoproclamación de dueños y policía del mundo.

Las sanciones impuestas por Estados Unidos han sido usadas como un arma de presión que ha agudizado la crisis humanitaria en Venezuela. Lejos de debilitar al poder político, han deteriorado las condiciones de vida de millones de ciudadanos, limitando el acceso a medicinas, alimentos y recursos básicos. Este sufrimiento, más que un efecto secundario, ha sido aceptado por Washington como parte de su estrategia de desgaste.

La operación de hoy no solo implicó ataques y la captura de Maduro; es una demostración de lo que ocurre cuando un país desafía la hegemonía de Estados Unidos. Trump mismo declaró que Washington administrará Venezuela temporalmente y que las grandes petroleras estadounidenses “invertirán miles de millones” para reconstruir su infraestructura energética.

Este suceso pone de manifiesto que la autonomía política tiene límites cuando choca frontalmente con intereses económicos de los EE.UU. y que la retórica democrática estadounidense es, en casos como este, un disfraz de conveniencia.

La detención de Maduro no solo altera el panorama político venezolano, sino que reafirma, de la manera más cruda, la naturaleza real de la política estadounidense: una combinación de intereses económicos, hegemonía geopolítica y advertencia de poder total para hacer lo que les venga en gana sin oposición de ningún país.

Este no es un episodio aislado ni moral. Es la culminación de décadas de agresión estructural, y el pueblo venezolano, ya golpeado por crisis internas, vuelve a enfrentar un futuro definido por las prioridades económicas, no por el bienestar de su gente, que en definitiva no le interesa a los EE.UU en lo más mínimo .

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Joan Pau Rica López

Politólogo

Economista, Asesor, Optimitzador empresarial y Politólogo

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Tags: El Atril de Joan Pau Rica

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