En la actualidad esta pinturera izquierda que está a la izquierda de la izquierda la conduce una élite que, viniendo de familias acomodadas, disfrutan de una vida confortable, se dedican a la contemplación y gozan de jornadas laborales light.
Resulta curioso como los dirigentes son, en su inmensa mayoría, universitarios becados por lo que ellos consideran la burguesía.
Son los rebeldes sin causa jugando a Ches Guevaras, Castros, Maos y Pasionarias, siendo en realidad unos aprovechados que piensan una cosa, dicen la contraria y hacen lo contrario de lo que piensan y dicen.
Es el viejo recurso de oponerse a todo para sacudirse los fracasos y relativizar los éxitos.
Ellos son excelsos teóricos y renegados prácticos, reyes de la utopía y príncipes de la ilusión.
Ellos saben que su supervivencia se basa en atraer a los desheredados, a los frustrados, burlados, cabreados, abusados desilusionados, decepcionados y desamparados.
Siendo que sus seguidores duran lo que les dura el infortunio, la mala racha y la necesidad.
Y para resolver la precaria situación de los demás se ofrecen como asaltadores de cielos, libertadores de pobres, arengadores de arrabal, defensores de causas perdidas y parlanchines de voz en grito, potenciados en altavoces a pilas y cucuruchos de papel.
Es vender la crispación y la gresca como modo de vida a cambio de poder desahogarse.
Estos que prometieron abolir la pobreza aplicando una sedación doctrinal con la atrofia que generan los cuidados paliativos.
Son los que cambian de denominación y marca, según les van conociendo su circunstancial clientela.
La gente ya conoce las artes, maneras y modos de esta izquierda que está a la izquierda de la izquierda. Que imita a las serpientes, que al hacerse grandes terminan por devorarse a sí mismas…
Si es que antes no salen corriendo al verse reflejada su imagen de señoritas y señoritos en las enormes cristaleras de sus bien pertrechados despachos de ministerios fantasmas bien provistos de bebercios y comercios.
Ellos, ellas y elles ya saben lo que significan abucheos, escraches, rechazos, descalificaciones y cajas destempladas en sus delicadas carnes, de nacaradas pieles, libres de las inclemencias de tiempo y de soles implacables…
Estos, que por todo equipaje cargan mochilas de lonetas revejidas, más vacías que sus historiales laborales y más deshilachadas que sus ideas.
Estos son los nenes, nenos y nenas, rebeldes de día, rebeldes de tarde y tiernos amantes nocturnos mientras ven Netflix con un cubo de palomitas.
Son los que se arropan con todas las banderas que les supongan ventajas menos con la española que es de la que viven.
Estos, que por el día vociferan en calles, plazoletas y campus de facultades en rebajas y por las noches duermen en serranas urbanizaciones y barrios guais.
Estos de izquierda que están a la izquierda de la izquierda son gentes que cuando vienen mal dadas se escabullen, se refugian en los brazos de sus churris duermen y esperan a que todo vuelva a la normalidad para continuar con sus desfasadas, plúmbeas, soporíferas, interminables e insoportables peroratas.
El problema radica en que la sociedad evoluciona y ellos siguen anclados en el Siglo XIX con Marx, Lenin y Engels serigrafiados en sus camisetas blandiendo sus puñitos en alto.
Como resultado ahí están las últimas elecciones celebradas en Extremadura, Aragón y CyL con las urnas vacías de votos y llenas de utópicas doctrinas.
Y es que este comunismo ya no es el comunismo que fue, por no ser no es ni su caricatura.

















