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Bajo Mínimos (2)

Lo peor que le puede pasar a un político es perder el pudor y la credibilidad, ya que de ahí se derivaría que la gente deje de tenerle respeto y consideración.

Y si encima los ciudadanos se dan cuenta de su mediocridad, insolvencia y vulgaridad, el partido político en el que militan se irá irremisiblemente al garete, porque los ciudadanos tienen limitada su capacidad de aguante.

Sólo hay que verlos enfrascados en sus reyertas barriobajeras para darnos cuenta de hallarnos en un país en pleno declive político.

El espectáculo que están dando estos mediocres, esta tropa de insolventes, está clá de desarrapados, es absolutamente esperpéntico.

Cuando los máximos dirigentes descienden a las redes sociales para desde ellas proferir insultos, descalificaciones, barbaridades y exabruptos, es que la Política padece un profundo colapso y la situación de esta novísima sociedad empieza a ser irreversible.

No sabemos a quiénes les puedan gustar estos vividores; lo que sí sabemos es que las formas y maneras que exhiben muchos de ellos son del agrado de un buen número de abducidos doctrinales, con las tripas hábilmente removidas, como consecuencia de heridas sin cicatrizar, para así mantener la incandescencia que produce el odio inoculado por gente que no termina de olvidar aquella maldita contienda del trienio fatídico.

Hay quien dice de esta casta, que lo peor está aún por venir. Unos tratarán de poner en evidencia a los otros en favor de sus propios intereses y no como defensores de causas nobles, sino de ventajas, prebendas, favores y canonjías.

Ahí tenemos a unos cuantos ministros fruto de pactados cupos, resultado de cambalaches, yendo por libre en un país al que aborrecen, porque de él sólo les gusta el oro.

No sé si la mayoría de esta casta peca de extremada bisoñez, de absoluto desconocimiento, de una insensatez inimaginable o simplemente, de ser unos peligrosos y perfectos indocumentados, de gustos caros, vírgenes en currelos, carentes de historiales laborales libres de impuestos y amantes de la dulce vida.

Y dicho esto, a los que no nos mueven ideologías, doctrinas y alcanforados pensamientos, sólo nos interesa una vida sin sobresaltos, amable, pacifica, cotidiana y si es posible, sin banderas, himnos, ni símbolos que sirvan para confrontar, alterar, dinamitar, confundir o provocar.

El político debe representar los intereses, preocupaciones y necesidades de la ciudadanía, gestionando el poder y los recursos del Estado, ordenando la convivencia, resolviendo conflictos sociales y buscando el bien común a todos los niveles.  Y para llevar a cabo esta tarea los ciudadanos tenemos la obligación de elegir a los mejores, no a la purrela que conforman las listas de unos candidatos que por no tener carecen de un mínimo sentido del ridículo. Cuando para ejercer una profesión donde se juega la vida de los demás no existe una mínima selección, la ruina está servida y la quiebra social un hecho irrefutable

 


 

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Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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