Arte, música y devoción en madera de nogal: la sillería de la Catedral de Orihuela

Cuando se contempla la imponencia de una catedral, la vista suele dirigirse hacia las bóvedas, la monumentalidad de sus naves o la majestad del altar mayor. Sin embargo, el alma de estos templos reside en la articulación de tres espacios sagrados: el altar, la vía sacra y el coro. En la Catedral de Orihuela, este último espacio representa el auténtico corazón latente de su vida litúrgica e histórica.

Aunque la presencia del coro en su ubicación actual está documentada desde el siglo XVI, la sobria y monumental sillería que contemplamos hoy es una obra maestra del barroco dieciochesco. Elaborada íntegramente en madera de nogal entre 1716 y 1718, su factura se debe a los reconocidos escultores Juan Bautista Borja y Tomás Llorens, en un periodo marcado por el magisterio musical de Mathías Navarro.

«La sillería constituye uno de los conjuntos más significativos del patrimonio catedralicio, escenario durante siglos de la oración cantada que marcó el ritmo de la diócesis.»

Jerarquía, orden e interpretación musical

El espacio se estructuró con una lógica no solo litúrgica, sino también jerárquica. La sillería se distribuyó en dos niveles bien diferenciados:

  • El coro alto: Destinado exclusivamente a la máxima representación eclesiástica, acogiendo al obispo y a los miembros del cabildo catedralicio.

  • El coro bajo: Reservado para los beneficiados y el resto del clero participante en los oficios religiosos diarios.

Como centro neurálgico de la capilla de música de la catedral, este enclave cobijaba a los principales virtuosos de la época. En las sillas principales tomaban asiento el maestro de capilla junto a nueve de los cantores más destacados, mientras que los músicos no eclesiásticos acompañaban la liturgia apostados en bancos situados frente a los coros lateral derecho e izquierdo.

El facistol: testigo del arte sacro en el Museo Diocesano

Presidiendo el conjunto se situaba el facistol, un imponente atril monumental concebido para sostener los voluminosos cantorales y libros litúrgicos empleados en los oficios cantados. Esta pieza, fiel testimonio de la extraordinaria actividad musical vivida en Orihuela durante la Edad Moderna, ha transcendido su uso oracional: hoy en día se custodia y expone al público en la Sala de Arte del Siglo XVIII del Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela, como una de las joyas indiscutibles de la colección.

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