Una vez valorado toman una decisión, quizá más intelectual que emotiva, pero influenciada por el sufrimiento.
Mi sensación es que no quieren matarse, sino que no desean vivir con ese sufrimiento, y cuando no hay nada para evitarlo, la muerte es una solución.
Y aquí el sufrimiento no es únicamente físico, sino que también psíquico, pues no sienten que su vida sea la que desean, porque no existe solución y nada les llenan, y mucho menos quieren vivir resignados. No hay control sobre su existencia, no hay sentido que motive, puesto que el entorno arquitectónico está contra ellos, socialmente seguimos en una mal entendida compasión, se teme a la muerte, se antepone lo personal a sus necesidades y decisiones, y no respetamos la libertad aunque nadie sepa que es la vida. Comparamos sin entender, que cada vida es un mundo. Buscamos héroes, e ignoramos a lo humano.
Junto al dolor de una enfermedad incurable, que les deteriora físicamente y/o mental, aquella decisión intelectual se transforma en una decisión plena, lo emotivo e intelectual se sincroniza, el apego a la vida quiebra, y morir puede ser visto como liberación.
Ahí toman el paso de solicitar la eutanasia, sabiendo que otras personas decidirán si cumple unos requisitos, y pueden denegar, sufriendo más, aunque con el tiempo vuelvan a solicitarlo. O pueden considerar que si cumple los requisitos.
Ante esta decisión la voluntad de decidir cuándo y dónde le corresponde a ellos.
E intuyo que vivirán otro proceso, porque ahora no es una idealización, es una realidad, pueden morir cuando quieran.
En definitiva siempre pensé que morir no es fácil, y mis conversaciones con quién desea morir me lo confirma. Observo que no es frivolidad, y si una de las decisiones más meditada, que un ser humano toma.