La villa se vuelca en una de sus tradiciones más solemnes para acompañar al integrante de la comparsa de Maseros bajo el amparo de la Virgen de Gracia.
BIAR – El sonido de las marchas procesionales ha teñido de luto y respeto las calles de Biar este 11 de mayo. En el corazón de los días grandes de la población, la comunidad festera ha hecho un alto en el júbilo para cumplir con una de sus tradiciones más arraigadas y singulares: el entierro festero. En esta ocasión, el último adiós ha sido para Julio Mollà Valdés, querido miembro de la Comparsa de Maseros.
El entierro festero no es solo un acto de sepelio; es un honor que la villa concede a aquellos festeros o vecinos que fallecen durante los días de fiestas y que han manifestado su deseo de ser despedidos bajo el ritual de su pueblo.
Una comitiva de honor y pólvora callada

El desfile fúnebre ha seguido el estricto protocolo que dicta la tradición biarense. Todas las comparsas de la villa han estado presentes con sus escuadras oficiales, banderas y capitanes, formando una hilera de respeto que precedía al féretro.
Como marca la costumbre, la banda de música de la comparsa del fallecido —en este caso, los sones que acompañaron a Julio en vida como Masero— ha sido la encargada de interpretar las marchas de procesión. Su comparsa, con la escuadra oficial y sus cargos a la cabeza, han ocupado el lugar de honor, siendo los últimos en desfilar justo antes del coche fúnebre.

Autoridades y fe bajo la mirada de la Patrona

La representación institucional ha estado encabezada por la alcaldesa y el concejal de Fiestas, quienes han acompañado a la familia en este doloroso trayecto. Tras el vehículo, el cura párroco y los familiares directos han guiado a una multitud de amigos y vecinos que no han querido faltar a la cita.

El acto ha cobrado una dimensión espiritual mayor al coincidir con la estancia de la Virgen de Gracia en la iglesia del pueblo. La Patrona, que bajó desde su ermita el pasado 10 de mayo para presidir las fiestas hasta el próximo día 13, ha recibido los restos de Julio Mollà para la celebración de los santos oficios.
«Es la despedida que todo festero desea: bajo el manto de su Patrona y arropado por el color de todas las banderas de su pueblo».

Con este acto, Biar demuestra una vez más que su fiesta no solo es alegría y estruendo, sino también una hermandad inquebrantable que acompaña a sus hijos hasta el último suspiro, manteniendo vivas las tradiciones que definen la identidad de esta villa alicantina.



















