Maricarmen, La Cigarra Y La Hormiga

Acabo de escuchar a economistas de cierta solvencia, decir que los jóvenes actuales no podrán tener vivienda propia hasta pasados los cuarenta años, porque éstas han duplicado su valor en cinco años, los sueldos están congelados, incluso están a la baja y las entidades crediticias han puesto unas condiciones inasumibles con unas hipotecas fuera de control.

Y estando esto de plena actualidad, recuerdo aquella película «El pisito», que se estrenara en 1959 donde se retrataba las imperiosas necesidades que tenían los jóvenes de entonces pertenecientes a la generación de la inmediata posguerra.

Pese a lo que podrían pensar las actuales generaciones, aquella película, aun siendo española, no era de humor, ni representaba una astracanada, una ordinariez, o una burda zafiedad, más bien era la representación de la tragedia que vivíamos los que deseaban independizarse y fundar una familia en aquellos años 50/60.

A modo de resumen me voy a permitir recordar el argumento.

«Rodolfo y Petrita, mantenían una relación de doce años, siendo su anhelo contraer matrimonio y crear una familia.

Pero la pareja de enamorados necesitaba un pisito, algo prohibitivo en aquellos tiempos.

Rodolfo vivía realquilado en casa de doña Martina, una anciana que estaba a punto de pasar a mejor vida.

Por su lado, el casero estaba esperando el momento en que la mujer falleciera para desalojar la vivienda y derribar el edificio.

Entonces, visto el panorama, los amigos de Rodolfo le propusieron que se casase con doña Martina y esperar a su fallecimiento para heredar su alquiler.

Rodolfo se resistió a la idea, pero acabó cediendo…

Y hoy, tras 67 años, aquella película ha recobrado una rabiosa actualidad, ya que los jóvenes actuales viven con extraña exactitud idénticas vicisitudes.

De nuevo se encuentran con la necesidad de vivir en casa de sus padres y en el mejor de los casos, recurrir al ya de por sí prohibitivo arriendo, subarriendo, pluriarriendo y poliarriendo.

Los bancos tienen atados a millones de hipotecados para los próximos 30 años, algo parecido a una pena de cadena perpetua.

Si a esto no se le llama regresión, o retracción, que vengan nuestros revolucionados políticos, entretenidos en asegurarse el condumio y contarnos al oído arrullos de nanas ideológicas.

De nuevo se acabó la fiesta, de nuevo se cerró el grifo, de nuevo se disparó lo inflación, de nuevo se dispararon los intereses, de nuevo renace la tóxica propaganda y empiezan los medios de comunicación con su circo abierto a una gran parte de la sociedad que por diferentes causas no trabaja.

Y ante tal panorama estalla el esperpento nacional con la «Ley Maricarmen», el gobierno popurrí, resucita el 15 M en octubre, con el exprópiese de Maduro, alquileres con vencimiento en la eternidad y palabrería, mucha palabrería.

Como si invertir en ladrillos fuera más criticable que invertir en bolsa, en eléctricas, laboratorios farmacéuticos, transporte, alimentación, ganadería, o en oro.

Y a los que nos inculcaron la necesidad de ser propietarios ahora tendríamos que ponerles un monumento, evitándonos el trance por el que está pasando la octogenaria Maricarmen, que se le olvidó asegurarse un techo en el barrio que correspondía a su nivel económico. Que se entretuvo en ser cigarra en lugar de hormiga

Enrique García-Moreno Amador

Presidente del Ateneo de Ocaña

Escritor y amante de Ocaña y su historia

Tags: El Atril de Enrique García-Moreno

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Enrique García-Moreno Amador

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