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Sueños, Utopías, Fantasías E Ilusiones

Nos pasamos la vida tratando de encontrar la felicidad y no se nos ocurre otra cosa que buscarla en el gran bazar donde venden quimeras a precio de saldo.

Consumimos nuestra existencia buscando la felicidad en mundos donde reinan los altos standing, los elevados glamures y exclusivas clases Bussines, siendo que nuestra existencia se la debemos al soplo que dio vida al barro.

Y al final de nuestras vidas, al final del camino, hartos de buscar y no encontrar la felicidad en el poder, en las propiedades y en el dinero, nos damos cuenta que la felicidad la teníamos tan cerca de nosotros, tan íntimamente unida a nosotros, tan al alcance de nuestras manos, que no nos dimos cuenta que la felicidad la teníamos ahí sin saberlo.

De pronto nos dimos cuenta que la felicidad es tener ganas de reír y poder reír. Tener la necesidad de sentir y estar llenos de sentimientos. Tener la necesidad de amar y poder amar…

Tener sed y poder beber. Tener hambre y poder comer. Desear andar y poder pasear…

Tener ganas de hablar y tener con quien hacerlo, desear dormir y dormir plácidamente, soñando sueños y alcanzando nuevos amaneceres…

Tener ganas de acariciar y poder acariciar, desear pensar, recordar, escribir, comunicar, vivir… y poder hacerlo sin que nada ni nadie nos lo impida.

Disfrutar de lo que tenemos y no amargarnos con la angustiosa ansiedad de poseer lo que nunca tendremos, porque lo que no se puede, no se puede y además es imposible.

Incluso pudiendo descansar con el alma serena, con la conciencia tranquila, la paz en el espíritu y el corazón entibiado, mostramos una insoportable insatisfacción, porque habíamos confundido los profundos valores con banalidades superfluas.

La felicidad no consiste en la posesión de cosas maravillosas, ni de grandes goces, ni abundancias, ni…

Sólo necesitamos sentir con la levedad que marca la mesura el momento en que el alma se serena, el espíritu se sosiega y los sentires se dulcifican, para así poder entornar los ojos y mirar con embeleso la mirada rebosante de cariño de los nietos, el olor a hierba recién cortada o el delicado esplendor de las rosas tras el vivificante rocío…

Son esas pequeñas cosas que nos regala la vida a las que algunos damos un inmenso valor, porque es en ellas donde se encuentra la felicidad que mitiga el dolor, adormece el deterioro y libera tensiones.

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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