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Hablar con el alma

Se trata del «alma» misma, que tanto solemos decir «que tenemos»

 

No se trata de hablar con el corazón, como solemos entender esta expresión; se trata del «alma» misma, que tanto solemos decir «que tenemos»…

Anima, del latín, que significa aliento, soplo o vida… Se dice de «un principio vital que da vida». Bueno, en realidad son muchas las definiciones que se le han otorgado «al alma», pero yo tengo una confusión que trataré de exponer en este latido.

Por un lado, nos dicen que es la persona completa: su aliento, consciencia y cuerpo. Por el otro, «la esencia inmaterial y espiritual que otorga movimiento y consciencia»… casi la misma vaina.

Pero ahí está la confusión, cuando decimos: «Tienes un alma buena». O «pídele con el alma». ¿El alma somos nosotros o es «un paralelo» que anda «dentro de nosotros»?

¡Si el alma se nos sale, ¡juidero pendejo! ¿Nos salimos nosotros? ¿O nos vamos con ella? Es decir, para que no se me enreden con este latido, usted es el alma y está encarnada con el disfraz que le tocó, feo o bonito.

No lo estoy afirmando; sigo preguntando y hablando en voz alta. Si usted entiende que dentro de usted hay «una cosa rara» que lo hace funcionar, pero que no es usted, solo, digamos, la gasolina que lo empuja, entonces, ¿quién es usted si al morirse sale disparado hacia el cielo?

Usted es un ser espiritual atado por la gravedad y el peso de su cuerpo que, digamos, es la prisión que no lo deja escapar.

Toda «esa» especulación por un lado, pero la pregunta mía sigue siendo: si usted es un ser espiritual «bueno», ¿por qué actuamos tan desgraciados en la tierra?

¿Por qué tenemos tantas ambiciones que «sabemos» dejaremos botadas? ¿Es que acaso el alma se transforma en «otra cosa» cuando está en estado material, o no somos «esa famosa alma» que tanto nos fanfarronean las religiones, sino «unos bichos más» pululando por esta dimensión?

Si yo me pongo a conversar con mi alma, como muchos sugieren, «háblale al alma», ¿quién carajos soy yo?

Bueno, hasta aquí los dejo con este enredo que ya nos tiene mareados, «al alma y a mí»…

¡Salud!

Mínimo Almero.

¡Por cierto! Aún no me he fumado nada… Al ratito…

 

Máximo Caminero

Colaborador de «El Consistorio»

Artista plástico dominicano residente en La Florida. Su labor cultural navegar ya por más de treinta años entre la pintura y las letras. Sus escritos tocan temas filosóficos, políticos, cotidianos, anecdóticos o como a él le gusta llamar “Todas Las Puertas”. Autor del libro “Patricio, Todas Las Puertas” novela existencialista con pinceladas de humor y realismo mágico.

Tags: El Atril de Maximo Caminero

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