Para intentar comprender cual es nuestro desordenado «Afán de titulitis a nivel Uni» en comparación con el resto de países europeos, es bueno conocer que el total de estudiantes matriculados en el sistema educativo español supera los 11 millones de estudiantes, incluyendo más de 8 millones en régimen general no universitario y cerca de dos millones en la universidad en el curso 2025-2026.
También resulta interesante conocer que los estudiantes de Grado y Ciclo representan el 80% de los alumnos matriculados, los de Máster el 15% y los de Doctorado el 6%.
Si seguimos al pie de la letra la estadística, comprobaríamos como el número de universitarios es el doble que los de Formación Profesional, lo que nos dice que el sistema es un auténtico despropósito.
En los países más industrializados del mundo, en los más avanzados y prósperos, se establece que la FP sea la Enseñanza más solicitada, con nueve de cada diez alumnos.
Como resultado digno de análisis, el número de universitarios en España es el mayor del mundo.
Y siguiendo con esta variopinta estadística, podríamos añadir otro dato, y es que la formación de un universitario en España supera los 100.000 € per cápita, resultando que en nuestro país tengamos a los parados más titulados, que no formados, de toda Europa. Titulados, pero con escasas probabilidades de trabajar en sus especialidades.
Los licenciados en Derecho, Psicología, Pedagogía, Humanidades, Periodismo o Magisterio; así como los de Arquitectura, Química, Física, Veterinaria etc. tendrán que buscarse la vida lejos de sus titulaciones.
Invertir 70 mil millones de euros en formar universitarios que no encontrarán trabajo de su nivel y especialidad, es el mayor despilfarro que un pais pueda permitirse. Todo, sin contar con los extranjeros que vienen a graduarse en nuestras universidades públicas con un simple certificado de residencia, a coste cero.
¿Dónde y porqué falla el sistema? ¿Quién es el responsable de esta situación?
Indiscutiblemente, y no sé en qué orden, la Sociedad, la Administración y las leyes educativas.
La Sociedad, porque tiene la creencia que a la FP van los malos estudiantes y la Universidad porque da prestigio, cuando lo que en realidad ofrece en muchos casos es desengaño y frustración.
La Administración, porque no ha sido capaz de ofertar las plazas que verdaderamente necesita nuestro mundo laboral y económico en las distintas licenciaturas o grados ofertadas.
Y las leyes educativas, por no dotar a los centros de una eficiente, rigurosa y efectiva orientación escolar, donde desde la Enseñanza Primaria se vayan orientando a los alumnos a los diferentes estudios con arreglo a sus capacidades, actitudes, aptitudes y destrezas.
Desde luego, lo último que se debiera hacer es propiciar que los alumnos promocionen de curso y de nivel con asignaturas pendientes, bajando los contenidos y comprimiendo los cursos académicos para luego alargarlos a base de másteres carísimos.
Y para colmo, hace unas fechas, la estadística destaca que un tercio de los alumnos que cursan estudios universitarios abandonan sus estudios durante la carrera.
Muchos países empiezan a no homologar nuestros títulos universitarios, mientras que la FP ha sido abandonada a su suerte, recogiendo el testigo las instituciones privadas con títulos académicos low cost y elevadas tasas.
Pero no hay que desdeñar el aspecto positivo, ya que como consecuencia de todo puede servirnos en una terraza un psicólogo, cobrarnos en el supermercado un politólogo, despacharnos embutidos un periodista, servirnos un chocolate con porras un arquitecto, arreglarnos un grifo un pedagogo, conducir el autobús un abogado, peinar nuestro perro un historiador y vendernos una entrada para el cine un filólogo…
Un lujo que no sabemos valorar los españoles.
Al final nos encontraremos con graduados universitarios condenados a vivir acinados en vivienda tipo comuna, viviendo en el domicilio materno hasta los 35 y sin ninguna posibilidad de formar una familia, que para eso ya están los inmigrantes que dicen ser todos ingenieros.

















