El patrullero Formentor acoge el arriado solemne de la Bandera de España en el Club Náutico Santa Pola

El ocaso de ayer fue el escenario de un acto cargado de simbolismo y tradición marinera: el arriado solemne de la Bandera de España desde la cubierta del patrullero Formentor, amarrado en las instalaciones del Club Náutico Santa Pola.
Con el mar como telón de fondo y los últimos rayos de sol del día, la ceremonia rindió homenaje a uno de los símbolos más representativos de nuestra nación. Durante el arriado, la Bandera española, roja y gualda, recibió los honores correspondientes con la interpretación del Himno Nacional, en un acto que evocó el respeto, la disciplina y los valores que forman parte de la tradición de la Armada.
El arriado de la Bandera constituye un acto diario en todas las unidades militares y representa la finalización de la jornada. En las unidades de la Armada, esta ceremonia va seguida tradicionalmente del toque de Oración, una llamada solemne al recogimiento y al recuerdo.
La Bandera de España tiene una larga trayectoria histórica. Fue instaurada por el rey Carlos III en 1785 para distinguir a los buques de la Real Armada, con el propósito de que pudieran identificarse claramente en el mar. Posteriormente, en 1843, durante el reinado de Isabel II, fue elegida oficialmente como Bandera Nacional.
También el Himno Nacional está ligado a la tradición histórica de la Monarquía española. Su origen se encuentra en la Marcha Granadera, que fue declarada Marcha de Honor por el rey Carlos III.
La ceremonia celebrada en el Club Náutico Santa Pola permitió contemplar, en un entorno eminentemente marinero, una tradición que trasciende el protocolo militar. El arriado de la Bandera es, cada día, un gesto de respeto hacia España, su historia y quienes sirven a la nación.
Un acto sencillo en su ejecución, pero profundo en su significado, que al caer la tarde volvió a unir mar, tradición y sentimiento de pertenencia.
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