Lo mejor que podemos hacer los españoles para valorar lo que verdaderamente representa España es viajar al extranjero.
Poniendo distancia entre España y nosotros veremos con claridad lo que en realidad somos y tenemos.
Dicen que el conocimiento potencia los afectos, aceptando de esta manera el adagio de que nadie ama lo que no conoce.
Al viajar se nos despierta la necesidad de comparar todo lo de fuera con lo de dentro y eso es bueno, aunque corramos el riesgo por nuestra condición de los sempiternos quijotes, de los insatisfechos y de los que envidian hasta la enfermedad de los demás.
Viviendo fuera veremos con claridad las diferencias establecidas de nuestras infraestructuras y las de los demás, como carreteras, aeropuertos, puertos marítimos, estaciones de ferrocarril, con todo lo que hay por esos lugares que tenemos idealizados y nos mantienen obnubilados gracias a promociones cinematográficas de marcada propaganda subliminal.
Si viajamos por Europa observaremos la auténtica calidad de vida que disfrutamos los españoles, nuestras salas de cine y teatro; nuestros restaurantes, bares y cafeterías, con una oferta gastronómica envidiable y unos precios que nada tienen que ver con los que hay por ahí…
Comparar nuestra oferta cultural nos conduce a descubrir que tenemos unos museos considerados de los mejores del mundo…
Comparar nuestras formidables playas, hoteles, deportes de nieve con unas estaciones de invierno impresionantes, es colocarnos a la vanguardia de cualquier país…
Comparar la excelente sanidad española con cualquier otra sanidad, es comparar lo sublime con lo mediocre… Sólo hay que darse una vuelta por EEUU y ver la gente como se muere sin ayuda en el país más rico del mundo…
Comparar el ocio, la diversión y la fiesta, con la triste realidad de una Europa sobria, sombría y a media luz, es poner a España en la cúspide de la modernidad.
Comparar nuestras gestas deportivas con los mejores clubes del mundo, es no querer ver como el fútbol, baloncesto, balonmano, wáter polo, natación, tenis…, no tienen competencia con aquellos países a los que tanto admiramos.
Si hablamos de orden y seguridad, estamos a años luz de las capitales más deslumbrantes del mundo, siendo las más seguras.
Y mientras tenemos la inmensa fortuna de haber nacido en un país como España, unos apátridas, traidores, palurdos mediocres y aprovechados, en lugar de largarse con viento fresco a sus envidiados, soñados y ansiados paraísos, se quedan aquí como perversos dinamiteros enganchados a la gran ubre.
Estos antiespañoles no se largan a esos paraísos bolivarianos, de velos y turbantes, de mandarines o aquellas repúblicas bálticas, donde todo es «maravilloso», «plenas» de libertad, justicia y camaradería.
Esos aprovechados cobardones que se aferran como energúmenos a una ubre ajena, llevando bajo el brazo un cóctel molotov para reventarla después de hartarse a mamar…
Esos que nos prohíben gritar Viva España, para ellos gritar vivas Panchos Villas, Zapatas, Castros, Marx y Lenin… Y ya de paso intentar convertirse en repúblicas, caseríos, masías, hórreos y barracas como respuesta a un mundo en el que se están derribando barreras y fronteras.
Y siendo que España no es de los países de mayor corrupción en Europa, ni de los más endeudados, ni de los de mayor paro, ni de los mas bajos en rentas per cápita… Más bien todo lo contrario, seguimos escupiendo hacia arriba.
Y como apunte a tener muy presente, cien millones de visitantes en 2025 nos han dejado más de 300 mil millones euros
Entonces… ¿Cuál es nuestro Talón de Aquiles?
- Un sistema educativo fracasado y en la actualidad inexistente.
- Un sistema electoral nefasto incompatible con la Democracia.
- Unos medios de comunicación insoportables manejados por el poder establecido.
- Una tasa de natalidad bajo mínimos que acabará con una cultura milenaria.
- El dominio de las minorías sobre una mayoría silenciosa, apática y ausente.
Es decir, el fracaso estrepitoso de los peores políticos de la Historia.

















