Siento ser tan frío, pero cuando hay datos, comportamientos repetidos en el tiempo y tendencias en la gestión… tenemos una forma de trabajar asentada y clara. Las cartas están sobre la mesa y los datos no engañan, después de varios años se demuestra un hecho evidente, al señor Bragarnik no le interesa el proyecto deportivo sino la compra venta de jugadores que le reporte un beneficio económico personal. Este hecho absolutamente legítimo desde el punto de vista empresarial, obvia a una masa social, un sentimiento y una pasión centenaria, pero queramos o no, tiene una evidencia en la sala de mandos, un propietario que busca hacer negocio con la mínima inversión, apelando a la diosa fortuna cada temporada con una planificación más enfocada a unos números de ventas que a una masa social que con tanta ilusión renueva su abono año tras año.
Tras el partido contra el Rayo, se vieron de nuevo las evidencias deportivas de un proyecto que naufraga: un entrenador sin experiencia en primera y esclavo de un sistema que lo estrangula y que no sirve para ganar partidos porque quieres jugar como el Barça con jugadores que no son los del Barça. Se aprecia una falta preocupante de recursos en jugadas ensayadas, dominio del tempo de los partidos, alternativas tácticas y variantes posicionales en los partidos de fuera… pero tenemos Sarabia para dos años. Con todo esto y viendo los precedentes y lo poco que le importa al señor Bragarnik hacer las cosas con normalidad para tener un cierto equilibrio deportivo, no podemos más que pensar en los oscuros nubarrones que se ciernen sobre el Martínez Valero. Hay que reconocerle que ha saneado la entidad, pero una vez que el Elche toca el cielo con cierta solvencia económica es incomprensible como se debilita el equipo y año tras año vendiendo tus mayores activos y poniendo un triste techo de cristal al proyecto deportivo demostrando la teoría de que no es el proyecto competitivo sino la compra venta de jugadores lo que atrae al inversor argentino.
Creo que al Elche le falta el alma que tenía antaño para no ser simplemente una empresa. El fútbol va más allá de las estadísticas y los números económicos porque arrastra un sentimiento multitudinario de veinticinco mil fieles que sufren y viven esta pasión. La entidad no cuida a su masa social, ignora a sus peñas, vive de espaldas a los aficionados y lo vuelca todo a las ganancias empresariales que no son malas pero sin esas señas de identidad que lo hicieron grande. Es el fútbol moderno y los espectadores formamos parte de un decorado para comercializar el producto en otros países soportando en ocasiones insolaciones y condiciones meteorológicas inaceptables cuando no horarios incompatibles con la vida laboral o familiar. El fútbol ya no es lo que era y ser seguidor de un equipo no cuenta para nada.
Esperemos que el Elche pueda ganar los partidos de casa, apelar a la suerte y lograr una permanencia que nos vuelva a traer un nuevo año de sufrimiento con los mismos mimbres y el mismo entrenador. “Si quieres cosas diferentes no hagas lo mismo” a no ser que seas Christian Bragarnik.



















