ANTANY – Un passeig pel Biar antic

Antany: Un latido de piedra y memoria en el corazón de Biar

Hay lugares donde el tiempo no corre, sino que se sedimenta. Biar es uno de ellos. Pasear por sus calles no es solo desplazarse en el espacio; es descorrer el velo de los siglos y escuchar el eco de quienes habitaron esta villa cuando la frontera entre reinos se dibujaba desde lo alto de una torre.

En esta pieza de investigación histórica, no pretendemos dar una lección de fechas frías, sino invitarles a un viaje sensorial. Acompañados por el documento audiovisual «ANTANY – Un passeig pel Biar antic», les proponemos una ruta que nace en el cielo y termina en el refugio de la fe.

El descenso desde la atalaya

Nuestro recorrido comienza donde todo empezó: el Castillo. Entre sus ruinas, aún parece flotar el incienso de las desaparecidas ermitas de Santa Magdalena y Santa Quiteria. Desde allí, la gravedad nos empuja hacia abajo, como lo hizo con la historia de la villa. Bajamos por la calle San Antonio hasta encontrarnos con el frescor de la fuente de San Ramón en la calle Valencia, antes de sumergirnos en el sabor popular de “la Corralasa”.

Arcos, fuentes y el alma de la Villa

Biar es una red de piedra tejida por el agua. Al bajar por la calle del Diezmo, el arco de San Roque nos recibe como una puerta al pasado, conectándonos con la fuente de los Burros y el arco de Jesús tras cruzar la Barrera. Es un trazado que respira la cotidianidad de nuestros antepasados, de cántaros y mulas, de sombras largas y puertas abiertas.

El corazón civil y religioso late en la Plaza de la Constitución. Allí, el Ayuntamiento y la majestuosa Iglesia de la Asunción se yerguen como testigos del poder y la devoción. Pero la vida íntima está un paso más allá: bajamos por “els balconaes” hacia las antiguas pescaderías y buscamos el murmullo de la “font dels peixets”.

«Biar no se visita, se siente bajo las suelas de los zapatos y en el aire fresco que baja de la Sierra de Mariola.»

De la clausura a la naturaleza centenaria

El paseo nos lleva hacia el Convento de los Franciscanos, atravesando el arco del Convento. Imaginar el claustro en silencio, habitado por la orden, nos devuelve a una época de recogimiento. Sin embargo, Biar también es expansión. Cruzamos hacia el Raval para admirar sus casas señoriales, guardianas de la burguesía histórica, antes de rendir pleitesía al habitante más anciano de la villa: el Plátano centenario. Bajo su sombra y el frescor de su fuente, recuperamos el aliento.

El último esfuerzo: La mirada hacia el hogar

El final de este viaje es una ascensión espiritual. El camino de la Virgen nos obliga a detenernos en el Pozo de la Nieve, ese ingenio de piedra que guardaba el invierno para el verano. Al llegar al “Pino de la Azucena”, el esfuerzo se ve recompensado.

Ante nosotros, la Ermita de la Virgen de Gracia. Desde este balcón privilegiado, con la vista puesta en el casco urbano que acabamos de recorrer, uno comprende por qué Biar se escribe con mayúsculas en los libros de historia. No es solo un pueblo; es un legado que sigue vivo en cada piedra que hoy, a través de estas imágenes, les invitamos a redescubrir.


Disfruten del video «ANTANY» y dejen que la memoria de Biar les guíe.

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