Ha llegado el momento de decir basta. Basta de resignación, basta de confiar en promesas vacías y basta de aceptar que nuestro futuro dependa del capricho político del día. Los pensionistas no somos un problema presupuestario ni una partida ajustable: somos ciudadanos con derechos, y esos derechos están hoy en peligro real.
La Constitución habla del derecho a una pensión, pero no blinda su pago ni su revalorización y por supuesto no garantiza su pago, como una obligación intocable del Estado. Esa ambigüedad, mantenida durante décadas, es una bomba de relojería. Y el decreto ómnibus lo ha demostrado sin tapujos: para subir las pensiones conforme a la inflación subyacente hace falta el permiso del Congreso. NO ES UN TRÁMITE TÉCNICO, ES UNA ADVERTENCIA. SI HOY NECESITAN PERMISO PARA SUBIRLAS, MAÑANA PODRÁN NECESITARLO PARA MANTENERLAS… O PARA RECORTARLAS. (la inflación subyacente calcula la evolución de los precios de los bienes de consumo de un país, excluyendo de sus cálculos los precios de los alimentos no elaborados ni la energía, incluyendo, los combustibles).
Esto significa una sola cosa: las pensiones no están garantizadas. Dependen de mayorías parlamentarias, de pactos, de intereses partidistas y de cálculos electorales. Hoy te suben unos euros y te aplauden; mañana te congelan o te recortan y te dicen que no tienen otra alternativa. Y todo ello sin violar la Constitución, porque la Constitución no obliga de forma expresa y blindada al Estado a cumplir con su deber.
Los pensionistas no podemos seguir callados. No podemos aceptar que después de una vida entera trabajando y cotizando se nos trate como una carga. No podemos permitir que se juegue con nuestra dignidad ni con nuestra seguridad. El silencio nos ha hecho débiles; la resignación nos ha vuelto invisibles, la fidelidad a los partidos hegemónicos del país ha hecho que los pensionistas aleccionados sean el peor de los peligros que tiene la unidad del colectivo.
Es hora de organizarnos, de salir a la calle, de exigir, de presionar y de incomodar. De hacernos ver y oír en ayuntamientos, parlamentos y plazas. PERO SOBRE TODO NOS HEMOS DE CONCENTRAR ANTE EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS, No pedimos caridad ni favores: exigimos que las pensiones se blinden en el texto constitucional. Exigimos que el derecho a la pensión vaya acompañado de la obligación explícita, permanente y no negociable del Estado de garantizar su pago y su actualización conforme al coste real de la vida.
Nada cambiará si esperamos. Nada cambiará si confiamos en que “ya lo arreglarán”. La historia demuestra que los derechos solo se defienden cuando quienes los poseen luchan por ellos. Y este es nuestro momento.
Pensionistas de hoy y de mañana: levantad la voz. Hasta que las pensiones queden blindadas en la Constitución. Hasta que nadie vuelva a utilizarlas como moneda política. Hasta que se respete lo que es nuestro por derecho y por justicia.
UNAMONOS EN UNA SOLA VOZ, hagamos llegar al parlamento una iniciativa para que se convierta en ley y que de una vez por todas respeten los derechos de los que hemos levantado el país hasta conseguir el estado del bienestar actual. Pongamos nuestro esfuerzo en consolidar un movimiento social que si es necesario se encuadre en el seno de un partido político de pensionistas y busquemos una voz que nos represente a todos ante el gobierno de turno, porque precisamos que haya un consenso entre la derecha y la izquierda para salvaguardar los derechos de los pensionistas españoles


















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