Recordar Y Olvidar Según Nos Convenga

Lo más curioso del Género Humano es su enorme capacidad para el olvido y al mismo tiempo su extrema necesidad de conservar sus recuerdos.

El olvido como autodefensa representa la forma más  cómoda de negar la realidad y de no afrontar problemas de conciencia. Al mismo tiempo que intentamos olvidar nuestros compromisos, la asunción de errores, nuestras deudas y sobre todo, nuestros sentimientos.

Se nos olvida agradecer las buenas acciones de los que nos rodean, al mismo tiempo que nos mortificarnos con ciertos recuerdos que deseamos olvidar como consecuencia de nuestras tragedias, de nuestros fracasos y múltiples errores.

Afortunadamente en el olvido tenemos esa válvula de escape, esa espita que nos permite evadir la presión, cuando ésta llega a esa tensión límite que precede al inevitable estallido emocional. 

Esa descompresión nos viene después de liberar la memoria, contribuyendo así a crear un nuevo espacio. 

Somos como esos smartphones, que cuando agotan la memoria tienen que liberar «recuerdos» por el peligro de quedar bloqueados.

Somos conscientes de que esos «olvidos» permanecen en el bidón de reciclaje de por vida, y por un extraño mecanismo, a veces incontrolado, volvemos a restaurarlos con mayor resolución, con mayor nitidez e intensidad…

En Psicología se estudia este fenómeno como el recurso que tenemos los humanos  para no caer en una desesperación que nos llevaría inevitablemente a la depresión, la locura y posterior autodestrucción.

¿A quién no le ha pasado haber quedado absolutamente bloqueado emocionalmente tras padecer un cúmulo de adversidades a las que no podemos dar respuesta? 

Y para podernos defender de ese tipo de recuerdos almacenados en nuestras memorias, tenemos la posibilidad de controlar toda esta cantidad de vivencias que nos martirizan, teniendo siempre limpia y dispuesta esa válvula de escape por donde liberar la tensión emocional que presiona nuestra conciencia.

Un adulto siempre tiene mucho más vida olvidada que presente.

Una de las definiciones de la Cultura es lo que nos queda después de haber olvidado…

Y si no fuéramos capaces de olvidar, sólo nos quedaría el recurso de atemperar nuestros malos recuerdos adormeciéndolos, o anulando infructuosamente la espoleta que los pudiera activar a través de placebos o lo que sería peor, ciertos alucinógenos y psicotropos que adormecen nuestro espíritu.

Lo bueno de nuestra memoria es que funciona como las placas de vitrocerámica, a fogonazos, ya que de funcionar de continuo se fundirán los circuitos. 

Lo peor son esas personas que no nos permiten olvidar para mortificarnos por placer, siendo esas personas las que suelen estar presas de una paranoia o de una maldad sin límites nacida del odio y de la venganza… Al final seremos nosotros el problema y el remedio al mismo tiempo…  

Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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