Un Gaditano y un Abulense, Fundadores de Les Fogueres De Sant Joan

De tierras tan ajenas a ninots y cremàs como lo son Cádiz y Ávila, tuvieron que encontrarse en Alicante estas dos personas para ser fundamentales en la fundación de les Fogueres de Sant Joan: a José María Py y Ramírez de Cartagena y Leandro Galán del Oso, de vidas absolutamente dispares, el destino les unió para un mismo fin, y sirvan estas líneas para reivindicarles en toda su extensión, pues ambos vivieron sus luces y sus sombras.

Comenzando con el principal de ellos, José María Py y Ramírez de Cartagena nació en El Puerto de Santa María en 1881, hijo del notario catalán José Py y Pujades y de la aristócrata andaluza Pilar Ramírez de Cartagena, duquesa de Tashara y marquesa de Valdehoyos. Aunque nunca hiciera ostentación del título nobiliario, José M.ª Py heredó la baronía de Rosta. Era, pues, de una familia de gran prestigio y linaje.

Entre 1896 y 1922 vivió en Valencia por traslado familiar, donde conoció a la que sería su esposa, Mercedes González y Gutiérrez, de nacionalidad cubana —motivo por el que fue desheredado del título—, con la que tuvo dos hijos y cuatro hijas. Sin gran entusiasmo por los estudios y sí por las relaciones humanas, especialmente de alto nivel haciendo eco de sus antecedentes aristocráticos, se conformaría con sacar plaza de funcionario de Correos. Según el investigador valenciano Javier Mozas Hernando, José M.ª Py era además pintor profesional, pues así consta en los padrones de 1915 y 1920.

Movido por esa vertiente artística, es obvio que se interesara por la fiesta de las Fallas, que entonces estaba en una importante fase de redefinición, convirtiéndose en un profundo enamorado de las mismas, hasta el punto de plantar por propia iniciativa, según algunas fuentes, hasta seis fallas, aunque Javier Mozas solo acredita dos de ellas, ambas en 1917 según documentación del Archivo Municipal de Valencia y prensa de la época: la de las calles Muñoz Degrain-Pollo y la de la plaza de Sant Bult, ambas sencillas, innovadora la primera y más tradicional la segunda, desconociéndose a ciencia cierta si, como afirman varios autores, perteneció a varias comisiones falleras, ya que de esa época no se conservan los censos falleros.

Cuando su padre trasladó la notaría a Alicante en 1922, José M.ª Py y su familia marcharon con él. Trabajó primero en la notaría paterna, situada en la primera planta del n.º 20 de la entonces plaza de Isabel II —actual de Gabriel Miró—, y posteriormente también en el edificio de Correos, en la misma plaza. Su residencia particular, una vivienda unifamiliar tipo chalet, estaba en la calle Plus Ultra, en el barrio de Carolinas, trasladándose más adelante al centro, en concreto al primer piso del n.º 36 de la avenida de Alfonso el Sabio.

El hecho indudable de su pertenencia a una familia pudiente, por la profesión de su progenitor, y aristócrata por la rama materna, nos descubre un talante conservador y católico. Su talante entusiasta y desprendido, unido a su enamoramiento por las Fallas, lleva a Py a comenzar a codearse y buscar apoyos en personajes acomodados de la sociedad alicantina, profesionales de prestigio, comerciantes, propietarios y artistas plásticos, para crear una fiesta de fuego similar en Alicante, pero centrada en la festividad de San Juan Bautista y el solsticio de verano, siguiendo la tradición ancestral del rito del fuego: la bautizaría les Fogueres de Sant Joan. Así, José M.ª Py se integra rápidamente en la sociedad alicantina y participa en las tertulias de la época, como las que se celebraban en el Casino de Alicante, la Asociación de la Prensa, el Hotel Samper, el Círculo Mercantil y, entre ellas, las que llevaba a cabo Alicante-Atracción, asociación que organizaba un programa de festejos populares y cuyo nombre se debía a su objetivo de «atraer» turismo a la ciudad, y en ese caldo de cultivo deja caer la idea.

Pero una cosa es una idea y otra muy distinta plasmarla en la realidad. Bien es cierto que encuentra rápidamente apoyo de personas acomodadas de la burguesía local, tales como los médicos Ramón Guillén Tato y Evaristo Manero Pineda, Juan Martínez Blanquer, que era el abogado de su padre, o el insigne militar José Caturla White, pero quien sería en muy buena parte el catalizador del éxito de José M.ª Py fue curiosamente otro forastero como él, el segundo protagonista de esta historia: Leandro Galán del Oso, que a continuación conoceremos. Antes, unos apuntes necesarios sobre los últimos años de Py.

Obviando las gestiones que llevaría a cabo para conseguir en 1928 las primeras Fogueres, con gran éxito, es de justicia dejar constancia de lo sucedido al poco tiempo. Cuando en 1930 se crea la Comisión Gestora de las Hogueras de San Juan, en buena lógica la presidió, aunque sería de manera fugaz, pues pasó al año siguiente a ser apartado como «presidente honorario», forzado por los comentarios y críticas de sus propios compañeros de la Comisión, tal como se interpreta en las actas de las reuniones de la Gestora que se pueden consultar en el primer tomo de las conservadas en el Archivo Municipal de Alicante.

 

Y es que en 1931 llegaría la II República, y José M.ª Py, antagonista políticamente, pasó al ostracismo, con la desgracia añadida de que fallecería al cabo de un año, en 1932, con tan solo 51 años. La prensa republicana apenas le dedicó una pequeña nota necrológica. El recién nombrado presidente de la Gestora, José Ferrándiz Torremocha, alabaría en comunicado oficial su labor en pro de las hoy Fiestas Oficiales de la Ciudad de Alicante, pero, curándose en salud, también aludió a la disparidad ideológica que tenía con el fallecido. Solo en el periódico conservador El Día se reconoce que «Alicante no correspondió a sus desvelos, y cuantas veces se intentó hacerle objeto de un homenaje, otras tantas la indiferencia y el recelo ahogaron las iniciativas», y con el titular de fecha 25 de junio «Les fogueres, instrumento de odio», añade que «nadie ha tenido un recuerdo estos días para el iniciador de la fiesta».

Lamentablemente, su familia quedó en muy precarias condiciones económicas y tuvo que trasladarse a Cataluña y a Francia, dispersándose su descendencia. Su viuda se «atrevió» a solicitar una pensión en concepto de pago de los derechos de autor que pensaba que le correspondían a su marido por haber «inventado» les Fogueres. Le fue denegada.

* * *

Leandro Galán del Oso, abulense de nacimiento, había emigrado con 9 años con sus padres a Santa Fe, Argentina. Convertido en un exitoso comerciante y propietario de una gran fortuna, casado en el país sudamericano con una valenciana, llega a Alicante a mediados de la segunda década del siglo xx, por motivos de salud. Según la información recogida por el historiador alicantino Joaquín Santo Matas, que localizó y se entrevistó con sus nietos, Galán compra y se establece en el chalet San Miguel, en el n.º 64 de la calle General Espartero, en el barrio de Carolinas, a la altura de la actual plaza del Sol, junto a la fábrica de mosaicos hidráulicos del mismo nombre que también adquiriría, y el destino le lleva a entablar amistad con José M.ª Py, entonces vecino del barrio.

Percatado del ímpetu y visión empresarial de Galán, Py le informa que hay un excelente local comercial en venta justo debajo de donde su padre tiene la notaría en la plaza de Isabel II, e invirtiendo otra parte de su fortuna lo adquiere y abre un establecimiento de tejidos, por todo lo alto, al que le pone el nombre de La Bola de Oro, situando en su fachada una brillante esfera dorada como reclamo. Dado su gran éxito, posteriormente abriría un segundo local en la calle Sagasta —actual de San Francisco—, así como el comercio de ultramarinos La Española en la calle Vicente Inglada, que también adquiriría gran fama.

Como dato anecdótico, se le empieza a conocer a Leandro Galán como «el de La Bola de Oro», y a su finca con el mismo nombre que la tienda, siendo este el origen de la denominación del actual distrito foguerer que tiene como centro de sus actividades la plaza del Sol: la Foguera Bola de Oro.

 

Como las telas que vendía eran fundamentalmente de lujo, unido a su amistad con José M.ª Py, comienza a codearse con la alta sociedad alicantina, su clientela, y a participar en las tertulias que celebraban, que además se llevaban a cabo por lo general en lugares cercanos a su establecimiento de tejidos, y de este modo llega a integrarse en el grupo de artistas, escritores e intelectuales de la época, entre los que su amigo Py se encontraba en plena campaña para crear la fiesta de Fogueres.

Pero Leandro Galán, con ideas claramente distintas, pues en Argentina iban por caminos bien diferentes, decidió no ser identificado políticamente con la derecha y pidió permanecer en el anonimato. Como veremos, es por eso que injustamente no ha pasado a la historia de les Fogueres. Enemigo de mezclar la política con la fiesta, y dado que en esos lugares de reunión se celebraban igualmente las tertulias políticas, que por lógica comenzaban a tener influencia en las meramente festeras, propone celebrar las reuniones de creación de les Fogueres en su finca «Bola de Oro», contribuyendo además con un importante aporte aconómico, propugnándose a su vez como fundador de una foguera en Carolinas para el año fundacional, lo que no prosperaría por falta de apoyo vecinal, dado que no gustaban sus ideas demasiado «progres». De hecho, oficialmente se había formado la comisión de Carolinas para plantar una foguera «en la rotonda del tranvía», según consta en el rotativo alicantino El Día del lunes 2 de abril de 1928, con Leandro Galán como presidente de la misma. Era un hombre republicano y liberal, que chocaba con el carácter excesivamente conservador de los otros promotores de la fiesta, y fue excluido pese a haberse convertido en la mano derecha de José M.ª Py, siendo probablemente el que mayor aportación económica dotó para su fundación.

No deja de ser paradójico que nos encontramos con que prácticamente todo el grupo de fundadores de les Fogueres estaba enmarcado claramente en la derecha política de la época —no olvidemos que en plena dictadura de Primo de Rivera—, pero que era «de boquilla», pues la realidad era muy distinta como bien se pudo comprobar cuando se instauró la II República en 1931. La cuestión es que les Fogueres nacieron con un marcado cariz político, que en cierto modo fue una de las claves de su éxito, pues apenas encontraron obstáculos por parte de las administraciones públicas, empezando por el alcalde de Alicante, Julio Suárez-Llanos. Pero fue éxito efímero para un Py entonces en el lado «correcto» de la historia, que después sería ninguneado por los mismos que le dieron su apoyo, menos por Leandro Galán, que nunca perdería su amistad con él, que nunca fue reconocido por estar en el lado «equivocado» de la historia, y que por puro amor propio se autoexcluyó cuando cambió el régimen político.

Armando Parodi Arróniz

Escritor y conferenciante de la UA
Tags: El Atril de Armando Parodi

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