«Hay distancias que el corazón no entiende. Durante años, los más de 8.000 kilómetros que separan Panamá de Biar se desvanecían cada mes de mayo por una sola razón: la voz de José María Molina devolviendo la tradición a las Espías. El pasado 11 de mayo, tras una vida cruzando el Atlántico para recitarle a ‘la Mahoma’, José María se despidió de su cargo de versador. Hablamos con él sobre la emoción del último verso, la nostalgia de la distancia y el legado que deja en las fiestas de Moros y Cristianos.»
Tradicionalmente, el papel del versador requiere templanza y picardía. Sin embargo, este 11 de mayo era tu última vez. ¿Cómo lograste equilibrar la emoción de la despedida con la responsabilidad de clavar los versos en un día tan señalado?
Hasta la entrada a la plaza fué como todos los años, concentrado y organizando los «versets». En la plaza ya fué diferente.
Cuando estabas ahí arriba, junto a «la Mahoma» y con la plaza abarrotada ¿Cómo viviste el momento de mirar a «la Mahoma» y al pueblo de Biar en tus últimos versos oficiales? ¿Hubo algún momento en el que costara contener la emoción?
En la plaza ya pensaba que no iba a volver a tener esa vista privilegiada. Ese mar de cabezas que se voltean cuando suena la pita. pero se contuvo la emoción, se tenía que continuar. En el momento de recitar el verso de mi despedida, fue el punto de quiebre.
Cuando terminaste la representación y el pueblo rompió a aplaudir conociendo que era tu retirada, ¿cuál fue el primer pensamiento que te vino a la mente?
Ya hemos terminado. Se acabó una larga etapa como versador de la Mahoma.

Pasar del clima y la vida caribeña de Panamá al aroma a pólvora y la música de las bandas de Biar debe ser un choque cultural y emocional tremendo. ¿Cómo es ese proceso de «aterrizar» y transformarse en el versador en cuestión de días?
Ya vienes preparado, ya traes dos meses oyendo música festera y viendo videos de fiestas. Viendo el pregón y el concierto y lo que encuentres por internet. El problema es a la hora de hacer los versos, esa kilométrica desconexión hace que tengas que informarte y prepararlos en un tiempo muy corto.
Si echamos la vista atrás muchos años… ¿Cómo te llegó la oportunidad de ser el versador de «la Mahoma»? ¿Qué significó para ti asumir un cargo en un acto tan antiguo y singular?
Hace más de 40 años, Cristobal Payá «Payano» era el versador y cuando se retiró nos ofreció a la familia «dels Coletoros» el cargo de versador. Recordar que al principio del siglo XX el manco de la Coletora era versador y por eso pensó en nuestra familia. Primero salió mi hermano Mateo y yó participé en un baile de las espias infantil que prepararon para el medio año festero. Tras eso se decidió que yo fuera el versador y mi hermano el «consumeta» (apuntador).
De tan joven, no te das cuenta de la importancia del cargo pero con el paso de los años te haces más responsable y comprendes el verdadero significado del puesto.
Los versos de las Espías tienen sátira, humor y mucha crónica local. ¿Ha cambiado tu forma de interpretarlos o de conectar con el público a lo largo de los años?
Si. La evolución y la redacción de los versos han cambiado mucho desde que comencé. Sería impensable redactar ahora con el mismo estilo que hace 40 años. También el humor ha cambiado mucho, ahora somos menos tolerantes.
Te retiras del cargo, pero la tradición continúa. ¿Qué consejo le darías a la persona que asuma el testigo de ser el próximo versador en las Espías?
Yo espero estar en el consejo de redacción de los versos y aportar mi experiencia. Mi consejo? Tranquilidad. Tú llevas el ritmo y la velocidad.
El año que viene, cuando llegue el 11 de mayo y la comitiva de las Espías empiece a moverse, tú ya no estarás en el carro. ¿Cómo te imaginas viviendo ese momento desde la barrera? ¿Crees que la nostalgia te dejará disfrutarlo?
Me imagino que estaré más nervioso que el versador. Ya lo veremos.
Si esta entrevista fuera una carta de despedida para todos los biarenses y festeros, ¿qué palabras te gustaría dejarles a todos?
Pues lo que dije en mi despedida, Agradecer a todos los que me han ayudado y pedir disculpas a los que pude ofender.
Y terminamos con la popular frase con la que termina todos los años el versador :

La Mahoma de Biar
menja rollets i fogasses
se l’emporten a Villena i
l’unflen a remolatxes».



















