Siempre se ha dicho que entre lo más importante por lo que luchar está la honra, la dignidad y el honor.
Y esto es justo lo que esta sociedad parece cuestionar, hasta el punto, que estos valores están pasando a mejor vida junto con la lealtad, la fidelidad y la sinceridad.
Son ciertos medios de comunicación y determinados grupos de poder los encargadas de dinamitar valores, para dar paso a la mediocridad, elementalidad, insolvencia, vulgaridad e inmadurez, que son en estos momentos las señas de identidad de esta gran comuna llamada sociedad.
Tal vez como resultado de esta realidad que muestra esta comparsa carente de valores, las instituciones están dejando de ser serías y ejemplares, para convertirse en organismos y entidades donde la vulgaridad y el descrédito campan por sus respetos.
Sólo hay que ver y oír a estos nuevos creadores de opinión, a estos intoxicadores sociales, a estos nuevos directores espirituales de rancias ideologías, cómo despliegan todas sus estrategias para crear un clima espeso, lúgubre, crispado y cenagoso. Y con este panorama se genera la anarquía y el desorden que es donde se apoya este híbrido de democracia made in Spain.
Resulta que después de haber pasado crisis económicas, pandemias, desastres naturales y guerras, hay quien dice que lo peor está aún por venir, porque estas guerras engangrenadas son el resultado de la actual degradación del género humano.
Y para incidir más en el cambio radical de esta sociedad están los manipuladores a sueldo, integrados en instituciones, organismos, asociaciones y clubes, que se muestran dispuestos a ejercer de dinamitadores a cambio de prebendas, favores, subsidios, subvenciones y gratificaciones.
Es como el peaje donde se camufla un descarado impuesto revolucionario que paga el sufrido ciudadano de a pié si no quiere sucumbir.
Y es que una gran parte de este magma social peca de una desesperante bisoñez, siendo extremadamente frágiles ante el empuje de todos estos elementos distorsionadores.
Hemos pasado de ser la generación mejor formada de la Historia a la más frágil, endeble, resignada, e inoperante de todos los tiempos.
Por otro lado estamos los que no nos mueven ideologías, doctrinas, ni alcanforados pensamientos, que sólo nos interesan los valores que adornan al Género Humano como tributo a pagar un alto precio por mantener nuestros principios.
Teniendo mucho cuidado con los «ismos» y los «istas», nos declaramos humanistas permaneciendo al más puro humanismo.
Y mientras se produce toda esta vorágine, esta confusión ideológica y esta carencia de valores, el naufragio de esta sociedad empieza a sufrir los efectos devastadores en un mundo fragmentado, confundido, desubicado y entregado. Estamos ante la tormenta perfecta a merced a una tempestad situada en el ojo del huracán.

















