Un recorrido por las antiguas pescaderías municipales, el epicentro del comercio local donde la voz del pregonero marcaba el ritmo del día.
BIAR – Hay rincones en nuestra villa que guardan ecos de un pasado bullicioso, de madrugadas de descarga y de un comercio que ya no existe. Muchos vecinos, al pasar hoy frente al establecimiento «Todo Hogar» o al observar la tribuna de autoridades durante las Fiestas de Moros y Cristianos, ven simplemente el presente. Sin embargo, bajo la sombra de «Les Balconaes», residió durante décadas el corazón del suministro de pescado en Biar.
«¡Ya hay pescado!»: El aviso del alguacil
En aquellos años, la logística no entendía de horarios fijos. Como el género no llegaba todos los días, la venta dependía totalmente de la llegada del transporte desde la costa. Por ello, la figura del alguacil municipal era clave en el engranaje del pueblo.
Cuando la mercancía por fin llegaba a los puestos, el pregonero recorría las calles de Biar anunciando a viva voz que «Hi ha peix». Ese grito era la señal esperada por las amas de casa para acudir rápidamente a los bajos de «Les Balconaes», convirtiendo la jornada en un pequeño acontecimiento social. Era un sistema de comunicación directo y humano que hoy ha sido sustituido por las pantallas y el WhatsApp, pero que entonces marcaba el pulso de la cocina local.

Un espacio de propiedad municipal
Las antiguas pescaderías eran dependencias de propiedad municipal. El Ayuntamiento cedía estos puestos a los pescateros de la villa para que pudieran ofrecer su mercancía a los vecinos «el día que había». Esta gestión pública garantizaba que el producto fresco llegara a todos, siempre y cuando el tiempo y el transporte lo permitieran.
«El Carbonero» y la logística de antaño
Gracias a la recuperación de archivos fotográficos —como los cedidos por Mari Ángeles Pastor Martínez— podemos poner rostro a esta historia. Una de las imágenes más icónicas rescatadas muestra a Manolo Pastor junto a su camión de transportes «El Carbonero». Estos vehículos eran el cordón umbilical que conectaba el interior con el mar, desafiando las carreteras de la época para que el pregón del alguacil pudiera sonar en las plazas.

Del mostrador a la tribuna
Resulta fascinante observar cómo los espacios se transforman. El mismo suelo que hoy sostiene a las autoridades durante los desfiles de fiestas, fue una vez un suelo húmedo, lleno de cajas de madera y el ir y venir de vecinos que acudían al llamado del pregonero.
Recordar estas antiguas pescaderías es rendir homenaje a una generación de comerciantes, transportistas y funcionarios que, con su trabajo diario, dieron vida a la historia de Biar.

¿Tienes recuerdos del pregonero? Si recuerdas sus palabras exactas o tienes más anécdotas sobre las pescaderías de «Les Balconaes», te invitamos a compartirlas para mantener viva nuestra memoria colectiva. Mandalas al Whatsapp 652196607 o al correo redaccion@elconsistorio.es .







