Mecenas, un lienzo olvidado y un viaje a «Canadá»: La profunda y desconocida relación de Sorolla con Biar, Canyada y Villena

Joaquin Sorolla, pintado por José Jimenez Aranda y su hermana Concha pintada por Sorolla

De cómo la generosidad del Marqués de Biar rescató al genio de la luz, un cuadro perdido en una parroquia y una divertidísima confusión de gafas que casi manda a un fotoperiodista al otro lado del Atlántico.

Hay historias del arte que parecen urdidas por un novelista travieso. En ellas se entrelazan mecenas providenciales, aristócratas con ojo clínico, un lienzo rescatado del suelo polvoriento de una iglesia y un fotoperiodista que, por no llevar las gafas puestas, creyó que le mandaban a cubrir una noticia a Norteamérica. Esta es la fascinante peripecia que une de forma indeleble al genio valenciano Joaquín Sorolla con las tierras alicantinas de Biar, Canyada y Villena.

«Hoy está el mar tan azul que parece mentira, no hace viento, no se mueven ni las ligeras palmas…»

— Joaquín Sorolla

El ángel de la guarda de Biar: Luis Santonja y el joven huérfano

Luis Santonja y Crespo, Marques de Villagracia de Biar

 

Para entender cómo el pequeño Joaquín —que se había quedado huérfano de padre y madre con apenas dos años y crecía con estrecheces económicas— se convirtió en el titán de la pintura que hoy admiramos, hay que mirar directamente a Biar.

La figura clave en este destino fue Luis Santonja Crespo, marqués de Villagracia, un rico hacendado y político influyente natural de la localidad biarense. Residiendo en Valencia, Santonja conoció al pintor gracias a la hermana de este, Concha, quien trabajaba muy joven cosiendo en su casa. Al percatarse del deslumbrante talento del muchacho con los pinceles, el marqués se convirtió en su gran benefactor.

No solo le facilitó el ingreso en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en 1878, sino que evitó que su carrera se truncara de golpe. Gracias a la «redención a metálico» —pagar 1.500 pesetas a la Caja del Estado—, Sorolla se libró de hacer los tres años de servicio militar activo y de jugarse la vida en los frentes de Cuba o el norte de África.

Entre paletas, pucheros y faltas de ortografía

Fuera de los lienzos, Sorolla era un hombre vital, de pasiones sencillas y un carácter puramente mediterráneo. Escribía con letras correctas pero con una ortografía muy personal, dudando de si «humedad» llevaba hache y usando con gracia valencianismos como malaltet, dotoreo, escurar o báscomo.

Sin embargo, cuando la naturaleza lo conmovía, su pluma se volvía poesía pura. Y en la mesa, su entusiasmo no era menor: era un excelente comedor que disfrutaba de los buenos puros y rendía pleitesía al arroz con costra alicantino, las paellas memorables y los salmonetes frescos de la bahía.

La nieta de Sorolla, Blanca Pons en Canyada. Foto de Carlos Mas

Del suelo de una iglesia a una confusión con «Canadá»

La huella de aquella estrecha relación con el mecenazgo de Biar dejó una joya oculta en la vecina localidad de Canyada: el lienzo «San Luis, Rey de Francia», pintado por un joven Sorolla de apenas 19 años y fechado en 1892.

La historia de esta obra parece sacada de un guion cinematográfico. Años atrás, el sacerdote Antonio Santonja Tormo la descubrió tirada por los suelos en una dependencia de la parroquia. La pieza, que con los años se encontraba reseca y oscurecida hasta el punto de que «era fácil hacerla saltar con la uña», fue finalmente rescatada y restaurada en 1992 gracias al empeño del párroco José Vila y el patrocinio de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Tradicionalmente, se ha considerado que el cuadro fue un regalo del propio pintor agradecido al marqués de Villagracia.

Una confusión internacional… a seis kilómetros de Villena

Cuando la existencia del lienzo saltó a la palestra en los años sesenta, un telegrama de la agencia EFE llegó a las manos del célebre fotoperiodista villenense José Ibáñez Martínez, SOLI. Al no llevar las gafas puestas, leyó el destino con estupor: ¡tenía que viajar urgentemente a Canadá para fotografiar a unos niños junto al cuadro!

Su esposa, al ver el desconcierto, le aclaró al instante que el telegrama no hablaba de Norteamérica, sino de La Cañada, un pueblo situado a apenas seis kilómetros de Villena.

El triunfo escolar que salvó el cuadro

Fotografía de «Soli» y cuadro original

 

Curiosamente, el punto de inflexión en la fama y preservación de esta obra no vino de los grandes críticos de arte, sino de las aulas. Un grupo de escolares del Grupo Escolar Enrique de Villena se alzó con el Trofeo de Oro del concurso nacional «Misión rescate» por un exhaustivo trabajo de investigación sobre este mismo lienzo de San Luis.

Fue entonces cuando el fotoperiodista SOLI acudió a la parroquia de San Cristóbal para inmortalizar a aquellos chavales frente a la obra de arte. Su objetivo capturó para la posteridad una imagen que dio el salto a los telediarios y a la prensa de todo el país, devolviendo el brillo a una pieza única que hoy, perfectamente custodiada y expuesta de forma permanente en la iglesia de Canyada, sigue perpetuando la memoria de aquel vínculo indestructible entre Sorolla, Biar y las tierras del Vinalopó.

Bibliografía:

  • Discurso de ingreso como académico en la Real Academia de Cultura Valenciana, de Joaquín Santo Matas
  • Periódico ABC
  • Agencia EFE
  • Diario «El Día»

Juan Vale

Redactor de «El Consistorio»

Activista cultural, amante de los animales y luchador de las causas justas.

Tags: El Atril de Juan Vale

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