Despues de miles de años los humanos seguimos creyendo que somos los Amos del Universo, más aún, los Reyes de la Creación.
Seguimos empeñados en buscar nuestros ancestros, incluso llegar a descubrir el momento exacto de nuestra aparición dentro del amplísimo periodo del Homo Sapiens.
Tarea que representa una pérdida de tiempo, a no ser que llegue alguien y se invente una nueva y descabellada teoría que deje obnubilado al mundo.
Lo que los antropólogos no tienen claro es que del Homo Eréctil hayamos pasado al Homo Estéril sin haber tomar algún elixir fabricado por Pfizer, Moderna o Janssen.
Hay teorías que aseguran que esta metamorfosis se llevó a cabo durante más de 315.000 años, vamos, qué no fue cosa de un día para otro.
Dicen insignes investigadores, que los primeros vestigios del homo sapiens se hallan en Marruecos, algo que tiene visos de verosimilitud, al ver cómo nos han invadido por tierra, mar y aire, en lugar de haberlo hecho con Argelia, Mauritania o el Sáhara.
Otros científicos aseguran que el homo sapiens se modernizó hace 165.000 años… Total, puestos a poner años…
Los que gozan de mayor prestigio creen que las causas que propulsaron la mutación del hombre del Neandertal, al monocelular de nuestros días, fue una serie de cataclismos llegados por el cambio climático antes de Zapatero, (A de ZP), El Bambi que susurraba al viento y cantaba nanas a Maduro.
Entre la alimentación natural de la prehistoria y la comida basura de hoy, el cerebro de los humanoides se ha ido degradando hasta ocupar parlamentos, senados, congresos, hemiciclos, cámaras altas y bajas, donde han fijado su hábitat natural como reserva protegida.
Los estudiosos del Hombre de Atapuerca aseguran, tras realizar diferentes pruebas de ADN, que muchos de los actuales políticos tienen la misma capacidad cerebral que nuestros antecesores los primates.
Aseguran que aquellos Homos Sapiens tenían como única fórmula para sobrevivir, la de entregarse a soñar con una pata de mamut, mientras que el Homo Necius actual sueña con un jamón de Jabugo.
Y es que donde esté un chuletón de dinosaurio a la leña y finas hierbas, que se quite una hamburguesa de McDonald’s con churretones de salsas asquerosas.
Dada mi extraña propensión a la vida contemplativa, he llegado a la conclusión que los que se creen más listos duermen como angelitos, a alita suelta, sin la insoportable presión de su reducido intelecto; que a los ángeles les damos una trompeta y tan felices, chifla que te chifla.
Sin embargo, a los actuales Homos Politicaes, cada vez les resulta más complicado pensar, hasta el punto, que el más leve ejercicio intelectual les provoca fuertes jaquecas.
Me da la impresión que gran parte de las nuevas generaciones han perdido la facultad de soñar para en su lugar entrar en trances de sopor.
Ahora, entre los móviles, los botellones, las pastillas y ciertos sahumerios, la gente pasa de estar hipnotizada por las nuevas tecnologías, a estar groguis por los vapores.
Ahora la gente no sueña, se muere durante horas como si estuviesen en un coma profundo.
Creo más en aquellos homos erectus de hace 315.000 años, que en los humanoides actuales.
¿De cuándo un neandertal, un homínido, un homo sapiens o un troglodita, iban a pasarse la vida votando a los más vagos de las tribus neandertales…?
No me imagino hace 315.000 años dirigiendo la Península Ibérica a homínidos como Rufián, Yoli, Puigdemont, Mónica, Baldoví, Otegui, Puente, Montero, Mazón… y demás neandertales aparecidos después del cambio climático de (A de ZP) Antes de Zapatero.
Voy a aprovechar el tirón para publicar parte de mi tesis sobre el «Hombre del Cromañón y los políticos contemporáneos» en alguna cátedra low cost de universidad en oferta.

















