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Los Bares: Santuarios Del Deporte Y La Salud

Para nosotros, los fieles devotos del dios Baco, todos los caminos que nos conducen a disfrutar de su sacra compañía posibilitan nuestra entrega, adoración y alabanza.

Y es que habiendo estudiado en profundidad a nuestra sublime deidad, nos hemos convertido en fervientes siervos de los moradores del Sacro Olimpo Vitivinícola.

Ha sido determinante en nuestra feliz conversión saber que Baco desciende de Júpiter y la mortal Sémele.

En las mitologías griega y romana hay dioses inmortales y mortales, y eso nos supuso una dura prueba en nuestra a veces titubeante fe.

Baco, aún siendo descendiente de Júpiter y la mortal Sémele, está considerado como el dios del vino, la fiesta, la farra y el jolgorio, y eso le honra.

Solo hay algo que no nos termina de satisfacer plenamente y es que siendo tan fiestero, Baco no sea español…

El dios Baco, además de romano, fue el libertador que nos permite desconectar de los malos momentos e introducirnos en el mágico mundo de la música, del vino y del jolgorio.

Un dios, sabio sin duda alguna, que supo escoger su divinal parcela de entre otras de marcado paganismo.

Si no fuera por el efecto placebo que produce los efluvios del dios Baco, soportar sin su ayuda las perniciosas secuelas que cada día esparce TVE supondría acabar con nuestra estabilidad emocional y equilibrio mental.

Ya lo decía Mariano Rajoy cuando exclamaba con fervorosa pasión ¡Viva el vino! Que vendría a ser lo mismo que gritar. Viva la madre que parió a Sémola, suegra de Baco.

Es verdad que los griegos también tuvieron su dios del vino, pero a éste le llamaron Dionisio y éste no nos merece mucha confianza.

Nosotros, los rendidos amantes del dios romano, somos gentes dotadas de una especial imaginación, además de ser grandes naturalistas.

Nuestras hermandades están integradas en cofradías vinícolas que muestran su inquebrantable lealtad a todos los vinos de bien que reposan santamente en los sagrados lugares que conforman las bodegas patrias.

Dicen del vino, que es el elixir que suelta la lengua, oxigena el corazón, obnubila la mente y enreda los pies, hasta provocar danzas maravillosas.

Si no fuera porque pudiera pecar de petulante, diría que los seguidores de Baco somos gentes con un atractivo muy especial, capaces de auto transportarnos sin ningún esfuerzo hasta los inmensos viñedos, mares celestiales de cepas y voluptuosos racimos, donde dicen que habita nuestro dios por «insaecula saeculorum».

Ya he dejado escrito que cuando palme esparzan mis cenizas por un viñedo… Si puede ser Cabernet Sauvignón.

En otro orden de asuntos más mundanos, los investigadores han descubierto, que una copa de vino podría ser equivalente a una hora de gimnasio.

Esta es la noticia que todos los fieles del dios Baco, estábamos esperando desde años, no por nuestra posible beatificación, sino por blanquear nuestra reputación, pisoteada durante siglos.

Hasta ahora estaba mejor visto el gimnasio que el bar, sin embargo con esta buena nueva, las tabernas podrían ser consideradas como un campo de entrenamiento y el tabernero un entrenador personal de barra fija.

De acuerdo con un reciente estudio, el vino tinto es rico en un componente llamado «resveratrol», una sustancia que podría aumentar la frecuencia cardiaca, el rendimiento muscular de los individuos y la oxigenación de las células.

No he dicho que beberse una botella mágnum equivalga a correr una maratón, esto no lo he dicho, pero va por ahí la cosa…

Imaginémonos, acudir al gimnasio a machacarse durante tres horas, ayudado de frascos de bebidas isotónicas, potenciadores musculares, vasodilatadores y bebidas energéticas, para recuperarse del palizón, y luego, ya calmado, tomarse complejos vitamínicos y anabolizantes para suplir el desgaste y compensar el esfuerzo…

Y en el otro extremo, los feligreses de bares, cantinas y tabernas con Riberas, Riojas, Ribeiros o Prioratos tonificando nuestro cuerpo con sulfitos, taninos y de excipientes torreznos, conejo al ajillo y postas de bacalao.

Y es que como la Ciencia, la Investigación y el Progreso no se permiten descanso, tarde o temprano esto se tenía que descubrir.

A veces el vino me transporta a las estrellas bailarinas que se ponen a danzar en torno a mi cabeza, llenando mi cerebro de planetas y satélites, plenos de fulgores, estelas luminosas y centellas de colores…

Por todo ello, pido con el máximo fervor, que el dios Baco nos acompañe todos los días de nuestra existencia, para mayor gloria de la divina deidad, que entibia nuestros sentidos, dulcifica nuestro carácter, tonifica el alma y borra los malos pensamientos.

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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