Escribo estas líneas con el corazón apretado y una decepción que no me cabe en el cuerpo. Yo soy un hombre sencillo, una persona de campo que tuvo que dejar sus estudios muy pronto porque en mi casa el trabajo no esperaba. Durante años, fui el escudo de mi madre; fui el único varón que se ponía en medio cuando mi padre venía bebido y la violencia estallaba. Por protegerla a ella, terminé siendo yo quien tuvo que abandonar su hogar bajo amenazas.
Pero mi lucha no terminó ahí. El COVID estuvo a punto de sacarme de este mundo y me ha dejado muchas secuelas que arrastro cada día. Llevo dos años viviendo solo, enfrentando el silencio y una depresión que se me mete en los huesos por no tener con quién hablar ni quién me dé un apoyo de verdad.
Después de casi cuatro años esperando una cita con el psiquiatra, ayer por fin iba con la esperanza de que alguien me escuchara. Buscaba un taller, un grupo de apoyo o simplemente un consejo profesional para superar mis problemas. Pero en lugar de ayuda, recibí una patada. El médico, siendo hombre como yo, me dijo que «abandonara mi pueblo» y, cuando quise explicarme, me amenazó con ponerme cosas malas en mi ficha médica.
Lo más triste es que ni siquiera me dio una solución nueva: se limitó a decirme que siguiera con la misma pastilla que ya me receta mi médica de cabecera. Me tuve que ir humillado, con el alma rota y sintiendo que me trataban como a un estorbo. Es increíble que sintiera más humanidad por parte de la secretaria que del propio médico; ella se preocupó más por cómo estaba yo que el profesional que debía curarme.
¿Por qué nos falta tanta humanidad? ¿Por qué el sistema prefiere darnos una pastilla que un espacio para hablar?
Hermanos, escribo esto para que no nos callemos más. El silencio y la soledad nos están matando. No dejen que nadie les amenace por querer expresar su dolor. Si el médico no te escucha y te desprecia, no te rindas. Somos gente trabajadora y valiente, y aunque ayer me hayan dado la espalda, sigo aquí para decirles que no están solos. Necesitamos apoyarnos entre nosotros para evitar que más hombres caigan en el pozo de la depresión. Merecemos respeto y justicia, no amenazas.
ESTE MEDIO OS DA VOZ: CUÉNTANOS TU PROBLEMA
Como corresponsal de este medio, mi compromiso es con todos vosotros. No quiero que ningún vecino más tenga que pasar por este desprecio en silencio.
Si estás pasando por una situación injusta, si el sistema te da la espalda o si simplemente necesitas que alguien escuche tu historia, este es tu espacio. Pongo mi labor de corresponsal a vuestra entera disposición. Mandadme vuestros problemas y vuestras vivencias; aquí tenéis una voz amiga para denunciar lo que está mal y para que nos apoyemos como la comunidad que somos.
¡Es hora de romper el silencio!




















1 comentario. Dejar nuevo
[…] El Grito De Un Superviviente Y Una Mano Tendida A Nuestros Vecinos, el Atril de Jose María Sarria […]