La fortuna de ser y estar consciente

Sí, soy absolutamente consciente que he consumido el noventa por ciento de lo que el destino me señaló al nacer sin que yo fuera consciente de ello.

De pronto me detengo en mi caminar por la vida y siento que no viví intensamente todas las alegrías que el camino me proporcionó y sin embargo me detuve de manera absurda para lamentar lastimeramente mis frustraciones y fracasos.

Sé que me queda poco tiempo, tan poco que no me entretendré en fisgonear en la vida de los demás, ni en seguir sus mandatos, ni compartir sus aficiones, hobbies o diversiones sin antes intentar lo que me queda por realizar.

Tengo la convicción que, a estas alturas, pase lo que pase, quiero serle fiel a mis principios hasta el final, aunque esto me acarree serios problemas con la gente.

Sé que a muchos les favorecerá esta fidelidad que debo a mis principios y a otros les incomodará.

Sé, estoy seguro, que no puedo cambiar a la sociedad que me rodea, lo mismo que ella no me cambiará a mí.

De pronto me doy cuenta que tengo la imperiosa necesidad de dejar de discutir con un buen número de tontos que intentan ponerme cerco, tontos que lejos de haber logrado dejar de ser imbéciles han permanecido en la idiotez para tormento de los que nos obligan a cambiar de acera para no encontrarnos con ellos.

De pronto me doy cuenta que no puedo consumir de manera compulsiva lo poco que aún me queda en la reserva…

De pronto no puedo empezar a hacer el ridículo pensando que tengo que resarcirme de los ridículos que no cometí en su momento cuando la juventud lo justifica todo.

De pronto me doy cuenta que soy refractario a los ególatras, a los narcisistas, a los que creen que han vuelto a la juventud, a los que logran engañarse cada día, a los que se miran al espejo y ven un fantasma, a los sabelotodo, a los que creen no desconocer nada…

De pronto me doy cuenta que no soporto a los envidiosos, a los insatisfechos, a los quejicas, a los eternos descontentos.

A los que creen estar eternamente en posesión en la verdad, en los aprovechados, en los que se entrometen en mi vida para intentar manejarla a su antojo, cuando durante toda mi existencia luché por ganarme la vida a mi costa siendo independiente.

De pronto me detengo y me propongo apartar de mí a los calumniadores, a los que quieren obtener ventaja sobre mí, poniendo en mi camino todo tipo de obstáculos, de trabas y de argucias…

He descubierto que mi corazón tiene un buen ritmo y no necesita acelerarse, que mi alma está entibiada y no necesita regular su temperatura, que mi espíritu está en calma y no necesita más revoluciones.

Todo va a su rimo y de momento sin arritmias… De momento sin los marcapasos que algunos se empeñan en instalarme en mi cerebro.

De pronto vi que en cada amanecer se produce un milagro y en cada atardecer un triunfo que añadir a nuestra existencia.

Que mil sonrisas valen más que cien carcajadas.

De pronto he descubierto que me interesa la gente inteligente que me obliga a mantener despierta mi mente, ágil la memoria, pronto los reflejos mentales y fluida la palabra.

Me fascinan las personas que se toman con filosofía sus errores, sus fracasos, sus contratiempos, al mismo tiempo que enfatizan sus triunfos.

De pronto me detengo y expulso de mi alrededor la gente que elude la responsabilidad, tratando de cargarla en los demás.

He descubierto que no tengo ninguna prisa, que no necesito beberme la vida de un trago porque mi sed ya se ha atenuado y prefiero sorber que tragar, degustar que engullir, suspirar que gritar…

Al fin he descubierto que mi objetivo es llegar al final estando en paz conmigo mismo, siendo fiel a mi propia conciencia, sin importarme ansiedades ajenas a mí.

Y dicho esto me voy en busca de un árbol lo suficiente frondoso que me permita sentirme protegido, abrazado por él y no al revés, porque él no necesita mi abrazo, solo mi respeto, solo mi defensa a ultranza de su vida…

Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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