La Dictocracia

Los de mi generación pasamos media vida bajo la dictadura militar y la otra media bajo un régimen democrático, y eso nos hace fuertes, tanto, que los que solo pueden mostrar una mínima experiencia, tan fina como una capa de barniz desconocen que nuestra fuerza radica en la facilidad que tenemos de adaptarnos a las circunstancias.

En tiempos del General la Democracia era una Rara Avis con formato de asignatura de bachiller relativa a ciencias sociológicas y políticas, donde se enseñaban valores básicos inherentes a ciudadanos avanzados.

En 1975 llegábamos de un régimen militar al más puro estilo castrense, y de pronto, sin pasar por un periodo de descompresión, en 1978 abrazamos un renovado sistema político que constituyó todo un reto para quienes solo conocían el régimen del General, haciéndonos creer que la otra opción era Carrillo, El Campesino y La Pasionaria.

Hemos visto como en este medio siglo, nuestra particular Democracia la hemos ido adaptando al gusto ibérico, hasta captar a los distintos colectivos, partidos políticos y todos los estamentos de esta extraña sociedad.

Una parte de esta nueva ciudadanía cree que Democracia es sinónimo de libertinaje, anarquía y desorden y el otro fascismo retrógrado.

El sistema democrático anterior a 1939, correspondiente a la Segunda República no constituyó una magnífica experiencia.

Si analizamos con asepsia las distintas corrientes demócratas, vemos que está sucediendo exactamente igual con lo que se derivó del tronco que representaba el cristianismo.

Las religiones cristianas superan la treintena y todas pertenecen al mismo tronco, pero casi todas han sufrido una transformación, una adaptación, una modificación, una mutación al gusto del consumidor…

De entre todas ellas el catolicismo es el más extendido con 229 millones de creyentes en el mundo, de los que 30 millones se encuentran en España. Pero, ¿todos los católicos practican la misma religión? ¿Todos los que se dicen demócratas lo son?

Exactamente pasa con el comunismo español y sus 42 convergencias que Rufián quiere unificar siendo él independentista.

Pero volvamos a lo que resultó de aquella transición, donde el fin de la dictadura y la esencia de la Democracia casi se dan de bruces.

En 1978 los españoles teníamos una vaga concepción de la Democracia, siendo nuestro referente los EEUU, que se presentaban como adalides de una extraña democracia, tal vez como un sucedáneo. Un sucedáneo de calidad.

Y ahora, cincuenta años después, han aparecido colectivos con la vitola de demócratas. Jueces para la Democracia, médicos para la Democracia, Militares para la Democracia, Bomberos para la Democracia … Como si los que no formaran parte de estos colectivos no fueran demócratas.

No sé hasta qué punto resulta relevante que me juzgue un juez, me atienda un médico, me forme un profesor, me socorra un bombero o me proteja un policía, en función de que sean demócratas o no. Lo que sí exijo es que los políticos y las instituciones lo sean…

Mucho me temo que la inmensa mayoría sean unos insufribles dictadores, aunque no lo quieran reconocer.

Y es que nosotros los que hemos pasado media vida «sufriendo la dictadura» y la otra media «disfrutando la Democracia”, los denominados Dictócratas, nos obliguen estos desaprensivos a volver a la dictadura o por el contrario a aquellos ocho años de la Segunda República.

El tránsito de la dictadura a la Democracia fue un milagro extraordinario; lo que se atisba en estos momentos de regresar a una sibilina dictadura mediante el artificio que genera un sistema electoral caduco, una tragedia.

No sé por qué me viene en estos momentos una terrible duda, ¿Zapatero es demócrata?

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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