El Púlpito

Si echásemos la vista atrás con el fin de descubrir a aquellos que no aportaron nada a nuestras vidas, nos encontraríamos con gentes de extraños comportamientos que lejos de acompañarnos en nuestro camino constituyeron un castigo teniendo que aguantar su anodina compañía.

Fueron aquellos que pensaban que el mundo terminaba a un palmo de sus narices, siendo ellos el eje de todo, exhibiendo un egocentrismo producto de una desbordada paranoia.

Con nada que pongamos a prueba nuestros recuerdos veremos con una claridad meridiana, a ilusos, iluminados, obnubilados, hipnotizados, embelesados y abducidos, creyéndose los elegidos de la divinidad y presentándose ante nosotros con sus vitolas de seres extraordinarios, capaces de protagonizar hechos maravillosos, sublimes ocurrencias y un nivel espiritual superior.

De igual manera y creyéndose tocados por una sabiduría adquirida a través de su peculiar ciencia infusa y de un simulado misticismo, intentaron sorprendernos con la posesión de poderes extraordinarios, a través de descomunales mutaciones mentales con frecuentes trances espirituales y milagrosas imposiciones de manos, siendo al mismo tiempo representantes en la tierra de santos, vírgenes, ángeles, arcángeles y querubines, jactándose de ser visitados en prados, valles y Montañas donde nada más que ellos ven, sienten y se comunican en apariciones de una plasticidad, teatralidad y dramatizaciones plenas de plasticidad y emotividad, además de predecir y anunciar fenómenos paranormales, sublimes acontecimientos, extraordinarias hecatombes y cataclismos apocalípticos.

A veces nos encontramos con gentes que a través de un golpe de fortuna, un cúmulo de casualidades o una racha de carambolas, abandonaron su condición de seres anodinos de anónimas presencias, a ser de pronto admirados, adulados y alabados por una pléyade de amigos de nuevo cuño, que gracias a un golpe de suerte y sin más méritos que el caprichoso azar, pasaron a convertirse en ídolos de barro con pies de gomaespuma.

Personajes que pasaron de ser ciudadanos de sencilla y humilde condición, a seres que empiezan a caminar entre nubes a modo de levitaciones paranormales.

Recuerdo que en cierta ocasión le tuve que recordar a un amigo entrañable, además de compañero de mus, que esto del mus une mucho, un joven sacerdote por más señas, que en sus homilías se crecía hasta el paroxismo, en el artificialmente elevado púlpito, cuando un día, por culpa de un ataque de ciática, no pudo subir por sí solo la escalera de caracol que le elevaba hasta su plateresca tribuna.

Fue durante un tiempo cuando empezó a sufrir su particular calvario, al verse a ras de suelo y ya sin la simulada atención que la feligresía le prestaba por aquello de ser el jefe espiritual del pueblo donde ejercía su apostólica labor.

Y es que no hay mejor terapia que practicar la humildad para que la soberbia, egocentrismo, egolatría y aires de grandeza nos condenen al peor de los castigos, la soledad, el olvido y el rechazo.

Mi amigo Ramiro, aquel cura joven, recién llegado de una parroquia toledana, una vez curado de su dolencia, no quiso volver a encaramarse en aquel precioso púlpito barroco tan ricamente labrado, porque no quería perder el contacto con sus feligreses que se hallaban en el mismo plano. Es la diferencia existente entre los fátuos y la formación humanista del joven doctor de la Iglesia, que de inmediato se dio cuenta que no necesitaba los dos metros de altura del púlpito para mostrar su gran nivel cultural.

Y no sé por qué vericuetos recuerdo el recentísimo caso del gran lama de cierta izquierda española que en horas ha dejado huérfanos a los rendidos fans del gran ideólogo convertido en carne de meme.

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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