Fecha De Caducidad

Tal vez haya sido el destino, la diosa fortuna o la Providencia quien nos ha permitido alcanzar el respetable estadio de la ancianidad con la dignidad debida.

Es por esto que lejos de mostrarnos tristes por haber perdido movilidad, destreza, agilidad y frescura, mostramos nuestra satisfacción por haber alcanzado un logro tan gratificante.

Aunque hayamos perdido vista, oído, olfato y gusto, la vida sigue unida a nosotros, fiel a su cita de seguir prorrogando amaneceres, aunque a veces dudemos de las intenciones que trae el nuevo día constituyendo atardeceres inciertos.

La vida siempre cobra el peaje establecido y se llevó nuestra niñez, la juventud y la madurez, y a cambio nos regaló sabiduría, paciencia, control, serenidad, prudencia, temple…, y no hemos salido perdiendo en el cambio…

A pesar de que se nos han arrugado las manos, retorcido los dedos, descolgadas las carnes y llenado nuestro cuerpo de arrugas, se nos permite de vez en cuando abrazar a los hijos, acariciar a los nietos y recibir de ellos la energía que nos falta y el calor que nos entibia un alma cada vez más destemplada.

Se nos despiertan nuevos sentires que naciendo de un corazón cansado van en busca del ánima que nos mantiene con vida.

Hemos aprendido a querer con la intensidad que nos dejaron los años y a cambio tuvimos que renunciar a la energía que nos reportaba la fuerza.

Hemos aprendido a tamizar el dolor, a templar nuestras emociones, a mitigar el sufrimiento y a relativizar los contratiempos y sobre todo, a hacer natural lo que nos parecía una tragedia.

Y cuando vemos las cicatrices que nos dejaron nuestro paso por los quirófanos, nos damos cuenta que son las condecoraciones por haber sobrevivido a nuestro continuo batallar.

Hay algo extraño que nos impulsa a descubrir un nuevo sentimiento que estando vivo se mantuvo en un plácido letargo, es el sosiego que nos otorga la gratificante vitalidad de sentirnos queridos, valorados, respetados y aceptados.

Es por esto que siempre estemos pendientes de una mirada amable, de una sonrisa que desprenda ternura, de un ademan que transmita paz y de un gesto que infunda seguridad.

No hay nada más gratificante que ir paseando sin prisas, sin un destino definido, sin un motivo concreto, sin una meta establecida…

Mas, de pronto, notar que nos cogen de la mano o del hombro y al girarnos, al mirar, ver al nieto, sentir a la nieta que sin previo aviso sintió la necesidad de proteger al abuelo de las manos deformadas y dedos dislocados.

Los viejos hemos tenido la inmensa suerte de sobrevivir a todas las adversidades conque la vida nos puso a prueba.

Nosotros no somos enfermos, somos supervivientes de mil enfermedades.

Estamos aquí porque hasta ahora las hemos vencido una a una, aunque sabemos que al final perdamos la última batalla, la batalla definitiva, incluso estando sanos. Es como los inhaladores que cuando se están agotando sale un espacio en rojo.

Nosotros los ancianos somos conscientes que estamos a punto de haber rebasado la oficial esperanza de vida y para que no nos coja de improviso, alguien nos debería enseñar la franjita roja que sale en los inhaladores.

Es como si desde el ministerio de asuntos sociales nos enviasen una notificación en donde nos apercibiesen por haber superado la esperanza de vida.

Tal vez por todo esto, tras un nuevo amanecer, experimentemos la sensación de haberle ganado una batalla más a la vida y esa victoria nos anime a mostrarnos inmensamente agradecidos.

Es como estar en el corredor de la muerte y al amanecer ser conducidos amablemente a tomar un nuevo desayuno.

No sé porqué, pero en estos momentos me acuerdo de esa pléyade de falsos ídolos que se arrogaron la tarea de pretender guiarnos por ese complicado mundo donde se mueven deidades de cartón piedra policromado, con el afán de dirigirnos la vida, manipular nuestros sentimientos y confundir nuestras ideas.

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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