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Tragaderas

Acepto sin reservas que la inmensa mayoría de los ciudadanos estuvieron dispuestos a tragar lo que les impusieron los gobernantes de todas las épocas, por esa tendencia en convertirse en dictadores.
Bien es verdad que la diferencia entre ellos se encuentra en los distintos modos y formas de imponer sus voluntades, siendo que en la actualidad las órdenes se reciben edulcoradas con excipientes con sabor a democracia, hallándose como principio activo grandes dosis de dictadura, que aún sigue recortando nuestras libertades.
Es como los yogures con sabor a frutas, que no teniendo ni una brizna de fresa,o los venden con la imagen de un fresón en el envase.
Parece evidente que algunos conceptos han variado después de cincuenta años, como son las maneras y los modos, aunque al final, sin darnos cuenta, hayan cambiado cultura por ordinariez, elegancia por desaliño, respeto por ruindad, educación por desorden y seriedad por insolvencia…
Y de esta sociedad extraña han nacido nuevas necesidades sociales con dudosas políticas sanitarias, educativas, jurídicas y económicas, en teoría más humanizadas, cercanas y solidarias, como consecuencia del desapego de muchos gobernantes que anteponen sus intereses a los de los ciudadanos.
Parece que disfrutamos de una mayor formación, pero en realidad se ha impuesto la resignación, el conformismo, la satisfacción y una manifiesta falta de rebeldía. Y como ejemplo contemos el número de protestas sociales, huelgas generales y conflictos laborales que se han producido en los últimos años. Curioso ¿Verdad?
Soy de los que piensan que nada se produce por casualidad, por accidente o como consecuencia de un golpe de fortuna, más bien como producto de un plan muy bien diseñado.
Aquella España recién nacida a principios de los años ochenta, fue sin duda un referente europeo y mundial, además de paradigma de modernidad, desarrollo y expansión, y todo gracias a un pueblo con ganas de luchar, de pelear, de sacrificarse, de llevar a cabo una transición donde se jugaba la vida…
Ha bastado medio siglo para que todo esté en pleno declive, siendo que los más pesimistas se atrevan a afirmar que estamos en una trágica caída libre, en plena hecatombe, mientras que los mas optimistas admiten que estamos padeciendo cierta decadencia, en absoluto preocupante, puesto que así está medio mundo, recurriendo al dicho: Mal de muchos consuelo de…
Algunos economistas aseguran que España empieza a tocar fondo y una vez hundida se presente una reflotación, una regeneración y resurgimiento extraordinariamente complicado, tanto que resulte más barato mantenerla hundida. El problema es que si Europa estornuda España padece de neumonía.
En lo que muchos parecen estar de acuerdo, es que la nueva España, que sin duda aparecerá tras este insoportable letargo, será un sucedáneo, una réplica, una burda imitación de la que había en aquellos años de la transición.
La generación en la que me hallo morirá en plena decadencia después de haber alcanzado las máximas cotas económicas, industriales, y comerciales. Los años ochenta constituyeron aquello que llamaron el milagro español y hoy la gran debacle en esta preocupante actividad cíclica.
El problema se presentará cuando las generaciones que se encuentran a partir de los cuarenta años de edad se den cuenta que no podrán ni hipotecarse.
Les va a costar sangre, sudor y lágrimas tener que aceptar que la excepcionalidad sea lo cotidiano. Qué la anécdota sea la generalidad, la corrupción la tónica y el saqueo la costumbre.
Puede que los que están pilotando la nave no sean los mejores marinos, es más, tengo serias dudas de que ni siquiera sean marinos. Ahora bien, entre tener pésimos marinos y tener entre ellos un buen número de piratas, media el abismo a donde nos dirigimos.
Enrique García-Moreno Amador
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