En esta segunda parte pretendo esquematizar los elementos clave que conforman el actual contexto internacional. Comenzaré señalando que es precisamente su complejidad una de sus principales señas de identidad, debido, entre otras razones a su relación con la seguridad internacional, la cual constituye en sí misma un sistema abierto: cuenta con un elevado número de actores de naturaleza diferente; segundo es muy sensible a cualquier perturbación generada por fenómenos cuyos orígenes y efectos entrañan una gran dificultad para identificarlos y gestionarlos oportunamente; y, por último, las respuestas a las diferentes controversias requieren un modelo de opciones múltiples que en ocasiones pueden superar lo estrictamente racional.
Entender la complejidad es fundamental para analizar en toda su extensión el contexto internacional, lo que supone asumir la incertidumbre asociada a indeterminaciones y fenómenos aleatorios y, por ende, se precisa huir de la banalización o simplificación del problema, tan propio de las conductas populistas de un buen número de líderes en nuestros días. Sería poco ajustado a la realidad afirmar que este complicado modelo de relaciones internacionales es algo exclusivo del momento actual, más bien se podría afirmar que es algo inherente a todas las épocas históricas, sin embargo, hoy en día su nivel de incertidumbre es mucho mayor por dos condiciones fundamentales: la globalización y la interconexión.
En la génesis del sistema internacional hay que observar dos grandes tendencias: estructurales y dinámicas. Las primeras hacen referencia a su basamento, estando condicionadas por factores relativamente estables en el corto plazo y directamente relacionadas a los actores que configuran el orden mundial atendiendo al equilibrio de poder y a la aplicación de sus intereses globales y regionales.
Las tendencias dinámicas se basan en variables de naturaleza coyuntural y evolutiva, contribuyendo a acelerar o amplificar las tensiones inherentes a la estructura del sistema, pudiendo ser consideradas como multiplicadores del orden mundial.
Una descripción del orden mundial en la tercera década del Siglo XXI. Nivel estructural
El nivel estructural no genera crisis por sí mismo, pero define el marco en el que estas se producen y limita las opciones de gestión del orden y la estabilidad. En consecuencia, propongo esquematizar en este punto lo que podríamos definir como el nuevo orden mundial, que, como exponía en la primera parte de este estudio, se asemeja al del inicio del pasado siglo. Para ello, consideraremos las potencias del sistema internacional y los actores que contribuyen o alteran su estabilidad.
En primer lugar, citemos a Estados Unidos, Rusia y China, por cuanto podrían ser consideradas revisionistas en la medida que aspiran a anexionarse nuevos territorios, aunque por diferentes motivos y utilizando distintos procedimientos. EE.UU, de la mano de la administración Trump, para maximizar su poder aspira a un mayor control territorial no solo para el acceso a recursos, sino para evitar que las otras potencias puedan acceder a ellos, contando para ello con el mayor potencial militar de las tres potencias consideradas. A este país se oponen abiertamente China y Rusia que, aunque aliadas sus intereses no son siempre convergentes. Las dos se sustentan en unas notables capacidades militares, la primera cuenta con un gran poder naval, con un preocupante crecimiento en las últimas décadas; mientras que Rusia, que es la segunda potencia nuclear mundial, centra su principal potencial en el ámbito terrestre, aunque hoy en día debilitado como consecuencia del desgaste sufrido en la Guerra de Ucrania.
Asumiendo que el escenario de la seguridad internacional de nuestros días responde a un entorno de paz sin seguridad, que podría asociarse a un permanente “conflicto de zona gris” en el que concurren diferentes amenazas híbridas. En este complejo escenario se precisa considerar las capacidades tecnológicas, además de las militares. En este ámbito, Estados Unidos cuenta con los gigantes tecnológicos que controlan la comunicación tradicional y las redes sociales, lo que les confieren unas capacidades adicionales para controlar en entorno cognitivo, que constituye el centro de gravedad en las guerras híbridas. China, aunque con menor poder de influencia, se ha convertido en un auténtico gigante tecnológico lo que unido a su poderío económico le permite controlar importantes territorios y recursos en Asia, África y América, de la mano del poder blando. Por su parte, el régimen ruso, además de llevar a cabo la invasión de Ucrania apelando a su Seguridad Nacional, dispone de una extensa red para llevar a cabo ciberataques a sus principales oponentes, afectando a sus procesos políticos y a la seguridad de sus infraestructuras.
Junto a estas tres potencias se podrían considerar a otros actores que influyen en la estabilidad de este orden mundial que estamos considerando, los cuales podrían ser agrupados como sigue:
- Estados desestabilizadores y revisionistas. Entre los que se resaltan Irán, Corea del Norte y Paquistán. El primero de ellos [1] ha proyectado su poder de manera indirecta mediante el control de grupos terroristas es el caso de Hezbollah en el Líbano, Hamás en Gaza o Ansar Allah (hutíes) en Yemen, lo que, además de contribuir a erosionar la estabilidad regional de Oriente Medio, representa una conexión directa con el terrorismo y la guerra híbrida. Corea del Norte es en sí mismo un factor de inestabilidad nuclear, pero también, debe ser considerado un actor disruptivo en la región Asia Pacífico. Y sobre el último de los tres citados países citados se puede resaltar su tradicional ambigüedad estratégica y el hecho de su ambigua relación con el terrorismo internacional, además de suponer un riesgo de permanente escalada en el conflicto Indo-Paquistaní, ambas potencias nucleares.
- Estados desestabilizadores tranquilos, entendiendo por tales aquellos que juegan un doble papel en el sistema confiriendo un carácter transversal en sus relaciones internacionales. Posiblemente en este grupo sea Turquía el país que mejor se adapta a esta consideración por su doble papel como Estado miembro de la OTAN y el se podría identificar a su aspiración “neo-otomana” revisionista, recurriendo a distintos ardides en su función desestabilizadora como son la instrumentalización de los movimientos migratorios, la erosión de los consensos en los foros internacionales, en particular en el seno de la OTAN, y su participación en conflictos regionales como Siria o el Cáucaso. Arabia Saudí es otro de los Estados a considerar en este grupo, tradicional enemigo de Irán y con una profunda influencia en el mundo islámico. Puede ser considerado un aliado tradicional de Occidente en la región, como consecuencia de sus grandes reservas de petróleo.
- Potencias bisagra y actores de equilibrio. Aquí se sitúan los Estados que buscan optimizar su posición en un orden fragmentado o disperso, entre los que se podrán citar a Japón, Brasil e India. Comenzando por el primero de ellos, conviene poner el foco en el notable notable incremento de capacidades de sus fuerzas armadas, especialmente de su Armada, el hecho de no tener aspiraciones revisionistas le convierten en un pilar clave para la defensa del área Asia-Pacífico como aliado de Estados Unidos. Brasil está sumido en una oscilante orientación política, el regreso del actual presidente Lula Da Silva ha devuelto a este país a la órbita del ALBA [2]. Posiblemente la India sea el que juega un papel más relevante de los tres Estados bisagra aquí citados. En primer lugar porque se trata de una potencia emergente cuya economía ha crecido de manera notable lo que le permite aspirar a tener una aceptable autonomía estratégica, la cual se fundamenta en la coexistencia de tres vectores aparentemente contradictorios: la contención de China tanto en la frontera entre ambos países como en el Océano Índico; mantenimiento de la relación funcional con Rusia con quien mantiene una relación pragmática, no ideológica, materializada entre otros aspectos en su dependencia del armamento y tecnología de defensa rusa, y la colaboración en recursos y energía (India ha sido uno de los principales destinos del petróleo ruso tras el embargo por la invasión de Ucrania). En síntesis, India utiliza a Rusia para no quedar atrapada en la disputa entre Estados Unidos y China, pero la mayor dependencia y proximidad entre este último y Rusia puede influir en el concepto estratégico de India
Queda por tratar el caso de la Unión Europea, a la que en el modelo comparativo propuesto entre el contexto internacional de hace 120 años he asimilado su papel en el sistema internacional con el que jugó en ese momento el Imperio Otomano. Antes de seguir avanzando es necesario precisar que esta comparación se limita exclusivamente a los ámbitos funcional y estratégico. La UE es una asociación económica y política entre 27 países europeos y que cuenta con un sistema institucional único, no se trata pues de un imperio y por tanto hablamos de dos modelos político-sociales radicalmente diferentes, incomparables para ser más preciso. Así pues, las debilidades a las que a continuación hago referencia responden a la consecuencia de su propio diseño y no a una decadencia propiamente dicha como era el caso otomano en los comienzos del pasado siglo. Hechas estas precisiones, apunto los principales aspectos que justifican esta analogía.
- Pérdida de centralidad estratégica y capacidad de iniciativa. La Unión Europea muestra una creciente dificultad para marcar la agenda estratégica global, limitándose con frecuencia a reaccionar ante dinámicas impulsadas por terceros (EE. UU., Rusia y China). Lo que se manifiesta, en primer lugar, por una limitada autonomía en la mediación de conflictos; segundo por su dependencia estructural de marcos externos para la gestión de crisis, motivado en buena parte por el hecho de que la mayoría de sus miembros pertenecen también a la OTAN, organización que incluye a su vez Estados no pertenecientes a la Unión (Canadá, EE.UU. y Reino Unido); y en tercer lugar, una cierta marginalidad en algunos escenarios decisivos como son las regiones Indo-Pacífico y Eurasia.
- Fragmentación interna y debilidad del centro de decisión. Esta dinámica se manifiesta por una suerte de renacionalización de intereses estratégicos, lo cual genera bloqueos recurrentes en asuntos relacionados con la política exterior, y la de seguridad y defensa. Además, a pesar de la supuesta integración en un espacio único sigue habiendo importantes divergencias estructurales Norte-Sur y Este-Oeste. Todo ello limita la capacidad de los centros de decisión para imponer la necesaria coherencia estratégica.
- Vulnerabilidad en áreas críticas. Las principales vulnerabilidades de la UE en este campo se manifiestan principalmente en la dependencia que tiene en los siguientes campos: energía, tecnología (incluida la relacionada con la Defensa), y capacidad de disuasión Esta situación reduce la libertad de acción, a pesar de que se cuenta con capacidades económicas muy relevantes.
- Crisis de legitimidad y desvinculación social. Esta situación se manifiesta fundamentalmente por la preocupante desafección ciudadana hacia el proyecto europeo, por el ascenso de discursos euroescépticos y por la pérdida de consenso sobre valores fundacionales cuando entran en conflicto con intereses nacionales inmediatos. Lo anterior, desde la lógica de la seguridad estratégica, es un multiplicador de vulnerabilidad.
- Condición de “actor bisagra” sin control del tablero mundial. La UE ocupa geográficamente, al igual que lo hacia el Imperio Otomano, una posición central, en la medida que es un espacio geográfico clave entre EE.UU., Rusia, Oriente Medio y África; situación que le confiere una alta exposición a fenómenos externos adversos (migración, energía, conflictos, etc.). Sin embargo, su poder e influencia en los campos político y estratégico no se corresponde con la centralidad de la geopolítica europea.
En síntesis, la UE no se corresponde en puridad con el Imperio Otomano en decadencia de los años 20’s del pasado siglo, pero sí corre el riesgo de ocupar el rol de un actor estructuralmente poco relevante, estratégicamente condicionado y políticamente fragmentado, en un entorno de competencia entre grandes potencias. Su principal debilidad no es el declive material, no en vano es una de las principales potencias económicas mundiales y con una importante influencia sociocultural, sino la incapacidad para transformar su poder potencial en poder estratégico coherente.
Consideraciones sobre el liderazgo en el nuevo orden mundial. Nivel dinámico
En el nivel dinámico confluyen una serie de factores generadores en sí mismo de situaciones de crisis y, en ocasiones, de verdaderos entornos de caos, transformando las tensiones latentes en inestabilidad efectiva. Además de lo que se conocen como amenazas híbridas, es precisamente el liderazgo y los mecanismos de gobernanza global los que influyen directamente en el preocupante debilitado marco normativo internacional. Dejaremos las primeras para un estudio posterior y me centraré en las instituciones y los responsables políticos de las grandes potencias.
Los tres actores principales del orden mundial en nuestros días tienen en común su distanciamiento con los principios democráticos sobre los que han girado las democracias occidentales. El presidente de Estados Unidos es de hecho alguien ajeno al propio “establishment de la política”, se trata de un empresario que ha llegado a ese cargo en buena parte como consecuencia del desafecto de la población hacia los partidos políticos tradicionales. Sus manifestaciones se asemejan a los estándares populistas en los que la propaganda de la mano de las redes sociales forma parte de su discurso, cuya principal orientación se centra en la polarización, que el caso de la principal potencia mundial se manifiesta no solo en el interior, sino a nivel global. Por otra parte, atendiendo a la gestión de crisis, en la mayoría de las ocasiones recurre a soluciones simples y binarias, la persecución de migrantes en el interior del país mediante un uso indiscriminado de la fuerza, la provocación en la ruptura del vínculo transatlántico para presionar a Europa, o la amenaza a anexionarse o controlar territorios alegando una supuesta seguridad nacional, por citar algunas situaciones que forman parte de la actualidad de nuestros días.
Si nos referimos al caso de Rusia, se podría afirmar que su presidente se identifica con el paradigma del liderazgo tóxico, en la medida que produce efectos negativos en el medio y largo plazo. Bajo un la apariencia de un régimen democrático se encierra una férrea dictadura que aspira a recuperar el poder que otrora tuvo la Unión Soviética. A pesar de la anexión de Crimea en 2014 y la invasión de Ucrania en 2022 la política internacional rusa no responde exactamente a un Estado revisionista de su statu quo, sino que sus actuaciones tienen su origen en el deficiente proceso de independencia ucraniano en 1991, así como consecuencia y efecto de la ampliación de la OTAN hacia el Este en el marco de lo que se conoce como “dilema defensivo”. Pero sea como fuere los mecanismos de gobernanza del gobierno ruso son los propios de una dictadura y están al margen del más mínimo respeto a la normas internacionales.
Finalmente, el liderazgo chino difiere de los dos anteriores, no se ajusta ni al populismo trumpista, ni con el abuso sistemático de poder del régimen ruso. De hecho, China se ha convertido en una economía de mercado en el marco de un régimen autoritario que sigue enarbolando en sus símbolos y gobernanza la tradición comunista. El crecimiento económico y tecnológico del país le ha llevado a ampliar el control de los recursos y los mercados, lo cual le ha llevado a tener una presencia creciente en importantes zonas de América y África de la mano de instrumentos asociados al poder blando. Paralelamente, ha incrementado de manera exponencial sus capacidades militares en las últimas décadas, lo que unido a su desarrollo tecnológico le convierten en una potencia militar de primer orden.
Al referimos a la gobernanza global es necesario hacer una breve referencia a la Organización de las Naciones Unidas, la cual, a los efectos de este estudio, presenta dos grandes debilidades. La primera es su propia estructura, extraordinariamente compleja, cuyo principal órgano de decisión es el Consejo de Seguridad (CSNU), un órgano colegiado de 15 miembros, de los cuales 10 son elegidos por la Asamblea General por un período de dos años y 5 permanentes (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Francia). El hecho de que estos cinco miembros permanentes del Consejo tengan derecho de veto hace que sus resoluciones sean en muchas ocasiones ineficientes o simplemente no vean la luz, máxime si nos referimos a la seguridad, campo en el que el Artículo 24 de la Carta le atribuye al CSNU la responsabilidad exclusiva de autorizar una intervención militar.
Otra debilidad manifiesta es la inmensa burocracia de la organización, lo que influye negativamente en la gestión de las diferentes crisis. A lo anterior se podría añadir, el impacto negativo que supone para la gobernanza global el hecho de que sus políticas se hayan rendido en buena parte a la cultura woke. Consecuencia de todo ello, unido a la preeminencia de los intereses nacionales de las potencias sobre los asuntos globales, hace que el nuevo orden global se mueva al margen de normas internacionales.
Como conclusión a esta segunda parte podríamos definir el contexto internacional en el que nos encontramos de acuerdo con las siguientes características:
- Un Mundo caracterizado por una globalización descentrada, en el que los intereses nacionales de las grandes potencias tienen preeminencia sobre las agendas globales, lo que genera, entre otras consecuencias, que la tradicional anarquía del sistema internacional se manifieste por una peligrosa desvinculación del marco normativo.
- Un orden multipolar desequilibrado, en el que los actores del sistema tienen diferente grado de poder en los distintos ámbitos: político, militar, económico, tecnológico, etc. En este entorno complejo conviven tres potencias con un gran poder militar y una marcada intención de aplicarlo, con otros poderes económicos y culturales que los limitan y contienen, y un tercer grupo de países que influyen en la estabilidad del sistema.
- Unas sociedades desideologizadas, dónde los tradicionales modelos de pensamiento han sido sustituidos por la propaganda y la desinformación. Causa y efecto de esta condición ha sido que la fractura ideológica que caracterizó la segunda mitad de la pasada centuria ha dado paso a una fractura en el desarrollo, lo que algunos autores denominan el Norte y Sur globales para referirse a los países desarrollados y los que no alcanzan ese nivel, respectivamente, lo que se traduce en un sistema mundo centro-periferia que abordaré en la siguiente parte.
[1] En el momento de acometer este estudio, Irán se encuentra en una crisis de consecuencias impredecibles, en la población afgana se ha levantado contra el régimen teocrático de los ayatolás y Estados Unidos ha amenazado con una intervención militar.
[2] Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Se trata de una iniciativa de integración política, económica y social impulsada en 2004 por Venezuela y Cuba.

















