Carta de Laura desde Venezuela

A veces, las páginas de un periódico no solo sirven para narrar los fríos datos de la actualidad, sino para albergar los testimonios humanos que laten detrás de las noticias y transformarlos en acción colectiva. Hace dos semanas, un fuerte terremoto sacudió con dureza el norte de Venezuela, dejándonos a todos con el corazón en un puño. Entre la marea de informaciones, he recibido una emotiva carta desde el lugar de los hechos firmada por Laura González, en nombre de su equipo. Un mensaje que plasma con enorme sensibilidad cómo se vive el día a día tras la catástrofe.

A continuación, comparto con los lectores de esta sección su misiva, donde nos relata su sentir y la situación actual de su entorno:


 

Ya han pasado dos semanas desde el horrible terremoto que ocurrió en la capital venezolana, ese que nos sacudió a todos por dentro.

La cifra oficial aún no se sabe con certeza, pero la última vez que revisé las noticias hablaban de más de 3.000 fallecidos.

Es una desgracia, una tragedia sin precedentes, y eso todos lo sabemos.

Lo primero que quería hacer hoy era darte las gracias. Gracias de todo corazón. No sabes lo que tus mensajes significaron para mí; lloré leyéndote y estoy segura de que tus oraciones fueron lo que me dio la fuerza para levantarme en los días siguientes y seguir adelante.

Es muy duro lo que pasa, no paraba de ver los videos, pero luego recordaba tu mensaje y cómo esto realmente se siente como si fuéramos una gran familia.

Contigo siento que de verdad no estoy sola.

Mi idea de escribirte hoy, además de agradecerte, es compartir una pequeña reflexión. Los días posteriores al terremoto han sido clave.

Al principio, había como una idea generalizada de «no hacer esto político», y yo lo entiendo. De hecho, pensé que cuando la gente intentaba politizarlo, era solo un intento desesperado por buscar un responsable ante tanta desgracia.

Pero la realidad es que, poco a poco, la evidencia fue cada vez más escandalosa, casi imposible de ignorar.

Es así como una catástrofe de estas magnitudes no puede dejar de ser un tema político. Y es aquí donde me hierve la sangre.

Al régimen le encanta repetir la consigna: «Chávez vive, la lucha sigue». Y, la verdad, estoy de acuerdo con la primera parte.

Chávez vive, porque su legado de horror y miseria, 13 años después de su muerte, nos sigue costando vidas hoy.

Hace unos años, a él se le ocurrió el plan «Misión Vivienda Venezuela», cuyo propósito principal era darle un techo a los más vulnerables. Suena lindo, ¿no? Pero como la izquierda es experta en esto, lo que pasó fue muy claro: se convirtió en una máquina de robar dinero.

Entregaban contratos millonarios a sus amiguitos, se robaban más de la mitad del presupuesto y, en consecuencia, entregaban unas casas mal hechas, de yeso con friso, que parecían de cartón. Mi papá, que es arquitecto y ha visto lo que quedó de esas construcciones, me confirmó que era de los peores sistemas constructivos que existían y que, por supuesto, no tenían ninguna resistencia sísmica.

Pero la indignación no se detiene ahí.

El régimen no les da visas a muchos de los rescatistas internacionales porque tiene terror de que vengan y cuenten la verdad. A expertos españoles y colombianos se le negó la entrada a un país que, claramente, no estaba preparado para esta catástrofe.

Por otro lado, ¿Cómo puede ser posible que miembros de las fuerzas armadas estuvieran saqueando entre los escombros, robándose los dólares y las pocas cosas de valor que encontraban, para luego meterlas en autos oficiales?

Las autoridades locales, dicho por los propios rescatistas internacionales que lograron entrar, entorpecen constantemente las labores de búsqueda.

No, el terremoto no se podía detener, pero la respuesta estatal estuvo muy lejos de estar a la altura.

Las manos del régimen chavista están manchadas, una vez más, con la sangre de miles de venezolanos.

En otros países sísmicos que han sufrido peores terremotos, hay muchísimos menos muertos porque son Estados preparados.

Hace unos años, Japón le propuso a Venezuela un plan de reforzamiento estructural que el gobierno nunca ejecutó.

Si pensabas que esto no era un tema político, hoy te lo digo con firmeza: sí lo es. La diferencia entre la vida y la muerte ante un desastre natural es el Estado que responde a él.

El suelo que se movió y nos arrebató tanto no actuó solo; el colapso lo construyeron décadas de presupuestos robados y corrupción. Esto no es solo un desastre natural, es un desastre político.

Es urgente despertar y dejar de votar por socialistas.

En fin, llegará el día en que estos tengan que pagar por todo el daño que nos han hecho. Como te dije en el otro correo, nos vamos a reconstruir; vamos a surgir. Es que de eso no me nace ni una duda.

Y te escribo esto también como un compromiso conmigo misma. Ahora, a lo urgente, ayudar a las organizaciones benéficas (si ya lo hiciste, muchas gracias), organizarnos, prepararnos, salir adelante.

Pero cuando todo esto acabe, no me voy a olvidar del daño que la izquierda le ha hecho a mi país y al continente, y estaré aquí, firme, para advertirlo una y otra vez y poder hacerle frente con tu ayuda.

Antes de despedirme, como te conté, me ayuda mucho leerte; cuéntame cómo has terminado de procesar las noticias y si hay algo concreto que hayas hecho para ayudar. No solo donando, tus oraciones son lo que más necesitamos.

Gracias de nuevo por estar ahí y por leerme. Seguimos en la lucha.

Con todo mi cariño,

Laura González


 

 

Recibir tus palabras en esta redacción ha sido un bálsamo y un recordatorio del poder de la empatía. Quiero agradecerte públicamente la generosidad de escribirme y compartir tu vulnerabilidad en momentos tan duros. Saber que nuestras oraciones y mensajes os han acompañado y os han dado el aliento necesario para seguir en pie es el mayor reconocimiento que este espacio puede recibir.

Tu carta no solo habla de dolor, sino de una inmensa esperanza que retrata a la perfección la esencia del pueblo venezolano. En las regiones que sufren el impacto de la naturaleza, brota siempre una tradición cultural inquebrantable: la solidaridad vecinal. Esa costumbre tan vuestra de abrir las puertas de casa al afectado, de unir las manos en ollas comunitarias y de arropar espiritualmente a las familias es el verdadero motor de la reconstrucción.

​La resiliencia de vuestra cultura, sostenida por la fe y el sentido de comunidad, nos demuestra que ningún suelo firme se construye solo con cemento, sino con los lazos humanos que os unen. Desde estas líneas, recojo tu testigo y hago un llamamiento a todos nuestros lectores para colaborar activamente con las entidades benéficas que trabajan en la zona.

​Como corresponsal de consistorio y acción social, quiero decirte que aquí me tienes para colaborar en todo lo que pueda. Precisamente por ello, ya me encuentro preparando diversas iniciativas locales con el firme objetivo de recaudar dinero y canalizar ayuda directa para Venezuela. Nos sumamos a tu absoluta certeza, Laura: os vais a levantar y vais a reconstruir vuestro hogar. Gracias por recordarnos que, ante la adversidad, nadie camina solo.

 

José María Sarria Golzarri

Colaborador de «El Consistorio»

Cuidador de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Villatobas, Amante de las buenas causas, emprendedor

Tags: Ocaña y Comarca

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