Toda la vida tachando días de calendarios de pared, ocultando meses, pasando años, restándole semanas al tiempo en busca de etapas que nos conduzcan a la nada…
Sumando pasados, anhelando viernes, añorando domingos, esperando sábados, temiendo lunes…
Buscando mañanas inciertos, destruyendo devaluados presentes, mirando de reojo al ayer, temiendo recordar tristes pasados…
Y un día, de pronto, sin avisar, en una de esas visitas rutinarias, el médico nos anuncia el final poniendo fecha a la vida, hipotecando el futuro, destruyendo el presente…
Un futuro donde llegar a mañana es un susurro, un suspiro, una ilusión, una quimera…
Y justo en ese momento, el que marca la lectura de un tac, de un análisis, una eco o una simple radiografía… dejamos de tachar días, de rayar semanas, de pasar meses, de consumir años…, porque el tiempo ha iniciado su parpadeo anunciando el fin…
Sí, se acabó el tiempo de vino y rosas… De efervescencias y presunciones… De tedios y de monotonías. De sueños y despertares. De pesares y desengaños.
Porque ella, la vida, nos contiene a nosotros, sabiendo que nosotros no contenemos al tiempo, que es él quien contiene todo…
Y de improviso aquel calendario de pared se queda inerme, porque no hay nadie que tache sus contados días… Porque no hay nadie que acote sus semanas. Porque el encargado de rasgar las hojas de los meses se niega a arrancar el último paisaje, creyendo que así detiene al tiempo…
Pero como siempre ocurre, de nuevo se produce el regalo de alguien que un año más nos regala el efímero almanaque de pared con la pretensión de regalarnos un año más.
El calendario pleno de paisajes nos anuncia una nueva ilusión, un atisbo de esperanza, una oportunidad más…
No sé si valdrá para algo, pero a este nuevo calendario mural no le tacharé los días, ni le borraré semanas, ni le arrancaré hojas, sólo lo miraré con embeleso cada instante… Como si fuese hoy el más feliz de mi vida, como si hoy empezase de nuevo a voltear hojas, a enmarcar de rojo ese día tan especial que añadir a nuestra historia. Una historia donde al principio y al final fuimos invitados de piedra.


















1 comentario. Dejar nuevo
[…] El Almanaque Como Testigo De Cargo, el Atril de Engamora, presidente del Ateneo de Ocaña […]