Orgullosos de nuestra Historia

En esta ocasión hago un paréntesis en mi temática habitual sobre asuntos relacionados con la geopolítica y la seguridad internacional para compartir con ustedes un sentimiento de indignación. Trato de evitar la controversia política, a pesar del interés que me provocan los asuntos que de ella se derivan. Durante años he permanecido con absoluta imparcialidad dada mi condición militar; durante mis 35 años de servicio activo he ocupado puestos relevantes en los que he tenido que asumir no pocas responsabilidades, algunas de ellas de cierta complejidad y he tenido ocasión de tener una relación más o menos directas con gobiernos de distinto signo político.

Actualmente me encuentro en situación de retiro por edad y, en consecuencia, he recuperado la condición de expresarme con total libertad como cualquier ciudadano en un país en el que rige el Estado de Derecho, como supuestamente es España. Así pues, quiero desde este atril que me brinda la publicación El Consistorio Digital, romper una lanza a favor de la presidente de la Comunidad de Madrid, Doña Isabel Díaz Ayuso. El motivo de esta intención no es hacer un panegírico de sus políticas, lo que dejo al albur de cada lector, sino elogiarla por su determinación en la reivindicación del papel de España en México, obsérvese que omito intencionadamente la palabra conquista y que más adelante abordaré.

Lamentablemente esta firme actitud de la Señora Ayuso no solo ha tenido la reprobación del actual gobierno de México que preside Claudia Shienbaum, heredera del demagogo López Obrador y no menos populista que él, lo que al fin y a la postre era previsible. Lo realmente grave es que el gobierno de España y los grupos mediáticos afines han tomado partido para criticar a la presidenta madrileña, lo que, por cierto, parece ser su principal distracción.

Sin entrar en las muchas descalificaciones de las que ha sido objeto la Sra. Ayuso es la que se refiere a su supuesta intromisión en la política exterior española, responsabilidad exclusiva del gobierno de la nación, como es bien sabido por cualquier persona leída. Sobre esta infundada acusación me gustaría hacer llegar a los corifeos sanchistas unas consideraciones. La primera, es relativa a la falta de congruencia de la política exterior de su gobierno, la cual además de romper todos los consensos nacionales nos está situando junto a los líderes menos democráticos del mundo, como se pudo ver en la reunión que a finales de abril convocó en Barcelona a Petro, Silva o la propia Shienbaum, por citar algunos de ellos. La segunda consideración se refiere al diferente trato que concede a otros líderes en función de sus espurios intereses, ejemplo de ello la permisividad con los representantes políticos catalanes y vascos en sus frecuentes incursiones en los asuntos propios de nuestra política exterior. Y tercero, que en el caso de Ayuso no ha hecho ninguna manifestación que pueda inferir en la política exterior de España, su discurso ha sido manifestar una visión que comparten millones de ciudadanos a ambos lados del Atlántico y un derecho, al que como español me uno, cual es reivindicar nuestra Historia.

Cuando me refiero a los millones de mexicanos y españoles que se sienten orgullosos del legado español, lo hago con conocimiento de causa, no en vano tuve el privilegio de haber vivido durante más de diez años en México, país al que considero mi segunda Patria y con el que sigo manteniendo lazos inquebrantables de cariño y respeto. En ese tiempo he tenido ocasión de recorrer el país en su práctica totalidad y es impresionante comprobar la huella española en sus edificios, en su música, en su escritura, en fin, en su cultura. Un vestigio, por otra parte, cargado de mestizaje, de simbiosis entre lo autóctono y lo foráneo, algo que, a diferencia de otras potencias de la época, solo España tuvo la grandeza histórica de lograr, como fue la fusión de dos civilizaciones.

Sin embargo, la izquierda española y mexicana lejos de reconocer este hecho histórico han construido una memoria histórica tomando como referencia lo que se conoce como “leyenda negra” que no es sino una deconstrucción interesada de la Historia. En palabras de Juan Manuel Zunzunegui, solo desde el poder se puede imponer una visión y una versión histórica de todo un pueblo. Y es que en el México posrevolucionario se creó una leyenda de la conquista de tintes marxistas que, asumida por los sectores más reaccionarios españoles, hoy les llamarían progresistas –curiosa paradoja–, trasladaba la retórica del proletariado contra el explotador a la del indio contra el español.

Nada más lejos de la realidad, Hernán Cortés llevo a cabo una gesta histórica digna de ser reconocida universalmente cuando con apenas quinientos hombres y cincuenta caballos fue capaz de derrotar al poderoso imperio azteca que tenía sometidos a todos los pueblos mesoamericanos. Este hidalgo español causó fascinación en el emperador Moctezuma, con quien mantuvo una fraternal relación hasta su ejecución ordenada por Pedro de Alvarado en ausencia de Cortés quien había abandonado Tenochtitlán (la actual Ciudad de México) para dirigirse a Veracruz a combatir a las fuerzas que el gobernador de Cuba había enviado para capturarle.

De manera acertada Hugh Thomas en una de sus referencias más conocidas sobre México, expone que México fue conquistada por los mexicanos. No le falta razón, pues Hernán Cortés cuando llega a los pueblos limítrofes de la urbe azteca, en particular Tlaxcala, es consciente de la fractura que existe entre las poblaciones mesoamericanas y el dominio que sobre ellas ejercen los aztecas. Con una habilidad poco corriente es capaz de aglutinar tlaxcaltecas, olmecas y otras tribus contra el Imperio Azteca a quien finalmente derrotará, iniciando un período de casi tres siglos de presencia española en ese país.

Es importante precisar que la llegada de Hernán Cortés a Tenochtitlán supone el nacimiento de México, bajo el nombre de Nueva España hasta su independencia en el Siglo XIX que adoptaría este topónimo.[1] La Corona de España, fue especialmente sensible con el respeto debido a la población indígena, prohibiendo explícitamente la esclavitud, algo que otras potencias coloniales de la época como Inglaterra, Francia y Portugal, no solo no la prohibían, sino que la explotaban abiertamente. Sería absurdo negar que durante los años del Virreinato se cometieran abusos, sin duda se produjeron, pero también se realizaban en la metrópoli, y es que la Historia debe de ser juzgada con perspectiva histórica.

Volviendo a citar a Hugh Thomas, este autor nos refiere también que la independencia de México fue hecha por españoles y así fue, el mestizaje surgido en México fue el detonante del proceso de emancipación de ese territorio de la Corona española. El siglo XIX fue un siglo muy convulso en el México independiente que, tras un período de gran prosperidad que se corresponde con la dictadura de Porfirio Díaz, caería en una larga y cruenta revolución en la segunda década del pasado siglo.

Esta revolución que la historia mexicana quiere presentar como social, fue en sí misma una lucha por las oligarquías del poder, de hecho, pocos avances sociales se han visto en su población indígena a lo largo de ya más de cien años del régimen posrevolucionario y más de doscientos de independencia. Sin embargo, en los años 30 del pasado siglo, el entonces presidente filocomunista Lázaro Cárdenas impulsó lo que se podría asemejar a la construcción de la memoria histórica mexicana en la que la idea fundamental era llevar la lucha proletaria, característica de las revoluciones marxistas, a la lucha indígena, contando para ello con un personaje singular, el muralista Diego Rivera, quien fue capaz de transmitir esta ideología a un pueblo con un altísimo índice de analfabetismo.

Esta aberración histórica es asumida sin reparos por parte del exilio español que el presidente Cárdenas acoge en México tras la guerra civil española, surgiendo así una suerte de posverdad sobre el papel de España en México que parte de nuestra clase política no duda en explotar para justificar torticeramente estar en el “lado correcto de la Historia”.

Afortunadamente, hoy en día hay un sinfín de autores españoles y mexicanos que reivindican el papel de España en América, al citado Juan Manuel Zunzunegui, añadiría al mexicano Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, o a nuestro Ramón Tamames, por citar a algunos de los que más me han impactado. Autores que, a diferencias de otros, no dedican su obra a construir la memoria de la historia, sino que se centran en relatar con honestidad la Historia.

Así pues, desde estas líneas quiero manifestar mi orgullo por la valentía y rigor de Doña Isabel Díaz Ayuso por pensar en España. Y a los que la censuran recordarles que no ha invadido ninguna competencia que le sea ajena, a pesar de lo que nos quieren hacer creer, tampoco ha ofendido a ningún país ni gobierno, ella fue invitada a un acto institucional del estado de Aguascalientes, gobernado por el PAN (partido similar al PP) y tan solo hizo uso de  la libertad de expresión, bien supremo en cualquier Estado de derecho, para reclamar el respeto a la figura de Hernán Cortés y la herencia de los tres siglos de convivencia en la Nueva España. Desafortunadamente, este ejercicio de libertad no es entendido para los que el poder significa la sumisión incondicional a todos sus albedríos, condición en la que están plenamente identificados políticos como la citada Shienbaum y el propio presidente español.

[1] El término comenzó a consolidarse políticamente en el siglo XIV, cuando los mexicas fundaron México-Tenochtitlan en 1325. Tras la conquista española (1521), el nombre “México” pasó progresivamente a designar no solo la ciudad, sino también el territorio del virreinato y, finalmente, el Estado independiente surgido en el siglo XIX.

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Jesús de Miguel Sebatián

Analista Seguridad Internacional

Socio fundador de TWCI y experto en inteligencia estratégica. Con una destacada trayectoria militar internacional en Bosnia, Irak y Afganistán, ha sido Agregado de Defensa en México y directivo de seguridad en el sector privado. Actualmente es docente universitario y consultor especializado.

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