Fecha De Caducidad

La última estadística publicada por el INE señala que la esperanza de vida de los españoles está en 84 años, algo que debiera ser motivo de satisfacción para los jóvenes, ya que tal circunstancia es la garantía que ofrece pertenecer a una sociedad avanzada, donde la longevidad es consecuencia de una cultura basada en un alto nivel cultural, formativo y educativo.

Si esta estadística no la confecciona Tezanos, sería garantía de rigurosidad, seriedad y fiabilidad. Algo que a mí personalmente me pone en guardia porque si fuere cierto, tengo los días contados.

Tan contados, que no sé si me dará tiempo a despedirme brindando con un cava con los que tienen la santa paciencia de leer mis cuitas literarias.

Incluso me voy a hacer una analítica completa, para dedicarle un recorte de mangas a los acostumbrados desastrosos resultados que me atormentan desde hace varios lustros. Tengo la esperanza, aunque sea a título póstumo y fruto de últimas voluntades, obtener unos resultados maravillosos, con índices bajísimos de colesterol, ácido úrico, bilirrubina, PSA, azúcar, etc. etc.

Resulta curioso como este notable aumento en la expectativa de vida, no ha eliminado el temor a envejecer, ya que los ancianos españoles nos sentimos malqueridos, maltratados, e incluso rechazados por esta nueva sociedad «antiyayos», que sólo valora la juventud y la imagen, negándose a aceptar la implementación de políticas específicas que garanticen la normalización de un hecho inevitable como es hacerse viejos dignamente.

Ahora comemos y bebemos mejor que nunca, pasamos más horas en los centros de salud que en la ermita del santo, y nos ponemos finos en los bufés libres de los hoteles del IMSERSO. Además, es raro el día que no nos tomamos unos vinos con la peña, hacemos pilates, taichí, yoga, bailamos bachiatas y reguetones y nos vamos de merendola al hogar del pensionista…

La gerontofobia, por contra, ha abducido a una parte de la sociedad que nos ven a los viejos como un lastre, un estorbo y una pesada e insufrible carga. No sé porqué, pero ciertos políticos llegados del activismo de tumbona nos tienen ojeriza.

Para una parte de esta nueva sodomizada sociedad, la vejez es una rémora insoportable.

Sinceramente, no sé de donde ha sacado esta gente este odio enfermizo contra nosotros los veteranos que sólo cobramos lo que pagamos en impuestos durante más de cuarenta años.

Existe una obsesión patológica en esta sociedad entregada al culto al cuerpo y escaso ejercicio intelectual, manteniendo a toda costa una actitud hostil contra la experiencia, la sapiencia, la seriedad, el rigor, el espíritu de sacrificio y la más absoluta credibilidad.

Este nuevo grupo social con su hábitat natural enmoquetado y decorado al estilo salón de té, nos considera improductivos, sin darse cuenta que ellos en la dirección que caminen se encontrarán con todo lo que hemos hecho los viejos para que ellos se sientan cómodos viviendo del cuento.

Hospitales, autovías, universidades, pantanos, puertos, aeropuertos, puertos, tejido empresarial, ganadería, agricultura, flota pesquera, red de ferrocarriles… es nuestro legado.

Más de veinte millones de trabajadores de todo tipo de ideologías salen cada mañana de sus casas a ganarse la vida y pagarnos las pensiones y prestaciones sociales y estos sí, éstos pagan impuestos religiosamente, porque muchos de ellos conviven con sus abuelos.

Los ancianos no solemos ser muy derrochones, más bien parcos en el vestir, sobrios en el comer y muy comedidos en el recreo, aunque gritemos porque estamos sordos, nos demos contra las farolas porque somos miopes y arrastramos los pies porque no nos funcionan las rodillas, ni las caderas tampoco.

Sigan los antiyayos añadiéndoles años a la vida, a ver si con suerte, con mucha suerte llegan a viejos y su actitud se humaniza, se serena y dulcifica, hasta el punto de no sentirnos amenazados por los energúmenos de turno.

A veces llego a casa pleno de felicidad, satisfacción y alegría al verme protegido, mimado y respetado por jóvenes que al cruzarse conmigo me ceden el paso, su asiento y su acera, acompañado de una mirada de ternura.

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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