Aún no nos hemos quitado de encima el temor que nos produce declarar nuestra tendencia ideológica y doctrinal, en prevención de la iracunda reacción de los eternos intolerantes.
Este miedo lo mantenemos desde aquellos años en los que la ideología nos venía impuesta desde arriba, no permitiéndonos más doctrina que la que administraban los sables.
Por no remontarnos al Siglo XVI donde la despiadada Inquisición campaba por sus horrores con las llamas de las hogueras siempre prestas.
Y en ello seguimos, porque el brasero sigue encendido con las incandescentes ascuas ocultas en apacibles cenizas.
Hasta hace más de medio siglo ser de izquierdas estaba mal visto, porque después de una dictadura declararse contrario al pensamiento oficial constituía una temeridad y una provocación extremadamente peligrosa, sin darnos cuenta que las dictaduras carecen de ideología.
En España no se permitían partidos políticos y por tanto los ciudadanos no eran ni de izquierdas, ni de derechas, se obedecía al mando establecido, o se apechugaba con las consecuencias.
Tras la muerte del General, Adolfo Suárez fue nombrado Presidente del Gobierno por el Rey Juan Carlos I, el 3 de julio de 1976, sucediendo al dimitido Carlos Arias Navarro, señalando un momento clave en la transición española hacia una democracia un tanto peculiar.
Por esto Suárez fue el primer presidente elegido democráticamente tras la aprobación de la Constitución en 1978 y la celebración de elecciones generales un año antes representando a la UCD.
Primero la UCD y después el CDS, fueron unos híbridos nacidos con la intención de amortiguar cualquier tendencia política.
Decían de la UCD, que era como las ranas, que no son carne, ni pescado.
Tras un periodo de adaptación y ya con Felipe González de presidente del Gobierno durante más de doce años, empezó las izquierda provinciana y rural a salir del armario, hasta normalizar su libertad condicional, ya que aún quedaban vivas ciertas secuelas en una sociedad todavía reprimida, desconfiada y temerosa en ciertos ámbitos.
Han tenido que pasar muchos años para que aquella situación de rechazo a las gentes de izquierdas, se revierta ahora en lo contrario, siendo que ser de derechas es lo que actualmente está mal visto.
Es la ley del péndulo consecuencia de este comportamiento bipolar tan hippi, donde pasamos del rosa al amarillo en un santiamén.
Se ha pasado de insultos como los leninistas, bolcheviques o trotskistas de ayer, a los fascistas de hoy.
Del rojerío de ayer, al facherío de hoy.
Del teórico y académico comunismo de ayer, al más puro capitalismo de hoy, pasando a ser una mafia perfectamente estructurada envuelta en ideas añejas y desfasadas.
Resulta que los españoles seguimos mostrando esa maldita intolerancia que no permite que la gente abrace la ideología que le venga en gana y la pueda pregonar a los cuatro vientos sin experimentar un miedo cerval, y sin tener que dar explicaciones, ni pedir perdón por pensar diferente.
Desde 1939 al 2026, han pasado exactamente 87 años y las cosas siguen igual… Tal vez peor, porque los biznietos de aquellos aguerridos luchadores, no luchan hoy para sobrevivir, sino para dar rienda suelta a sus ataques biliares y viscerales que es donde se fragua el odio.
Si alguien nos preguntase a qué ideología obedecen Trump, Maduro, Putin, Sánchez, Macron, Xi Jinping, Meloni, Feijoo, Puigdemont, Aitor Esteban, Corina Machado, o la mismísima reina… ¿Qué responderíamos? ¿Son de izquierdas el PNV o JUNTS? ¿Son de derechas CC o UPN? Seguramente no llegaríamos a ninguna conclusión.

















