Nunca dejarán de sorprenderme aquellas personas que estando desarrollando una determinada labor, de pronto son tocadas por una maligna y perversa bacteria que transforma a discretos y humildes ciudadanos en ruines, impertinentes, ridículos y groseros personajillos.
Es como la gran metamorfosis que sufren los batracios al convertirse de renacuajos en ranas, o esos insectos que pasan de ser larvas a deslumbrantes y efímeras mariposas.
He visto como la política transformaba a magníficos amigos en extraños seres, llenos de arrogancia, soberbia, y enfermiza egolatría…
Bien es verdad que muchos se tomaron su incursión en la política como una experiencia más en la vida, a veces gratificante, otros como el error más grande de su existencia.
En el transcurso de nuestra vida, seguro que nos hemos llevado desagradables sorpresas con amigos fieles, generosos, amables y leales; que de pronto fueron seducidos por otro político que le sirviera de trampolín para ascender en esa estructura piramidal que forman los partidos.
Cuantas amistades habremos perdido por culpa de este maldito mal que representa la política, o cuántos malentendidos hemos tenido que soportar…
Recuerdo a un matrimonio con el que nos unía una estrecha amistad, que de la noche a la mañana estalló en mil pedazos la armonía que exhibían, quedando deshecha la unidad familiar, siendo sus hijos víctimas de la transformación del progenitor metido a político.
En cierta ocasión asistí a uno de los mítines de un buen amigo, y al oír su frontal oposición a los valores que hasta entonces compartíamos, me produjo un desengaño atroz. Nunca pude imaginar semejante transformación por ser fiel a su partido y no a sus principios, ni a sus ideas.
La política le había inoculado una bacteria capaz de producirle una doble metamorfosis, es decir, de renacuajo a rana y de nuevo a renacuajo.
Y es que las mariposas duran tan poco, son tan efímeras… que a veces es tanto su afán de ponerse bajo los focos de la popularidad, que terminan abrasadas por la incandescencia de las lámparas.
¡Ay, el poder! ¡Con lo bonitas y gratificantes que es la humildad, la naturalidad y la moderación, auténticos valores de las personas corrientes!
La política suele reventar los valores que elevan al género humano para convertirlos en seres extraños a la Sociedad. Ellos quieren hacernos creer que están a nuestro servicio, cuando la realidad es justo todo lo contrario
Buscar en la política un modo de vida es como jugarse todo a la ruleta rusa. Es como buscar la santidad en Sodoma y Gomorra. Una luz en las tinieblas… Una aguja en un pajar

















