La entidad postal rinde homenaje a una de las grandes voces de la narrativa española de posguerra con una emisión especial de 65.000 unidades dentro de su serie dedicada a la literatura.
Madrid. — Correos ha anunciado el lanzamiento de un nuevo sello conmemorativo dedicado a la escritora barcelonesa Ana María Matute, reconociendo así su brillante trayectoria y su posición como una de las figuras cumbres de la novela y el cuento del siglo XX en España. Con esta emisión, que forma parte de la serie filatélica ‘Literatura’, la entidad rinde tributo a un referente generacional cuya obra sigue cautivando a lectores de todas las edades.
El sello postal, que ya se encuentra en circulación, cuenta con una tirada de 65.000 unidades y un valor facial de 1 euro. Ha sido impreso mediante el procedimiento de offset en papel estucado, engomado y fosforescente, con unas dimensiones de 28,8 x 40,9 mm y una presentación en pliegos de 25 efectos. Las piezas coleccionables e impositivas pueden adquirirse en la red de oficinas de Correos, en la plataforma Correos Market, o a través del Servicio Filatélico de la institución.

Una infancia marcada por la soledad y la guerra
Nacida en Barcelona en el verano de 1935, de padre catalán y madre castellana, Ana María Matute creció a caballo entre la capital catalana y Madrid. Aquella temprana sensación de desarraigo forjó en ella una infancia solitaria en la que los libros se convirtieron en su verdadera escuela y su refugio vital. Fue en ese aislamiento inicial donde comenzó a gestarse su vocación; con tan solo diecisiete años escribió Pequeño teatro, su primera novela, aunque su publicación se retrasaría once años.
La Guerra Civil interrumpió de golpe la seguridad de sus primeros años de vida. Este acontecimiento no solo despertó en ella una rebeldía natural frente a las injusticias esenciales de la existencia, sino que guió de forma indeleble el carácter de toda su producción literaria, consolidando un profundo compromiso ético hacia las personas más débiles y vulnerables de la sociedad.
«Para Ana María Matute la escritura no era una elección, sino una condición: su forma de estar en el mundo»
El realismo lírico de los “jóvenes asombrados”
El reconocimiento del gran público y la consagración literaria le llegaron en 1959 al alzarse con el prestigioso Premio Nadal por su obra Primera memoria. En esta novela quedaron firmemente asentados los grandes ejes temáticos que transitaría a lo largo de su carrera: la soledad, la incomunicación, la huida y la evasión, siempre combinando con maestría el crudo realismo social de la posguerra con una atmósfera lírica, mágica y profundamente simbólica.
Matute formó parte activa de la célebre Generación del 50, un grupo de creadores marcados a fuego por el conflicto bélico al que ella misma bautizó poéticamente como los “jóvenes asombrados”. En este colectivo de miradas lúcidas y desconcertadas ante el mundo compartió época y complicidades con autores de la talla de Juan Marsé, Carmen Martín-Gaite o Rafael Sánchez Ferlosio.
Un legado imprescindible hasta el final
Títulos inolvidables como Los Abel, Los niños tontos o la monumental fantasía medieval Olvidado rey Gudú configuran una de las obras más singulares e indispensables de la literatura española contemporánea. Este extraordinario genio narrativo la llevó a ser nombrada académica de la Real Academia Española (RAE) en 1996. Posteriormente, su carrera fue galardonada con las máximas distinciones de las letras hispanas, como el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2007 y el Premio Cervantes en 2010.
Hasta sus últimos días, antes de su fallecimiento el 25 de junio de 2014, Ana María Matute mantuvo intacta su mirada lúcida, su sonrisa irónica y un entrañable sentido del humor en cada una de sus apariciones. Pese a ser un pilar fundamental de las letras, siempre restó importancia a su propia figura, demostrando que para ella la literatura era, ante todo, su necesidad biológica y su manera de habitar la realidad.
















