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Camas Calientes

Al final han conseguido crear una sociedad domada, obediente, entregada, sumisa y silenciosa.
Una sociedad insulsa, perdida, abatida, confundida y resignada.
La casta ya campa por sus respetos, atreviéndose a producir todo tipo de desmanes, abusos, tropelías y traiciones, a sabiendas que en la calle hay varias generaciones sin esperanza.
Los menores de treinta años no se permiten soñar tener una vivienda en propiedad, porque ya saben diferenciar sueños de utopías.
Los jóvenes empiezan a plantearse la posibilidad de compartir piso resucitando la cultura de la comuna, o aquella España de las camas calientes.
Encontrar trabajo bien remunerado y pagar menos de mil euros por el alquiler de un estudio, supone una manifiesta pérdida de tiempo.
Alguien les robó el presente a los jóvenes hipotecando su futuro.
Y en la calle ruido, mucho ruido… Los partidos políticos dando tumbos, unos medrosos por no meter la pata, aguantando el tipo hasta las elecciones, otros ofreciendo el oro y el moro, el resto a verlas venir esperando que los llamados periodistas de investigación encuentren basura en los contenedores controlados por las cadenas de televisión.
Sánchez acunado en tablas, Feijoo en su mundo virtual. Los comunistas «made in Spain» en desbandada como pollos sin cabeza. Los separatistas luchando por no separarse. Los nacionalistas aferrados a la ubre patria y los camorristas muertos de miedo porque no les den un vergazo en las nalgas mientras destrozan el mobiliario urbano.
A todo esto Felipe, Letizia, Leonor y Sofía se muestran complacientes con el pueblo con los que se hacen selfies para la posterioridad y Mohamed aprovecha para mandarnos cien mil de los que se quedarán veinte mil.
¿Negatividad? ¿Resignación? ¿Conformismo? ¿Desesperanza…?
Es el más crudo realismo sufrido por una sociedad pluradisima, en callada efervescencia, esperando ver el resultado tras la hecatombe. Es la consecuencia que sufre el perro flaco al que todo se le vuelven pulgas.
De lo que no hay dudas es que pesar de todo España es Grande, muy Grande. Tan grande que hasta se permite la osadía de tener sus más abyectos enemigos en casa.
Enrique García-Moreno Amador
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