Hay iniciativas públicas que van mucho más allá de ofrecer formación: devuelven la ilusión, la autoestima y la confianza en el futuro.
Los talleres de empleo que impulsan Labora, en colaboración con el Ayuntamiento de Villena, son un claro ejemplo de ello, especialmente para quienes llevamos más de un año en situación de desempleo.
A mis 57 años jamás imaginé que acabaría aprendiendo un oficio como la albañilería, precisamente uno de los más demandados en la actualidad.
Reconozco que al principio sentía cierto vértigo. Empezar desde cero, salir de la zona de confort y enfrentarse a un trabajo físico imponía respeto. Sin embargo, cinco meses después puedo decir que ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida.

El excelente ambiente que reina en nuestro grupo de diez personas —cinco hombres y cinco mujeres— ha sido fundamental. Estudiamos y trabajamos codo con codo, ayudándonos mutuamente y compartiendo el esfuerzo diario.
Como ocurre en cualquier equipo, alguna vez surge una diferencia de opinión, pero esos momentos son la excepción. Lo que realmente predomina es el compañerismo.
Quiero destacar especialmente la labor de nuestro docente, José. No solo transmite sus conocimientos con una claridad admirable, sino que cuando toca «sudar la gota gorda» siempre es el primero en dar ejemplo.
Ese liderazgo se gana con hechos. Mi agradecimiento también al director del taller, Miguel, al resto del personal y a los compañeros de los demás talleres de empleo, que contribuyen a crear un entorno humano y profesional extraordinario.
Durante estos meses hemos trabajado en lugares tan diversos como la Protectora de Animales de Villena, el Mercado de Abastos, los parajes de Las Cruces y San Bartolomé, o el colegio Príncipes. Cada actuación deja una huella en la ciudad y otra, aún mayor, en quienes la realizamos.

Quiero reconocer el esfuerzo de mis compañeros y compañeras: Ana, Isa, Tere, Elena, Lola, Miguel, José Luis, Fernando y Marco. A pesar de las altas temperaturas y de nuestra escasa experiencia inicial, todos estamos demostrando compromiso, ganas de aprender y orgullo por el trabajo bien hecho.
Ojalá estos talleres de empleo no solo se mantengan, sino que las administraciones continúen apostando por ellos. Porque no son un gasto: son una inversión en las personas, en el empleo y en el futuro de nuestra sociedad.
Firmado: Un alumno del taller de empleo de albañilería.




















