ARANJUEZ – El histórico Teatro Real Carlos III, joya arquitectónica del siglo XVIII, se prepara para recuperar su antiguo esplendor. La Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Aranjuez han sellado un acuerdo estratégico para relanzar este coliseo y convertirlo en un referente de las artes escénicas y musicales a nivel regional.
A través de un nuevo convenio de colaboración, el Ayuntamiento de Aranjuez asumirá la gestión directa del teatro, encargándose de una programación que contará con el respaldo técnico y económico de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte.
Un ambicioso plan estratégico
El objetivo no es solo abrir las puertas, sino dotar al edificio de una agenda estable y de alta calidad. Entre las principales novedades destacan:
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Sede de grandes festivales: Aranjuez se integrará en el circuito oficial de los principales festivales organizados por el Gobierno regional.
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Cine para los ribereños: Tras años sin una sala de exhibición en el municipio, el teatro recuperará las proyecciones cinematográficas en su cartelera.
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Fomento del talento local: Se habilitarán salas de ensayo específicas para que compañías teatrales, agrupaciones musicales y escolares puedan desarrollar su labor creativa en un entorno profesional.
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Público joven: Se diseñará una oferta específica orientada a atraer a niños y adolescentes hacia el mundo de la cultura.
Cultura como motor económico
Para Mariano de Paco Serrano, consejero de Cultura, esta iniciativa forma parte de la estrategia para poner en valor las Ciudades Patrimonio de la Humanidad. La apuesta busca no solo garantizar el acceso a la cultura para todos los madrileños, sino también servir como catalizador para el turismo y el comercio local en la ciudad ribereña.
«Este proyecto dinamizará la economía del municipio y reforzará la identidad de Aranjuez como un faro cultural», señalan fuentes del Ejecutivo autonómico.
Un escenario con historia
Inaugurado el 14 de mayo de 1769 con la presencia del rey Carlos III, el teatro fue diseñado por el arquitecto Jaime Marquet. Tras siglos de historia, este edificio —uno de los teatros cubiertos más antiguos de España— se enfrenta ahora a su reto más ambicioso: dejar de ser una reliquia del pasado para convertirse en un motor vivo de la cultura del siglo XXI.

















