Hablar hoy de crear un BANCO ESTATAL para pymes autónomos y particulares: es una respuesta lógica, necesaria y urgente a un sistema financiero español cada vez más concentrado, menos competitivo y progresivamente desconectado de la economía real.
En las últimas dos décadas, España ha pasado de tener decenas de entidades financieras a un oligopolio bancario en manos de cinco grandes grupos. Este proceso, justificado en su día como inevitable para “ganar eficiencia”, ha tenido consecuencias claras: menos competencia, peores condiciones para los clientes y un acceso al crédito cada vez más restringido para pymes, autónomos y familias.
La banca privada tiene una función esencial: canalizar el ahorro hacia la inversión productiva. Sin embargo, hoy la gran banca española solo busca beneficios y dividendos, y con el dinero de los depósitos ejecuta operaciones financieras especulativas, mientras reduce el crédito a quienes realmente crean empleo.
Las pymes y los autónomos—que representan más del 99 % del tejido empresarial español y generan dos de cada tres empleos— se encuentran con: (Tipos de interés elevados—Exigencias de garantías desproporcionadas—Cancelaciones de líneas de crédito en cuanto llega la incertidumbre—Cierre de oficinas y desaparición de la banca de proximidad.
Y los particulares, por su parte, sufren comisiones abusivas, desatención financiera en zonas rurales y una total falta de alternativas reales.
El argumento de que un banco público “distorsiona el mercado” es simplemente MENTIRA. Lo que distorsiona el mercado es la ausencia de competencia real. Un banco estatal bien diseñado no expulsaría a la banca privada, sino que la obligaría a competir, mejorando sus condiciones, como ocurre en los países más avanzados de nuestro entorno.
Alemania cuenta con la red de bancos públicos regionales (Sparkassen). Francia tiene Bpifrance. Italia dispone de entidades públicas de apoyo al crédito productivo.
Ninguno de estos países ha retrocedido por ello. Al contrario: su tejido empresarial es más resistente y su financiación más estable.
Uno de los grandes fallos del sistema actual es que la banca privada desaparece justo cuando más se la necesita. En cada crisis —2008, pandemia, inflación— el crédito se deprime, ahogando a empresas viables y a familias solventes.
UN BANCO ESTATAL PERMITIRÍA: Mantener el crédito en épocas de crisis—Financiar proyectos estratégicos a largo plazo—Apoyar la reindustrialización, la transición energética y la innovación—
Evitar rescates bancarios futuros pagados por los contribuyentes (El coste del último rescate bancario en España es difícil de precisar, pero las estimaciones varían entre más de 70.000 millones de euros (cifra del Tribunal de Cuentas) y superando los 100.000 millones de euros además de unas pérdidas consolidadas de más de 41.000 millones)
No se trata de regalar dinero, sino de invertir con criterios técnicos y de interés general, la rentabilidad social y la previsión de hacer crecer las empresas en el país que son la piedra caudal del crecimiento del PIB y del empleo en España
Un banco estatal moderno debe tener:
Gestión profesional e independiente—Auditorías públicas y control parlamentario—Objetivos de rentabilidad, pero también de impacto social y económico—Prohibición de uso partidista o clientelar.
Ha de ser definitivamente una herramienta al servicio del país, no del oligopolio
España necesita instrumentos propios para sostener su economía real. No puede depender exclusivamente de entidades privadas cuyo interés no coincide con el interés general.
Crear un banco estatal para autónomos pymes y particulares no es ir contra la banca, es ir a favor del país. Es devolver el crédito a su función original. Es impulsar empleo y el crecimiento.
NEGARSE SIQUIERA A DEBATIR ESTA OPCIÓN SOLO BENEFICIA A QUIENES YA CONTROLAN EL SISTEMA. Y ESO, SENCILLAMENTE, NO ES NEUTRALIDAD ECONÓMICA: ES UNA ELECCIÓN POLÍTICA.

















