Un Otoño Incandescente

Como ocurriera en los últimos años, nos encontramos con otro otoño incandescente y una sociedad mucho más dividida, crispada y desorientada, donde ocho millones de nuevos ciudadanos están imprimiendo una nueva forma de vida en nuestro país. 

Esos ocho millones de nuevos ciudadanos necesitan más viviendas, más servicios sociales y mayores inversiones.

Ha nacido una nueva sociedad con nuevos valores, encargados de cambiar los principios de una nación de recia implantación cultural.

No hemos tenido más remedio que admitir, no sé si por resignación, por capitulación o por imperativo, una incuestionable realidad, que no es otra que tener que tragar con esta nueva corriente que nos quiere hacer creer que nos hallamos ante un nuevo país de gobiernos frágiles, débiles y entregados a una parte de la ciudadanía que campa a sus anchas imprimiendo una zafia anarquía, una burda acracia y un rancio libertarismo.

Parece evidente que gran parte de la sociedad se halla a la deriva, desmotivada y apática , además de haber cambiado Cultura por ordinariez, elegancia por desaliño, respeto por ruindad, educación por desorden y seriedad por insolvencia.

Tal vez sea consecuencia de la desesperanza de unas generaciones con un futuro incierto, un presente devastador y un destino tenebroso.

De aquellos tiempos donde dicen los nostálgicos que todo fue mejor, a esta actualidad donde, todo va a peor, sólo hay algo que parece incuestionable y es que todo es fruto de los intereses partidistas que ejercen unas parcelas de poder grotescas, burdas, chuscas y deprimentes. 

A unos les beneficia la consideración de cuanto peor, mejor y a otros, cuanto más indigencia mental más fácil resultará la gobernabilidad.

Aquella España que no hace mucho era un referente europeo y mundial, paradigma de progreso, desarrollo y expansión, ahora se encuentra en pleno declive, siendo que los más pesimistas se atrevan a afirmar que está en caída libre, en plena hecatombe. 

Algunos sociólogos aseguran que España empieza a tocar fondo y una vez hundida se pueda iniciar una reflotación, una regeneración y resurgimiento, que sin ningún duda costará años de sangre, sudor y lágrimas. 

Es la vieja fórmula, primero derriban y luego reconstruyen, primero hacen la guerra para después firmar la paz. Primero aguantar la tempestad, para de inmediato disfrutar de un periodo de bonanza. 

El político de siempre, es decir, el político trasnochado, se apoya en el comodín  de la demagogia más barata, irrisoria y ensoñadora. 

Y como ya viene siendo tradicional, este otoño que acaba de nacer nos traerá una nueva inestabilidad y si todo sigue con la tónica de los últimos años, seguiremos endeudándonos hasta que de pronto todo salte por los aires y aparezca el fantasma de la quiebra y posterior rescate.   

Al final se instauró en España la celebración del 15M, con celebraciones cada cierto tiempo, como se festejan los mercadillos medievales, siendo que el panorama no puede ser más desolador con un Congreso cercado, una Plaza Mayor tomada, Ceuta invadida, un país sin presupuestos, una enseñanza deprimente, una sanidad colapsada y unos políticos con el más bajo nivel de la historia.  Y como consecuencia el fantasma de unas elecciones generales que paralizarán España… si antes no se produce un estallido social guiado por los depredadores que están al acecho.   

Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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