Poder contar hoy en AL HABLA CON… con el Doctor Especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología David Perea Tortosa es, sin duda, un privilegio. Su amplia trayectoria en el ámbito de la medicina, la traumatología y la cirugía mínimamente invasiva lo han convertido en un referente dentro de su especialidad, reconocido tanto por sus pacientes como por sus compañeros de profesión. A lo largo de los años, ha sabido combinar su labor en la sanidad privada con la dirección de su propia clínica, iTraumatología (Instituto de Cirugía Ortopédica), ofreciendo siempre un trato humano y un compromiso ejemplar con la salud y el bienestar de las personas.
Actualmente, el Dr. Perea es una referencia en España y, especialmente, en la ciudad de Alicante, donde reside y destaca en el tratamiento quirúrgico y no quirúrgico de la artrosis de rodilla. Especializado en rodilla, hombro y cadera, es pionero en el abordaje MIS (mínimamente invasivo) mediante técnicas de vanguardia guiadas por ordenador, tanto navegadas como robotizadas. En esta entrevista tenemos la oportunidad de conocer no solo al profesional de éxito, sino también al ser humano que hay detrás de la bata blanca; una conversación que nos invita a aprender de su experiencia, su profunda vocación y su forma de entender la medicina moderna.
Pregunta: David, ¿Siempre tuviste claro que querías dedicarte a la medicina o hubo algún momento o persona que te inspiró a ser médico?
Respuesta: Lo cierto es que fue algo muy natural. Desde que era un niño, ya en primaria, sentía una curiosidad inmensa por entender cómo funcionaba el cuerpo humano; me fascinaba todo lo relacionado con el área de la salud. Siempre fui un estudiante aplicado, movido por una vocación de aprender y profundizar en el conocimiento.
Cuando llegó el momento de la verdad, tras realizar la Selectividad, obtuve la calificación necesaria para acceder a la facultad. En ese instante no tuve ninguna duda. A pesar de ser consciente de que la medicina es una carrera de fondo, con muchos años de estudio y sacrificio por delante, no me lo pensé dos veces y elegí formarme en la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Alicante. Tenía claro que mi camino estaba ahí, ayudando a los demás a través de la medicina.
P: ¿Por qué elegiste la traumatología y no otra especialidad médica? ¿Qué te atrae más de este campo?
R: Tras finalizar mis estudios en la UMH, me trasladé a Oviedo para prepararme el examen MIR (Médico Interno Residente) en una de las academias más reconocidas en España. Siempre supe que mi futuro estaba en el quirófano; buscaba una especialidad netamente quirúrgica. Me debatía entre la Cirugía Plástica y Reconstructiva y la Traumatología.
Al obtener el puesto 285 a nivel nacional entre casi 10.000 aspirantes, se me abrieron todas las puertas. Tenía la libertad de elegir cualquier especialidad en prácticamente cualquier hospital, y finalmente me decanté por la Cirugía Ortopédica y Traumatología (COT). Me di cuenta de que la COT comparte esa esencia reconstructiva que tanto me atraía de la plástica ya que restauramos articulaciones, corregimos deformidades y aplicamos técnicas de precisión estética y funcional.
Lo que terminó por conquistarme fue la capacidad de combinar el cuidado directo del paciente con una resolución de problemas muy concreta y tangible. En traumatología, los resultados son visibles de forma rápida; tienes la satisfacción de ver cómo una intervención devuelve la funcionalidad y la calidad de vida a una persona de manera casi inmediata. Esa gratificación instantánea y la capacidad de «reconstruir» la movilidad es lo que me sigue apasionando cada día.

P: ¿Cómo recuerdas tus primeros años de formación y las experiencias que más te marcaron durante la residencia?
R: Los recuerdo como una etapa de una intensidad máxima, pero profundamente enriquecedora. Desde el primer momento tuve claro que la residencia era el momento de absorber todo el conocimiento posible, así que decidí no autolimitarme. Adopté una actitud muy proactiva: me apuntaba a todos los cursos de formación que encontraba y buscaba activamente estancias en los mejores centros.
Esa inquietud me llevó a realizar rotaciones en centros médicos de referencia nacional en Madrid, Santander y Valencia, buscando aprender de los mejores especialistas en cada área concreta de la traumatología. Esos años no fueron solo de aprendizaje técnico; fueron una etapa de inmersión total en la que mi prioridad absoluta era formarme con la mayor excelencia posible para que, el día de mañana, pudiera ofrecer esa seguridad y maestría a mis pacientes.
P: Actualmente compaginas tu trabajo en la sanidad privada con la dirección de tu propia clínica iTraumatología (Instituto de Cirugía Ortopédica). ¿Cómo consigues equilibrar ambos ámbitos?
R: La clave, sin lugar a dudas, reside en la organización y en la capacidad de rodearme de equipos propios de máxima confianza en cada centro donde desarrollo mi actividad. Para poder ofrecer una medicina de excelencia en diferentes entornos, es vital contar con profesionales que compartan tu misma visión y estándares de calidad.
En iTraumatología, mi máxima prioridad es que cada persona que cruza nuestra puerta reciba la dedicación que se merece. Para nosotros, el paciente es nuestra auténtica «razón de ser» y no nos limitamos únicamente al acto quirúrgico o médico; le acompañamos de forma integral en todo su proceso de curación. Entendemos que enfrentarse a una lesión o a una cirugía genera incertidumbre, por eso mi equipo se encarga de gestionar de forma cercana todas las dudas y trámites, desde la gestión de pruebas hasta el postoperatorio. Al final, el equilibrio se consigue cuando sabes que, estés donde estés, el paciente está recibiendo una atención humana, ágil y de máxima calidad.
P: ¿Qué diferencias percibes entre la atención traumatológica en el sistema público y en el privado?
R: Este es un tema que suele generar mucho debate, pero mi postura es muy clara: soy un gran defensor del sistema público. Siempre digo, y no me cansaré de repetirlo, que en la sanidad pública contamos con profesionales excelentes. Sin embargo, entiendo la sanidad privada como una alternativa necesaria y una ayuda fundamental para aquellos pacientes que desean tener la libertad de elegir a un especialista concreto o que necesitan, por ejemplo, programar su cirugía en unas fechas determinadas para cuadrar su vida personal o laboral.
No comparto las posturas que cuestionan la medicina privada; al final, es una opción que está ahí para quien decida utilizarla. Lo que sí puedo asegurar es que en traumatología, en las clínicas privadas, aplicamos las técnicas más vanguardistas, muchas de las cuales también se usan en la pública, pero con la ventaja añadida de la agilidad. En el sector privado la atención es mucho más personalizada y la exigencia es máxima: el cirujano debe buscar la excelencia total, ya que no hay margen para el error.
Mi experiencia en ambos ámbitos me ha permitido entender que son sistemas complementarios. Mientras el sistema público garantiza el acceso universal, el privado aporta esa especialización adicional y la ausencia de listas de espera. Al margen del entorno en el que trabajemos, lo verdaderamente importante es que el profesional mantenga siempre el rigor, la ética y la dedicación, asegurando un seguimiento impecable para que cada paciente se sienta cuidado y seguro.
P: En los últimos años, la traumatología ha avanzado mucho gracias a la tecnología. ¿Qué innovaciones consideras más relevantes para mejorar la recuperación de los pacientes?
R: Como bien señalas, estamos viviendo una auténtica revolución. La traumatología ha evolucionado a pasos agigantados no solo en tecnología, sino también en el refinamiento de las técnicas quirúrgicas y los tratamientos conservadores. Si tuviera que destacar los avances que realmente están cambiando la vida de mis pacientes, señalaría tres pilares:
En primer lugar, la consolidación de las cirugías mínimamente invasivas y las artroscopias. Hoy realizamos intervenciones de alta complejidad a través de incisiones milimétricas, lo que reduce drásticamente el sangrado, el dolor postoperatorio y el riesgo de infecciones. Esto permite que el paciente recupere su movilidad mucho antes de lo que imaginábamos hace una década.
En segundo lugar, el desarrollo de prótesis avanzadas. Los nuevos materiales y diseños han aumentado significativamente la supervivencia de los implantes. Esto es vital, porque nos permite ofrecer soluciones definitivas y evitar, en la medida de lo posible, tener que someter al paciente a una segunda cirugía de recambio años después.
Por último, pero no menos importante, el auge de la medicina regenerativa. Técnicas no quirúrgicas como las infiltraciones de plasma rico en plaquetas (PRP) nos están permitiendo tratar lesiones de tendones o cartílagos aprovechando el potencial curativo del propio cuerpo del paciente.
Todas estas innovaciones persiguen un objetivo común: que el proceso sea lo menos traumático posible, acortando los tiempos de recuperación y permitiendo que la persona recupere su calidad de vida de una forma mucho más rápida y segura.
P: ¿Qué tipo de lesiones o patologías son las más comunes que atiendes en tu consulta hoy en día? ¿Ha cambiado el perfil del paciente con el tiempo?
R: En mi práctica diaria, el grueso de las patologías que atiendo se concentra en las articulaciones de rodilla, cadera y hombro. Son las zonas que más sufren tanto por el desgaste natural como por la actividad deportiva, que hoy en día es mucho más intensa en perfiles de todas las edades.
Si hablamos de la rodilla, que es una de mis grandes especialidades, no puedo evitar recordar mis inicios. Tuve la inmensa suerte de formarme junto a un auténtico pionero de la artroscopia de rodilla en España, el Dr. Simón Campos. Fue un cirujano excelente de quien guardo un recuerdo extraordinario.
P: Desde tu experiencia, ¿qué consejo darías a quienes quieren cuidar su salud musculoesquelética y prevenir lesiones en el día a día?
R: Aunque cada paciente es un mundo, existen unos pilares básicos que son universales para mantener nuestro sistema locomotor en condiciones óptimas: realizar ejercicio de forma regular, garantizar un descanso reparador y cuidar la calidad del sueño.
A menudo nos centramos solo en el movimiento, pero la clave real está en el equilibrio. Es fundamental trabajar el fortalecimiento muscular; unos músculos fuertes son la mejor armadura para nuestras articulaciones. Por ello, recomiendo siempre combinar el ejercicio aeróbico con el trabajo de fuerza y una buena rutina de estiramientos.
Llevar a cabo estos consejos no solo nos ayuda a prevenir lesiones y a reforzar el sistema inmunitario, sino que es la mejor herramienta que tenemos para retrasar el envejecimiento físico. Al final, cuidar nuestra estructura ósea y muscular tiene un impacto directo en nuestra calidad de vida, aportándonos además grandes beneficios a nivel mental y emocional.
P: La medicina es una de esas profesiones que marcan profundamente la vida de quien la elige, tanto en lo personal como en lo profesional. ¿Qué mensaje o consejo le darías a los jóvenes que sueñan con ser médicos o a los estudiantes que ya están formándose?
R: Mi consejo principal para ellos es que cultiven la constancia y, sobre todo, que nunca pierdan la curiosidad por aprender. En una carrera tan exigente como esta, es vital no caer en el error de estudiar simplemente para superar un examen o para memorizar datos de forma mecánica. Mi recomendación es que estudien para comprender.
Deben ser conscientes de que el cuerpo humano es una máquina perfecta; un sistema apasionante, altamente integrado, engrasado y en constante equilibrio donde cada órgano y cada estructura cumplen un rol esencial. Si aprenden a mirar el cuerpo con ese asombro y entienden cómo cada pieza encaja en el conjunto, no solo serán mejores profesionales, sino que disfrutarán mucho más de esta vocación. La medicina es un compromiso de por vida con el conocimiento y con el bienestar de los demás.
P: Para terminar… ¿Algo más que quieras añadir y que se haya quedado en el tintero?
R: Pues me gustaría terminar con una reflexión que aplico cada día en mi clínica, iTraumatología: la medicina no es solo ciencia, es empatía. A veces, en un mundo tan tecnológico, corremos el riesgo de centrarnos solo en la radiografía o en la resonancia magnética, olvidando que detrás de esa imagen hay una persona con miedos, con ganas de volver a jugar con sus hijos o de recuperar su independencia.
Mi objetivo, y el de mi equipo, es que cada paciente se sienta escuchado y acompañado desde el primer minuto. Me siento un auténtico privilegiado por poder dedicarme a lo que amo y por haber tenido la oportunidad de formarme con los mejores para, ahora, devolver ese conocimiento a la sociedad. Mi compromiso es seguir trabajando con la misma ilusión y rigor que el primer día, buscando siempre la excelencia para que nadie tenga que renunciar a su calidad de vida por un problema traumatológico. Gracias por esta oportunidad de compartir mi visión de la medicina.
















