Se cierran durante dos dias las escuelas en Cataluña para que el profesorado se haga oír
Hoy vuelvo a hablar de educación. Pero no de la educación que sale en los discursos, ni de la que se usa como propaganda en campaña electoral. Hoy quiero hablar de la educación real. La que ocurre cada mañana en miles de aulas, con maestros y maestras que están al límite.
Los maestros /as están protestando. Y sí: están convocando huelgas. Y conviene decirlo desde el principio: no lo hacen por capricho. No lo hacen por gusto. Lo hacen porque llevan años soportando una situación que se ha vuelto insostenible.
Las reivindicaciones del profesorado, en general, son claras y se repiten en casi todas las comunidades autónomas: Se han de BAJAR LOS RATIOS , porque no se puede dar clase con 25, 28 o 30 alumnos por aula. En estas condiciones no se enseña, se controla y el que pierde es el alumno: el que necesita ayuda, el que se queda atrás, el que tiene dificultades.
Se precisa más personal docente de apoyo, porque las escuelas tienen realidades muy complejas: niños con necesidades educativas especiales, problemas familiares, situaciones de exclusión, trastornos de conducta… y no se puede cargar todo sobre el maestro/a.
Ha de suprimirse la burocracia para los enseñantes, Los docentes denuncian que pasan media vida rellenando informes, plataformas digitales, memorias, programaciones interminables…
Y lo dicen claro: “cada hora que pasamos rellenando papeles es una hora menos para enseñar y atender a los alumnos.”
Se ha de fijar estabilidad laboral y poner fin a la precariedad. Hay miles de docentes interinos encadenando contratos durante años, saltando de centro en centro, con incertidumbre constante.
Conseguir una mejora salarial y recuperación del poder adquisitivo.
Los maestros no están pidiendo hacerse ricos, están pidiendo que su trabajo, que es esencial para el país, no se devalúe año tras año.
Y que se consigan condiciones adecuadas a la actividad , porque hay aulas con calor insoportable, edificios viejos, falta de materiales, sustituciones que tardan semanas en cubrirse, y un sistema que exige resultados como si todo funcionara perfectamente… cuando no funciona.
A la falta de medios se suma otra carga que quema por dentro: la burocracia. Hoy un maestro no solo enseña. Hoy un maestro rellena informes, redacta memorias, sube documentos a plataformas, justifica cada decisión, escribe adaptaciones, programaciones, actas, planes, protocolos.
Lo peor de todo es que cuando el maestro protesta, se le señala. Se repite el tópico de que “fastidian a las familias”, de que “otra vez están de huelga”, de que “no piensan en los niños”. Pero la realidad es que las familias ya están maltratadas por un sistema que no garantiza apoyos, ni estabilidad, ni recursos. La huelga solo hace visible lo que sucede. Y hay que decirlo alto: la culpa no es del maestro que protesta, la culpa es de quien ha permitido que la educación pública llegue a este punto.
Porque el deterioro de la escuela pública no es un problema menor. Es una bomba social. Cuando la escuela pública se debilita, la igualdad se rompe. QUIEN PUEDE PAGAR SE BUSCA ALTERNATIVAS. Quien no puede se queda con lo que hay. Y así se construye un país, donde el futuro se compra. Un país que abandona a sus maestros abandona su propio porvenir. Un país que trata la educación como un gasto, acaba no entendiendo que es una inversión de futuro para el país.
Los maestros y maestras no están pidiendo privilegios. Están pidiendo dignidad. Están pidiendo poder enseñar con medios, con apoyo y con respeto. Y si han llegado a la huelga, es porque ya no les quedaba otra forma de ser escuchados. Porque lo que está pasando es un aviso. La educación pública está resistiendo… pero ya no aguanta mucho más.
«MAESTROS DE HOY, CREANDO LÍDERES DE MAÑANA: CADA ALUMNO, ES EL FUTURO PARA EL PAÍS.»

















