Los Ídolos Son La Salvación De Los Débiles

Hace unos días charlaba con unos amigos de los aficionados que somos los españoles a crear ídolos para de inmediato destruirlos de la manera más cruel

Unos ídolos tan pasajeros, que a veces pasan de ser adorados a ser repudiados en apenas un suspiro.

El problema de estos ídolos es que cuando caen en el olvido, tras sufrir el más absoluto rechazo, entran en depresión y a veces sucumben ante aquella pléyade de aplaudidores, halagadores y aduladores, que de pronto descargan toda su ira sobre el pobre iluso que se creyó el ombligo del mundo.

Y es que la célebre frase de a rey muerto, rey puesto, cobra un enorme valor entre la gente fácilmente influenciable.

En ese mundillo donde se crean los lideres, todo es tan efímero, tan provisional, tan circunstancial, que estos fetiches prefabricados, una vez amortizados, son entregados a las masas para ser destruidos sin piedad, dejando tras ellos el vago recuerdo de ridículos pobres diablos.

En el mundo de la política tenemos cumplidos ejemplos, que en su momento fueron adorados por una legión de fans, una cola de súbditos y lacayos, que cuando cayeron de su prefabricado Olimpo se vieron relegados hasta producir una pena inmensa.

Y es que para ser político hace falta ponerse una coraza plúmbea que proteja de esta caterva de halagadores, que ríen, festejan, abrazan y danzan, alrededor del ídolo de turno, porque esta turba lo mismo que eleva que aniquila, empleando una crueldad inusitada.

Les ocurre a los deportistas, actores, cantantes, presentadores y personajes mediáticos, que pasan un verdadero calvario, cuando de pequeños dioses de falsos olimpos, pasan a ser unas pobres caricaturas de sí mismos.

Y lo que es peor, aquellas personas a las que les hicieron favores, pasan a ser de inmediato sus más encarnizados enemigos, porque el favorecido siempre recordará que está en deuda y eso le creará un grave complejo.

Para muchos, el afán de crear líderes se debe a una necesidad espuria, consistente en fabricar una ilusión, un espectro, un fantasma, a los que aferrarse para sentirse protegidos.

Y es que los débiles, los temerosos, los inseguros, necesitan rendir pleitesía, admiración y adoración a aquellos que les iluminen el camino durante un corto periodo de tiempo, sin darse que eran simples luciérnagas…

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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